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viernes, 25 de octubre de 2013

DESDE MI TORRE: LUTO EN EL MUNDO DE LA COPLA


Podría gustar a unos y a otros no, como es lógico, pero a ningún español dejó indiferente este almeriense singular que hoy ha rendido su pleito con la vida a la edad de 82 años en la localidad alicantina de Benidorm, que era donde tenía su domicilio. Me enteré de la noticia a mediodía por medio de un amigo, y después ya he estado viendo y escuchando las amplias noticias que han difundido todos los medios de este fatal desenlace. El cantante me trae recuerdos de gigantescos aparatos de radio que nuestras madres tapaban con una deliciosa funda de cretona; inviernos de braceros y olor a alhucema; tiempos en los que todavía se vivía en muchos barrios los coletazos de la miseria de la posguerra; hombres y mujeres tristes a los que sólo el sonido de las coplas que se adentraban en las casas alegraba un poco el ingrato presente...

Entre esa voces que hicieron felices a nuestros abuelos y padres estaba la de Manolo Escobar, acompañada de los punteos rítmicos de las guitarras de sus propios hermanos. A finales de los 50 sus discos se dejaron ver en las pocas tiendas existentes, pero nadie tenía dinero para comprar estos caprichos. Fue la radio la que nos fue acercando su voz, fresca, alegre, potente y bien matizada, y la que nos fue descubriendo progresivamente sus éxitos, que si tímidos con "Pasodoble te quiero" (1959), fueron afianzándose con "Yo soy un hombre del campo", "Ni se compra ni se vende" o el universal "Porompompero" en el inicio de 1960, llegándole un éxito sin igual con "Mi carro" (1969) y con la tan tarareada "Y viva España", curiosamente una composición del compositor belga Leo Caerts que, con el paso del tiempo, se ha convertido en el himno suboficial de nuestro país. 

Y vayan añadiendo cientos de canciones y decenas de películas... Yo llegué a conocerlo personalmente, y a presentarlo, en el Teatro "Lope de Vega" de Sevilla, en aquellos tiempos míos de radio, cuando se ofreció un magno espectáculo de "sevillanas" aprovechando el "boom" de este género en el que no pudo faltar su célebre de "La minifalda". Acostumbrado a verlo en televisión, recuerdo que me llevé un chasco porque yo lo hacía un hombre muy esbelto -que era la imagen que daba en pantalla-, llevándome una sorpresa al contemplar a un hombre muy simpático, de amplia sonrisa, pero más bien bajo de estatura.

Alcanzó en su vida un éxito tras otro y fue premiado multitud de veces, recibiendo, entre los más importantes -aunque para él otros tuviesen más valor sentimental-, premios como la "Medalla de Plata al Mérito en el Trabajo" (1970), la "Medalla de Oro y título de Hijo Adoptivo de la Ciudad de Almería" (1975); la "Medalla de Andalucía" (2008) o la "Medalla de Oro al Meríto en el Trabajo" (2011). En nuestros capítulos de este blog, "Canciones por nuestras vidas" -que pueden consultar-, repasamos parte de sus éxitos en los años 2010-2011. Él, como embajador señero de la copla, no podía faltar en aquella historia intimista del pueblo que tuve a bien hacer.

El mundo de la copla está hoy de luto. Descanse en paz quien nos ayudó con sus canciones, sobre todo a nuestros abuelos y padres, a hacer más llevadera una vida que encontró parte de su contento en la voz de este almeriense, Manolo Escobar, al que Dios le ofrecerá un señalado sitio en el tablao de la gloria.


lunes, 14 de noviembre de 2011

DESDE MI TORRE: MI ABRAZO PARA MARIFÉ DE TRIANA


Como trianero de nacencia y de corazón, me ha dado una tremenda alegría el saber que a María Felisa Martínez López, más conocida en todos los rincones de nuestro país y del mundo como "Marifé de Triana", el Gobierno le haya concedido la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Por fin se reconoce la gran labor que esta artista singular ha desarrollado desde los 13 años en el mundo de la canción.

Aunque nacida en la localidad sevillana de Burguillos, Marifé tomó el apellido artístico del barrio que la viera crecer en la calle Alfarería, donde una plaza cerámica lo recuerda, y desde entonces no ha dejado de pasearlo por todo el mundo. Los artistas nunca se retiran, y desde 1949, en que comenzó a trabajar hasta nuestros días, estimo que se ha merecido ese galardón que lucirá orgullosa. La genial Pastora Pavón "Niña de los Peines" dijo de ella cuando casi era una niña: "Marifé de Triana ha empezado por donde otros artistas acaban". Desde su primera grabación en el año 1956, en el que editó su primera versión de "Torre de arena", más de 500 canciones salieron nuevas con su sello personalísimo. Nadie, pues, le ha regalado nada.

¡Felicidades, de corazón, a esta querida paisana!

miércoles, 1 de junio de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA ( y 19)


Qué hermosura de mirada al infinito la de Juana "La Macarrona", extraordinariamente pintada por Alfonso Grosso,    mirada llena de serenidad, de vida y de Arte, mirada a la que el cancionero popular andaluz bien podría haberle cantado la copla que recoge Álvarez Curiel:

Tienes unos ojos, niña,
que parecen dos estrellas,
yo quisiera ser el cielo
para que en mí los pusieras.

Ojos que siguen como estrellas en la anotada por Gabriel María Vergara, publicada en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Las estrellitas del cielo
parecen ojos de Dios.
Los ojos de mi morena
estrellas del cielo son.

Ojos, nariz, dientes y boca en el piropo que también registra Álvarez Curiel:

Son tus ojos dos tinteros,
tu nariz pluma rizada,
tus dientes menudas letras,
tu boca carta cerrada.

Ojos y labios para el deseo del hombre en la copla por alegría de Antonio Rincón Muñiz, publicada en su libro "Alconchel" (1989):

Soñé con ser marinero
soñé un velero y un mar
soñé con tus ojos negros
y tus labios de coral.

Hermosa copla la recopilada por Francisco Álvarez Curiel en su libro "Cancionero popular andaluz" (1991):

Son tus ojos dos luceros,
dos rosas a medio abrir,
dos candiles que le alumbran
a tu bonita nariz.

Ojos que desvelan a algunos hombres, tal como dice la copla recopilada por Gabriel María Vergara:

Son tus ojos dos pocillos
de purifical canela;
no me mires que me irrito
y paso la noche en vela.

Hay gustos para todos los colores de ojos. Manuel Machado nos lo decía en esta copla de su libro "Cante hondo" (1912):

Donde están los ojos garzos
de una morenita clara,
que se quiten los azules
y los negros que se vayan.

En ocasiones, unos ojos hermosos valen más que cualquier mansión. La copla la recogió Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucía en las mejores coplas amorosas" (1929):

¡Disen que una biya bale...!
La biya bale dineros,
tus ojos balen caudales.

Ojos negros y malas intenciones en la copla recopilada por Alberto Fernández Bañuls y José María Pérez Orozco en su libro "La poesía flamenca lírica en andaluz" (1983):

El limón es amarillo
y verde la yerbabuena,
tú tienes los ojos negros
y las intenciones negras.

Ojos brillantes para servir como faro en la copla anotada por Álvarez Curiel:

En el anchuroso mar
navegando me perdí
y en el faro de tus ojos
un puerto de España vi.

La ausencia de unos ojos atormentan a algunos enamorados, tal como dice esta copla anotada por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Ausente estoy de unos ojos
y de una cara morena,
ausente del bien que adoro,
para que quiero más pena
si ausente estoy de todo.

También los ojos engañan, tal como recoge esta seguidilla anotada por Fernán Caballero en 1861:

Capuchinos tus ojos
me han parecido,
y con ojos de santo
me has seducido.
¡Quién lo pensara
que con ojos de santo
tú me engañaras!

Y hay ojos que no ven si no es por los de la amada. La copla la recogió Gabriel María Vergara:

No sé qué tienen mis ojos
desde el día que te vi:
por todas parte que miran
tan sólo te ven a ti.

Y aquí, queridos blogueros, hemos llegado con este cancionero referido exclusivamente a los ojos y las miradas en la lírica flamenca. Muchas son las coplas que se han quedado guardadas en mi archivo, pero algún  día tendrán ocasión de volar como sus hermanas, aunque creo que la muestra ha sido muy amplia. ¡Gracias a todos!

domingo, 29 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (18)


El encanto de esta guapa mujer macarena, llamada Juana Reina, está más que de manifiesto en este estupendo retablo fotográfico. El pelo negro y como el carbón los ojos, sensuales los labios, todo digno de la copla por soleá que nos dejó Manuel Machado en su libro "Cante hondo" (1912):

Tus cabellos me prendieron,
tus ojos me condenaron
y tus labios me absolvieron.

Ojos para irse con ellos por los senderos de la vida, tal como nos dice Andrés Ruiz en su libro "Coplas de la emigración" (1976):

Tus ojitos y los míos
por diferentes vereas
caminan p'al mismo sitio.

Ojos para sanar al mismo tiempo que matan, como en la copla recogida por Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucía en las mejores coplas amorosas" (1929):

Tus ojitos, morena,
tienen tal birtú,
que a los mismos que matan
le dan salú.

Ojos para poderles echar el piropo que recoge Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Tus ojos copian el día:
¿Los entornas? Amanece.
¿Los abres? El sol deslumbra.
¿Los cierras? La noche viene.

Ojos para mirarse mutuamente en la copla recogida por Alberto Fernández Bañuls y José María Pérez Orozco, publicada en su libro "La poesía flamenca lírica en andaluz" (1983):

¿Pa qué quieres que te compre
un espejito de plata
si yo quiero que te mires
en los ojos de mi cara?

Regusto de la mirada que se queda detenido en otro espejo, según la copla anotada por Gabriel María:

Me detengo en un espejo
y cuando me miro en él
aún parece que me miran
los ojos de esa mujer.

Ojos y penas en clara comparación en la copla anotada por Fernán Caballero el año 1861:

Los ojos de mi morena
se parecen a mis males,
grandes como mis fatigas,
negros como mis pesares.

Ojos que uno duda en si que te miren o no, según la copla anotada por Álvarez Curiel:

Los ojos de mi morena
son dos brillantes luceros
que si me miran me matan
si no me matan me muero.

Ojos que valen un potosí en la copla recogida por Gabriel María Vergara:

Los ojos de mi morena
ni son chicos ni son grandes,
que son dos monedas de oro
de las que valen cien reales.

Y ojos que nunca se olvidarán en la copla anotada por el mismo recopilador:

Ojos negros que inflamaron
en loca pasión mi pecho.
Vuestra negrura ha quedao
toda en él para el recuerdo.

Ojos de soles en el "Cancionero gaditano" (200) de Virtudes Atero Burgos:

Caracoles, caracoles,
¡qué bonita eres, niña,
con esos ojos de soles!
Caracoles, caracoles.

De nuevo el firmamento como símil de los ojos. La copla la anota Álvarez Curiel:

Todo aquel que a ti te vea
esos ojos de lucero
creerá que has robao
dos estrellitas del cielo.

Ojos que hablan con la mirada, tal como nos refiere el cancionero popular andaluz:

Me miraste y te miré:
lo que tú querías decirme
por tus ojos lo noté.

Nuevamente, el piropo a punto en la copla anotada por Álvarez Curiel:

Tienes unos ojos, niña,
con unas largas pestañas
y cada vez que me miras
me las clavas en el alma
y el corazón me cautivas.

Ojos que siguen robando corazones en esta seguidilla anotada en la edición facsímil de "El pueblo andaluz" (1995):

Tienes ojos que roban
los corazones.
¿Dónde pondré yo el mío,
no me lo robes?
Pero sospecho
que para huir ya es tarde,
robar me dejo.

Ojos que siguen siendo ladrones en la copla recogida por Fernán Caballero:

Una porción de civiles
han salido de Morón
en busca de unos ladrones;
mi niña, tus ojos son.

O en esta otra, también anotada por Fernán Caballero en 1861:

Tus ojos son ladrones
que roban y hurtan,
tus pestañas el monte
donde se ocultan.

Ojos del pretendiente que ni con el despecho de la apetecida puede cambiar de senda. La copla es de José el de la Tomasa, publicada en su libro "Alma de barco" (1990):

Cuando te veo por la calle,
las fatiguitas que a mí me dan,
que yo no quiero mirarte
y mis ojitos se van detrás.

Ojos que lloran ante una mirada, tal la copla recogida por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Unos ojos negros vi,
recuerdo que me miraron,
no sé lo que me dirían
pero los míos lloraron.

Buena manera de vivir la que nos anota el mismo recopilador:

Helecho, jara y juncia
forman la cama,
el incienso lo apaño
como almohada.
Y como cielo
tus dos ojos brillando
como luceros.

No nos podemos quejar de la gran cantidad de coplas que sobre los ojos recogen nuestros cancioneros. Si os paráis a contarlas estimo que son un buen puñado de docenas. Pero es que aún quedan muchas más. Mañana continuaremos exprimiendo el grato limón de más coplas.

sábado, 28 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (17)


Bueno, bueno, que también Marujita Díaz tenía unos ojos hermosos, nadie lo puede poner en duda. Ojos grandes y picarones para bambolearse en esa mirada que mata, tan grandes como los que recogía en esta copla Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Tienes los ojillos grandes
como piedras de molino,
que parten los corazones
como granitos de trigo.

Ojos que alumbran más que el célebre faro de la costa murciana:

Ni la farola que tiene
el faro de Cabo de Palos
alumbra como tus ojos,
que encandilan al mirarlos.

Ojos que harían cambiar el color del universo en la copla de Antonio Rincón Muñiz, publicada en su libro "Alconchel" (1989):

Niña, hasta el coloó del cielo
cambia cuando tú lo miras
con tus ojitos abiertos.

Y si de cielo hablamos, para qué salir la luna. "Demófilo" nos recogió esta seguiriya:

No sarga la luna
que no tiée pa qué,
con los ojitos e mi compañera
yo m'alumbraré.

Y es que no se necesita más si tiene uno la suerte de la luz de una mirada como la de Marujita:

No quiero para vivir
más calor que el de tu pecho,
más luz que la de tus ojos
ni más aire que tu aliento.

Algunos prefieren huir de miradas como esa, según anota Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz" (1991):

No me mires que me irrito
y paso la noche en vela
pensando en esos ojitos
y en tu carita morena.

Ya lo decía la soléa antigua recogida en el cancionero andaluz:

No siento en el mundo más
que los ojitos de tu cara
que matan con tu mirar.

Siempre será de día con ojos luminosos como esos. Gabriel María Vergara no anota esta otra copla:

Antes de rayar el alba
alza la alondra su vuelo
creyendo que ya es de día,
y es luz de tus ojos bellos.

Y es que son ojos que pueden asaltar por el camino de la vida a cualquiera. La copla la recoge Francisco Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas" (1929):

Al rebolver de una esquina,
tus ojitos me asartaron,
tus cabeyos me prendieron
y a la carse me yebaron.

Hermosísima esta otra copla del poeta malagueño Salvador Rueda:

Alguna traición me has hecho,
morena de mis entrañas,
porque te tiemblan los ojos
como estrellas en el agua.

Ojos que siempre habrán de llevarse en la memoria, como anota Álvarez Curiel en esta copla:

Nunca podré estar sin ti
pues sólo podrá el rigor
separarme de tus ojos
mas de mi memoria no.

No hay mejor piropo para esos ojos que el que también registró Álvarez Curiel:

Benditos sean tus ojos,
tus pestañas y tus cejas,
que cuando miras a un hombre
si no está, muerto lo dejas.

Aunque hay que tener cuidado para no caer en ellos prisionero de por vida. La copla es de Alcalá Venceslada, publicada en su libro "De la solera fina" (1925):

Bandolero me hice yo
por robar, niña, tus ojos
y ellos me echaron después
cien llaves y cien cerrojos.

Deseos de guiarse por ellos no le faltó en esta copla a José Luis Rodríguez Ojeda:

¡Ay, corazón,
por el faro de tus ojos
quisiera guiarme yo!

Y es que a mujeres tan guapas hay que prometerles lo que canta la copla anotada por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992)

Tú tendrás, mientras yo viva,
un corazón que te adore,
un amor que te comprenda,
unos ojos que te lloren,
un hombre que te defienda.

Y mañana, si Dios quiere, otra ración de coplas con ojos y miradas de por medio.

viernes, 27 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (16)


Tampoco se vino al mundo sin ojos esta guapísima trianera llamada Paquita Rico, ojos dignos del piropo hecho copla por Manuel Machado, publicado en su libro "Cante hondo" (1912):

¡Mírame, gitana,
mírame, por Dios!
Con la limosna de tus ojos negros
me alimento yo.

Ojos con chispa, como reza la copla de Andrés Ruiz, publicada en su libro "Coplas de la emigración" (1976):

Eres tú tan especial
que cuando abres los ojos
echan chispas al mirar.

Ojos con tanto calor como para que pase lo que dice esta copla de tonás y livianas del referido Machado:

Mi morena fue a sacar
agüita fresca del pozo,
y el agua salió jirviendo
con la lumbre de sus ojos.

Ojos para enamorar sin decirlo en la copla de Antono Flores, publicada en su libro "Partitura flamenca" (1998):

Cuánta dicha había en tus ojos
y mira que los cerrabas
para que no me diera cuenta
de lo mucho que me amabas.

Ojos que se mezclan con el hermoso pelo en la copla de Salvador Rueda:

Quisiera tener un rizo
de tu oscura cabellera,
para gastarme los ojos
en sólo mirar sus hebras.

Ojos para dar envidia a la misma Selene, en la copla de José el de la Tomasa, publicada en su libro "Alma de barco" (1990):

Envidia tiene la luna
porque quisiera tené
tus ojitos de aceituna.

Ojos para llorar desconsoladamente ante la pérdida de la madre en nueva copla por seguiriya del de la Tomasa:

Mis ojitos secos
de tanto llorar,
porque a la mare de las mías entrañas
no la veo más.

Llanto también ante todos los puntos clave de la amada, en copla que anota Álvarez Curiel en su libro "Cancionero popular andaluz" (1991):

Mis ojos lloran por verte,
mi corazón por hablarte,
mis labios por darte un beso,
mis brazos por abrazarte.

En contra de aquello de que "ojos que no ven, corazón que no siente", si lo que se presiente se ve da coplas como esta de Ginés Jorquera, publicada en su libro "Hablando pa mi solo" (2005):

Te acuso porque yo fui
testigo de tus engaños,
y lo que veo con los ojos
con el deo lo señalo.

Quizás los ojos de Paquita Rico sean dignos de esta consideración de la copla, anotada por Manuel Garrido Palaciosd en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

En tus ojos me miré
y en ellos puse mi amor,
donde soñé ver el cielo
encontré mi perdición.

No son ojos serenos los de esta artista. Si así hubieran sido, bien les hubiese venido la seguidilla anotada en el "El pueblo andaluz", edición facsímil de 1995:

En tus ojos serenos
tropecé un día,
y al caer, en tus brazos
hallé la vida.
Niña del alma.
quiera Dios que así siempre
tropiece y caiga.

Los ojos negros -ya hemos podido comprobarlo en esta torrentera de coplas- ponen malo a más de uno. Es Manuel Machado quien lo dice en una copla de su comentado libro:

Enfermito me tienen
tus ojos negros.
Dame la medicina,
dame el remedio.
Yo te daré
mi corazón, mi vida,
mi alma también.

Hay personas que reclaman más ojos para llorar. Francisco Rodríguez Marón. "El Bachiller de Osuna", rescata esta copla en su libro "El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas" (1929):

Empréstame tus ojos,
tendré dos pares;
que con uno no puedo
yorar mis males.

Otras veces no es necesario que el llanto deba ser por la mujer amada. También se llora por la tierra que se deja, como cuando yo tuve que abandonar a Triana. En la Taranta de Antonio Piñana, maestro de los cantes de Levante, las lágrimas van en homenaje a la tierra de nacencia:

En Cartagena nací
y en ella me bautizaron,
unas veces fui feliz
y otras mis ojos lloraron,
pero allí quiero morir.

Cómo varía la visión si uno es el afortunado de amores o al contrario. La copla siguiente la recoge Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

El día que te casaste
dicen que blanco era el velo,
cómo estarían mis ojos
cuando les pareció negros.

El mismo folklorista nos anota la siguiente letra, hermosísima:

El hombre que no se aflije
cuando llora una mujer
ni ha conocido a su madre
ni sabe lo que querer.

Sombras y hatos en la preciosa comparación de la copla de Salvador Rueda:

Divididas en manojos
están tus negras pestañas,
y cuando la luz las besa
no he visto sombras más largas.

Algunos suelen aprovecharse de los refranes para otros menesteres. La copla es de Juan Peña, publicada en su libro "Nuevas coplas flamencas" (2000):

Dicen que ojo por ojo.
Si te molestó mi beso
moléstame tú con otro.

Otros reniegan de sus propios ojos por no poder volver a ver a la persona querida, tal como anota en esta copla Rodríguez Marín:

¿De qué me sirben a mí,
si no he de borber a berte,
los ojos con que te bi?

Preciosa este matáfora de las ojeras de una mujer en la copla de Manuel Machado:

Dicen que las ojeras
llena tu cara,
y no es más que la sombra
de tus pestañas.

Fuertes tuvieron que ser las miradas de esta dama para llegar tan hondas, como refiere la copla anotada por Gabriel María Vergara:

Son tus ojos dos puñales
que a mi corazón hirieron,
las heridas son mortales,
mi mal no tiene remedio.

No están cabales las estrellitas del cielo si no se cuenta con los ojos de la amada:

Las estrellitas del cielo
quise una noche contar,
pero no conté tus ojos
y salió la cuenta mal.

Aunque la suma le salga más al coplero anónimo, en este tema de las estrellas nos recoge otra copla de seguidilla Rodríguez Marín:

Las estreyas der sielo
no están cabales,
porque están en tu cara
las prinsipales.
Son siento treinta;
con las dos de tu cara,
siento cuarenta.

Hoy, para despedirnos, bien podemos utilizar esta copla de Manuel Machado, de su citado libro, en honro de Paquita Rico, la protagonista hermosa de nuestra ilustración:

Tiene mi chiquilla
los ojitos negros más negros y grandes
que he visto en mi vida.

Y mañana, si Dios quiere, nos seguirán alumbrando ojos y más ojos por los hermosos senderos de las coplas.

jueves, 26 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (15)


Quedó la última y sin ningún voto en aquel fatídico festival de Eurovisión en el que su "barca" no bogaba bien por el mundo de los gustos, pero si Remedios Amaya se hubiese presentado a un festival de ojos, seguro que se hubiese llevado el primer premio, tal la belleza y el fuego de los mismos. Ojos que enganchan a cualquiera y a los que se les podía dedicar la soleá que compuso José el de la Tomasa, publicada en su libro "Alma de barco" (1990):

Las rositas tienen pinchos
y tus ojitos anzuelos
en donde yo me arreguincho.

Ojos que devuelven la alegría a cualquiera, como nos dice esta copla registrada por Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Cuando tus ojos me miran
siento en el fondo del alma
una esperanza que llega
y una pena que se marcha.

Ojos por los que uno no tiene más remedio que llorar cuando se ausentan, tal como reza esta copla anotada por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Con lágrimas en los ojos
yo me despido de ti,
te pido que no me olvides,
que me quieras sólo a mí,
de ese gusto no me prives.

Ojos para dejarse mirar por ellos aunque sea por el postiguillo, según la copla anotada por Alberto Fernández Bañuls y José María Pérez Orozco en el libro "La poesía flamenca lírica en andaluz" (1983):

Cuando paso por tu puerta
cierras y echas los cerrojos,
pero por el postiguillo
me están mirando tus ojos.

Ojos para tener suerte con ellos, tal como recoge el mismo cancionero:

Los ojitos de tu cara
si yo tuviera la suerte
que sólo a mí me miraran.

Ojos también para arrepentirse de haberlos miradas, según la copla que anotó "Demófilo" en 1881:

Los ojitos e mi cara
se m'habían de habé sartao
porque han mirao con cariño
ar que mar pago l'ha dao.

O en esta otra en la que se comprueba lo peligroso del querer, anotada por el mismo folklorista:

Los ojitos e mi cara
tienen los cristales muertos,
s'han metío en er queré,
no saben lo que s'han jecho.

Los amores imposibles hacen llorar a los hombres, y así nos lo cuenta esta copla que anotó Gabriel Maria Vergara:

Lágrimas pido a mis ojos
y no hay lágrimas en ellos.
¡Tanto he llorado por ti
que ya ni lágrimas tengo!

Aunque hay quien llora y no sólo por unos ojos hermosos. La copla la anotó Francisco Álvarez Curiel en su libro "Cancionero popular andaluz" (1991):

Mis ojos lloran por verte,
mi boquita por hablarte.
mis labios por darte un beso,
mis brazos por abrazarte.

Los sentimientos hacia la amada no sirven para nada si no son correspondidos:

Mis ojos te están diciendo
lo que sufre el alma mía,
tienes tan mal sentimiento
que te sirve de alegría
lo que yo estoy padeciendo.

Para que no ocurra lo anterior, debe hacerse caso del consejo de la copla de "Don Preciso":

Si la pasión te ciega,
mira primero
donde pones los ojos,
no llores luego:
los ojos abre,
mira que cuando acuerdes
ya será tarde.

Cuestión será de aclararse antes de caer prendido en las redes de unos ojos. Francisco Rodríguez Marín anotó esta copla en su libro "El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas" (1929):

Si me miras, me matas;
si no, me muero;
mátame, vida mía,
que morir quiero.

Muchas veces se maldice la hora en que se conoció a la amada. La copla es de Manuel Machado, publicada en su libro "Cante hondo" (1912):

Maldita sea la hora
en que penetré en tu casa,
en que vi tus ojos negros
y besé tus labios granas.

Pero en otras, las penas se buscan a conciencia. Nos lo dice la copla anotada por Álvarez Curiel en referencia a unos ojos negros:

Tengo mi corazón puesto
en una cara morena
y en unos ojitos negros:
para qué quiero más pena.

Aunque, tal vez, para ojos-ojos los que nos retrata Antonio Flores en esta soleá de su libro "Partitura flamenca" (1998):

Tiene los ojos de mora
es blanca como la luna
y brilla como la aurora.

El aborrecimiento por el puro amor es cosa que hemos visto con frecuencia en este manojo de coplas. Álvarez Curiel fue quien registró la siguiente:

Lloran mis ojos por verte,
tú renuevas mis martirios,
mira si es negra mi suerte
que te quiero con delirio
y tengo que aborrecerte.

Cuando la mirada no es limpia también lo deja registrado la copla, como en ésta de Juan Peña, publicada en su libro "Nuevas letras flamencas" (2000):

Lo que miro lo pervierto.
Todo lo que ven mis ojos
lo ensucia ya el pensamiento.

El símil con el sistema planetario tiene que ver mucho con los ojos. Fernán Caballero la publicó el año 1861:

Es tu cara la luna,
la redondita,
y tus ojos luceros
que la visitan.

A pesar de que haya ojos que desmienten con la boca lo que hablan. El cancionero popular andaluz, nos trae esta copla:

Esta gitana está loca,
lo que dice con los ojos
lo desmiente con la boca.

En azules se puede engarzar un corazón que no se prevenga de los ojos. La copla la registra José Cenizo Jiménez en su libro "Poética y didáctica del flamenco" (2009):

De garza tienes el cuello,
y garzos tus ojos son,
y así tengo yo engarzado
tu amor en mi corazón.

¿Nos pegamos un descansito hoy? ¡Vale! Es que de tanto mirar ojos tan bellos, tan traidores y asesinos, tan de cielo, tan perversos, tan enamorados..., tengo cansadas las pupilas. Mañana será otro día.

miércoles, 25 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (14)


¡Qué mirada la de Imperio Argentina en esta fotografía sensacional a la que hoy recurrimos como portada de la página! Hermosa también esta seguidilla que puede definir esos ojos, anotada en "El pueblo andaluz", edición facsímil de 1995:

Tus ojos para soles
son muy pequeños;
para estrellas son grandes,
serán luceros.
Pero en tu cara
lucen más que el que alumbra
por la mañana.

Mirada hermosa como relata esta copla, anotada por Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz" (1991): 

Con ese mirar que tienes
que parece que no miras
el corazón me lo robas
y el alma me la cautivas.

Ojos que encienden, según la copla recogida por Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Toca a fuego, que en mi pecho
han encendido una hoguera
y se ocultan los autores
bajo tus pestañas negras.

Ojos cautivadores de los que dificilmente puede escaparse:

Toda mi vida en Argel
no me cautivaron moros,
y ahora que he venido a España
me cautivaron tus ojos.

 El llanto llega a los ojos por muchos motivos. Lloró Boabdil al tener que dejar Granada, pero también lloran los hombres por el amor de una mujer. La copla por granaína es de José Juis Rodríguez Ojeda, publicada en su libro "Mis letras para el cante" (2008):

Con el llanto de mis ojos
se fue perdiendo la Alhambra,
y me acordé del rey moro
que lloró por ti, Granada,
lo mismo que yo te lloro.

Ojos que cornean como un toro bravo en la copla anotada por Álvarez Curiel:

Ya está el torito en la plaza,
mi corazón en la arena,
ya me están dando cornás
los ojos de mi morena.

Ojos que se convierten en cadenas presidiarias en la copla que anotan Alberto Fernández Bañuls y José María Pérez Orozco en el libro "La poesía flamenca lírica en andaluz" (1983):

Vas a acabá haciendo buenas
las cadenas de la cárcel,
las de tus ojos me ahogan
y me arrastran por la calle.

Ojos, junto con otros encantos femeninos, que hacen perder la cabeza al más frío de los hombres, según registra el "Novísimo cancionero erótico y sentimental" (1882) de Juan Manuel Villén:

Tienes ojos de cielo,
cutis de nieve,
como el oro es tu pelo
y tu pie breve.
Esos encantos
harán perder el seso
hasta a los santos.

Los ojos abiertos son retadores, pero si están un poco adormilados... La copla la recoge Fernán Caballero en su libro "Cuentos y poesías populares andaluces" (1861):

Tienes unos ojuelos
que me los clavas
en lo más escondido
de mis entrañas,
y si los pones
un poquito adormidos...
¡Jesús, entonces!...

También los ojos se vuelven tristes, casi siempre por problemas amorosos. La copla la registra Francisco Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucia en sus mejores coplas amorosas" (1929):

Los ojitos de mi cara
balían un dineral,
y he tenido que benderlos
por lo que quisieron dar.

Muy parecida a esta otra anotada por Álvarez Curiel:

Los ojitos de mi cara
por ti los voy a vender,
cuando los ojitos vendo
¿por ti qué no venderé?

Y a esta que recogió José Luis Navarro en su libro "Cantes y bailes de Granada" (1993):

Los ojitos de mi cara,
¿quién los compra? que los vendo,
¡qué pobre me estoy queando
que hasta los ojitos vendo!

Ojos y labios no suelen ser pacifistas en las cuestiones amorosas:

Son tus ojos dos luceros
cargados de munición
y tus palabras las balas
que matan mi corazón.

Los ojos se les ponen llorosos a los enamorados cuando no pueden estar cerca de la persona amada. Álvarez Curiel anotó esta copla:

El cielo está nublao,
parece que va a llover,
así tengo yo los ojos
cuando no te puedo ver.

Llorar es bueno de vez en cuando,pero no tanto como nos dice en esta seguiriya Alcalá Venceslada en su lbro "De la solera fina" (1925):

Seca ya los ojos,
no me llores más:
como que tienes los ojitos secos
de tanto llorar.

Una cosa es que se pueda ofender con la mirada, y otra bien distinta la manera de remediarlo. La copla la recoge el cancionero popular:

Si con el mirar te ofendo
me lo mandas a decir,
yo me saltaré los ojos
por no darte que sentir.

Barbaridad que aún es mayor en la que anota Rodríguez Marín:

Si con er mirar te ofendo
y con el hablar te agrabio,
yo me sartaré los ojos
y me coseré los labios.

Hermosísima esta copla de la ausencia que nos dejó Manuel Machado en su libro "Cante hondo" (1912):

¿Para qué quieren oír
y para qué quieren ver
oídos que no la escuchan,
ojitos que no la ven?

Una bella mirada con una chispa de fuego suele hacer estragos en los enamorados, tal como cuenta esta seguidilla anotada por Fernán Caballero:

Mi corazón de cera,
tus ojos soles,
contempla si me miras
cómo me pones.
Y si reparas,
verás que me derrito
de una mirada.

No pocas veces tropieza uno con la hermosura de unos ojos, tal como dice la copla de Salvador Rueda, publicada en su libro "Antología flamenca":

Ciego que va por la calle
en el escollo vacila,
y mi corazón tropieza
en tus dos negras pupilas.

La ceguera del amor sí es ciertamente peligrosa. Antonio Machado Álvarez "Demófilo" rescata esta copla:

Como sabes que no beo
me bas poniendo con maña
chinita por los caminos
pa que tropiese y me caiga.

Con esta copla del cancionero popular no debe tener celos la amada:

No tengas celos, morena,
no tengas celos, mi amor,
que sólo a dos niñas quiero
y las de tus ojos son.

Uno puede "amorenarse" tan sólo con arrimarse a unos ojos como nos describe la copla anotada por Gabriel María Vergara:

Los ojos de mi morena
tienen tan brillo y tal fuego
que yo no me acerco mucho
porque me quedo moreno.

Hermoso el símil de los ojos con la pena del hombre de esta copla del cancionero popular.

Los ojos de mi morena
son del color de la noche
de tanto mirar mis penas.

Y hermosa esta soleá con la que nos despedimos por hoy, cuya autoría es de mi buen amigo Ginés Jorquera, publicada en su libro "Hablando pa mi solo" (2005):

Lágrimitas por ti lloran
los ojos que ayer te vieron
y vuelven a verte ahora.

Lo dicho: por hoy lo dejamos, y hasta mañana, si Dios quiere.

martes, 24 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (13)


Si hablamos de ojos no podemos olvidar los de la genial sevillana Pastora Imperio, ojos de delirio -decían-, y ojos de los que se quedó prendido para su fatalidad Rafael Gómez "El Gallo", que bien hubiera podido cantar la copla que anotó Francisco Álvarez Curiel en su libro "Cancionero popular andaluz" (1991):

Yo en tus ojos me enredé
y entre tus sombras me hundí,
por ti el sueño se me fue,
todas mis dichas perdí,
sólo mi pena encontré.

Y es que los ojos hieren y descentran un poco a los hombres, tal como nos dice la copla anotada por Gabriel María Vergara:

Cuando en tus ojos me miro
no sé qué pasa por mí,
sólo porque no me olvides
diera la vida por ti.

De nuevo nos aparecen por el cancionero los ojos como fuentes de luz, como en esta seguiriya de Antonio Rincón Muñiz, publicada en su libro "Alconchel" (1989):

La noche es oscura
cuando tú no estás;
pero a tu lao, si abres los ojos
es noche estrellá.

Hermosa la metáfora de estrellas como símil de los ojos. También la registra Fernán Caballero en una copla que recogió en 1861:

Las estrellas del cielo
son mil y siete,
con las dos de tu cara
son mil y nueve.

De nuevo utiliza el firmamento Antonio Rincón en esta soleá:

Estaba la noche oscura
pero tú abriste los ojos
y entonces salió la luna. 

Mirarse en los ojos de la persona amada es uno de los deseos del enamorado, aunque Manuel Machado quiere además muchas más cosas:

La persona tuya
es lo que yo quiero.
Tenerte en mis brazos,
mirarme en tus ojos
y comerte a besos.

Hay hombres que son incansables en busca de la persona amada, tal como refiere la copla anotada por Álvarez Curiel:

Por el ojo de una aguja
te tengo que perseguir,
si el Dios del cielo me ayuda
tú tienes que ser pa mí,
en eso no pongas duda.

Por fin aparecen por la copla unos ojos verdes, tal como los tenía Pastora Imperio. La seguidilla la recoge Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Me están mirando
unos ojillos verdes
me están mirando
y en su mirar parece
que están hablando.
Hablando a solas,
que los míos no saben
de esa persona.

Todo se le puede quitar a la persona menos el placer libre de la vista. Esta copla está anotada por Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucía en las mejores coplas amorosas" (1929):

Me han quitaíto el hablarte,
pero no me han quitaíto
los ojillos pa mirarte.

Bonita metáfora sobre los ojos negros la de esta copla registrada por Álvarez Curiel:

Los ojos de mi morena
ni son chicos ni son grandes,
que son aceitunas negras
de los olivos gordales.

Elegante manera de solicitar un beso es la que nos enseña esta copla anotada por Gabriel María Vergara:

Abre un poquito la boca
y baja los ojos luego,
que quiero ver el rincón
en donde escondes los besos.

Y hermosísimo este piropo:

Forman tus ojos dos arcos
con un entrecejo en medio,
que parece abril y mayo
cuando están de flores llenos.

Los ojos sirven muchas veces para mirar de cerca lo que nunca se ha querido ver. Así lo dice el cancionero popular andaluz:

La gente hablaba de ti
y a nadie quise escuchar
y al final me convencí
que decían la verdad,
yo con mis ojos lo vi.

También hay que tener cuidado en qué cara se ponen los ojos, algunas veces estos enamoramientos on imposibles, tal como nos dice la antigua seguidilla que recoge en su libro "Don Preciso" (1802):

El que pone los ojos
en imposibles,
no extrañe que sus penas
sean terribles:
y es necesario
que padezca quien quiso
ser temerario.

Las pestañas, como guardianas de los ojos, tampoco se han quedado sin coplas. Fernán Caballero nos recoge esta que publicó el año 1861:

Manojitos de alfileres
me parecen tus pestañas,
cada vez que las menea
se me clavan en el alma.

Con esta breve variación en la anotada por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992), y registrada también por Rodríguez Marín:

Manojos de alfileres
son tus pestañas,
cada vez que me miras
me las enclavas.

Siguiendo el refrán de "Ojos que no ven, corazón que no siente", la copla por soleá del cancionero andaluz nos dice lo siguiente:

Me quiero ir de esta tierra
porque ojitos que no ven
corazoncito que no quiebra.

La maldición se deja sentir en esta copla anotada por "Demófilo", que nos indica que debemos dejarnos llevar por unos ojos buenos antes que por el dinero:

Mardita sea la persona
que se yeba der dinero
y no se deja yebar
e unos ojos negros buenos.

De nuevo los ojos como causa de las enfermedades de los enamorados en la copla de Manuel Machado, publicada en su libro "Cante hondo" (1912):

Mi mal no tiene remedio,
ésta sí que es la verdad,
tus ojos, chiquilla, han sido
causa de mi enfermedad.

Para probar la mirada de una mujer, una vez sólo basta. Nos registra la copla Francisco Rodríguez Marín:

Cuando yo güerba a mirarte,
de un fuerte dolor de clabo
los ojitos me se sarten.

No se puede enamorar mejor que con este piropo que recoge la copla por seguidilla de Alcalá Venceslada, publicada en su libro "De la solera fina" (1925):

Son flores de romero,
niña, tus ojos,
y una flor de granado
tus labios rojos.
¡Si Dios quisiera
que esa cara florida
para mí Fuera!

Jamás pudo el llanto de unos ojos caer en mejor sitio para hacer florecer el mejor parto de nuestra Andalucía. La preciosa copla, como todas las suyas, es de Ginés Jorquera, publicada en su libro "Hablando pa mi solo" (2005):

En la Sierra de Segura,
llorando tu mal vivir
y mi negra desventura,
caló el llanto en piedra dura
y brotó el Guadalquivir.

Y por hoy, nos quedamos por el término de Cazorla, con ese bendito llanto y ese nacimiento que cantara para la eternidad el gran Antonio Machado:

¡Oh Guadalquivir!
te vi en Cazorla nacer
hoy en Sanlúcar morir.

Un borbollón de agua clara,
debajo de un pino verde,
eras tú, ¡qué bien sonabas!

Como yo, cerca del mar,
río de barro salobre,
¿sueñas con tu manantial?

lunes, 23 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (12)


Pocas cosas tan emocionantes como una hermosa mirada, cual la de esta guapa Carmen Montiel captada por el excelente fotógrafo Paco Sánchez. Se le podría aplicar la copla que anotó Gabriel María Vergara en su cancionero "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Son tus ojos dos estrellas,
tus mejillas dos claveles
y tus labios dos corales.
¡Vaya una cara que tienes!

O esta otra, cuya autoría es de José Luis Rodríguez Ojeda, publicada en su libro "Mis letras para el cante" (2008):

Cuando te miro a la cara
se hace mi lengüita un lío
y no encuentro las palabras.

Los ojos, como hemos dicho en alguna ocasión por estos renglones, han sido inspiradores de poetas, bien por el color, por el tamaño, por la mirada, por la picardía, por la hermosura. Muchas son las páginas de nuestra literatura en las que los ojos de las mujeres son los auténticos protagonistas. Estamos comprobando, por medio de la copla popular, cuántas existen sobre los ojos que han dimanado de la inspiración popular, coplas que han sido cantadas por el pueblo y que se han ido transmitiendo por la tradición oral a través de varias generaciones. Llevamos doce días con este tema y son cientos las coplas que aún esperan el turno de salida. Así de generoso es nuestro cancionero. Proseguimos y vemos cuánto pueden alumbrar unos ojos en la copla anotada por Álvarez Curiel, publicada en su libro "Cancionero popular andaluz" (1991):

Para pasear tu calle
no necesito farol,
son tus ojos dos faroles
que me alumbran como el sol.

Muy parecida en sus términos a la que recoge Gabriel María Vergara en el libro ya citado:

Para hallar música y luces
no necesito ir al cielo,
que la luz está en tus ojos
y la música en tus besos.

Ojos y boca son predilecciones del enamorado. José Carlos de Luna, en su libro "De cante grande y cante chico" (1942), nos deja esta copla de seguiriya:

Liao en mi manta,
tumbao en el suelo
pensando en tus ojos y en tus piños blancos
encuentro consuelo.

Hay miradas que suelen acarrear males. Maria Vergara nanotó esta copla:

¿Cómo causa tantos males
en los corazones tiernos
la mirada de tus ojos
si tus ojos son tan buenos?

Símil hermoso el de las cortinas de esta copla anotada por Álvarez Curiel:

Entre dos cortinas negras
dos niñas me vuelven loco,
cortinas son tus pestañas
y niñas las de tus ojos.

Los ojos como ciega luminaria en la bellísima copla anotada por el mismo recopilador:

Salga el sol si ha de salir
y si no que nunca salga,
que para alumbrarme a mí
la luz de tus ojos basta.

El no ver a la enamorada suele causar una íntima tristeza. La copla la registró Fernán Caballero en 1861:

¿Por qué me diste vista,
Santa Lucía,
si no veo lo que quiero
todos los días?

Muchas formas hay de guiarse por la mar, pero ninguna como la de hacerlo por el faro de unos ojos. Fue Álvarez Curiel quien recopiló la copla siguiente en su "Cancionero popular andaluz":

Por las estrellas del cielo
se guían los marineros,
yo me guío por tus ojos
que pa mí son dos luceros.

Luz soberana de los ojos que todos lo alumbran en la copla de Alcalá Venceslada, publicada en su libro "De la solera fina" (1925):

Por la noche mi niña
vino del campo,
con la luz de sus ojos
se iba alumbrando.

Ojos que se convierten en llanto en el hermoso fandango de Huelva, anotado por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

¿Para qué quiero llorar
si no tengo quien me oiga,?
la que me tenía que oír
está viendo en la gloria
y no se acuerda de mí.

Ojos que suplican que otros se despierten pensando en el amor, en esta preciosa soleá que recoge Álvarez Curiel:

En mis cortas oraciones
le pido a San Rafael
que en lo mejor de tu sueño
te despierte mi querer.

Ojos hermosos que no van acorde con el corazón, según anota Gabriel María Vergara:

Tienes unos ojos, niña,
tan hermosos como el sol.
¡Qué hermosa parecerías
si tuvieras corazón!

Tanto significan los ojos, tanto dicen, tanto hablan de alegrías y penas, que el poeta amigo Antonio Murciano no quiere que lo miren sus hijos en la terrible hora de la muerte, y así lo dice su testamento por seguiriya:

Cuando yo me muera,
que no me vean muerto,
pa que mis niños recuerden mis ojos
alegres y abiertos.

Ojos, incluso, salvadores en el lecho de la muerte, en una hermosa soleá de Antonio Mairena que recoge el libro "La poesía flamenca lírica en andaluz" (1983), de Alberto Fernández Bañuls y José María Pérez Orozco:

Siéntate en mi cabecera,
fija tus ojos en los míos
y entonces quizás no muera.

La hermosura de la mujer, según la siguiente copla, debe tener las siguientes cualidades:

Para ser una dama
der todo hermosa,
ha de tener completas
las siete cosas:
Dergada de sintura,
larga de dedos,
la narís afilada,
los ojos negros,
la boca chiquitita,
ancha la frente,
las sejas arqueadas:
ya están las siete.

Los ojos suelen prometer cosas que no cumplen los demás elementos de la cara de una mujer. Julio Porlán se queja de eso en esta copla por soleá publicada en el libro "De la tierra al aire" (1992):

Mira qué malina eres:
lo que tus labios me niegan
tus ojos me lo prometen.

Al igual que siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras, le ocurre a la mirada. Rodríguez Marín nos lo confirma en esta copla publicada en su libro "El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas" (1929):

Más bale una mirada
cuando hay ocasión
que una semana entera
de combersasión.

Mala costumbre es ésta que nos recoge el cancionero popular:

Tú eres peor que el veneno:
te voy a echar tierra en los ojos
pa que sepas lo que es bueno.

Los incrédulos, para dejar de serlo, sólo tienen que mirarse en unos ojos, probablemente azules. La autoría de la copla es de José Manrique, publicada en su libro "Coplas flamencas" (1982):

Me puse a pensar un día
si es verdad que existe el cielo,
y mirándome en tus ojos
no tuve na más que verlo.

El dinero bien se sabe que en ocasiones puede comprar la hermosura, como parece que quiere decir esta copla anotada por Antonio Machado Álvarez "Demófilo" en su "Colección de cantes flamencos" (1881):

Malhaya er dinero
que er dinero es causa
que los sacáis de quien yo camelo
no estén en mi casa.

Pueden ser los ojos un camino para la entrada de un bicho diminuto que se mete hasta el corazón. Álvarez Curiel rescata esta copla:

El amor es un bichito
que por los ojos se mete
y en llegando al garlochí
da fatiguitas de muerte.

Hay ojos que no pueden encontrarse en ninguna parte. Difícil es, y lo digo por experiencia, encontrar ojos tan bellos como los que tienen las mujeres cordobesas, aunque nunca me ha dado la intención de viajar para comprobarlo. Vuelve a ser Rodríguez Marín quien anota esta copla:

Todo er mundo traigo andado
y no he podido encontrar
ojitos como los tuyos
ni en Fransia ni en Portugá.

Las antiguas excursiones campestres a las cercanas ventas tenían como distraimiento el subirse a la bamba, al columpio que se instalaba entre dos moreras o árboles del lugar. Hasta surgió un cante con el nombre de "Bamberas" para recrear aquel ambiente familiar y festivo. Y surgieron coplas amorosas, muchas, como la que hoy nos deja José el de la Tomasa, publicada en su libro "Alma de barco" (1990):

El otro día dijiste
que tú a mí no me querías
y mirando mi columpio
los ojos se te salían.

Ginés Jorguera, mi buen amigo de las tierras levantinas, nos avisa en esta "Liviana" de su libro "Hablando pa mi solo" (2005), de los peligros de algunos sentidos:

La boca y el oído,
también los ojos,
son sentíos del cuerpo
mu peligrosos.

En esto del color de los ojos, nadie se pone de acuerdo. Virtudes Atero Burgos nos deja esta muestra en su "Cancionero gaditano" (2009):

Ojos negros son pintura,
los azules pintureros
y yo conozco unos pardos
que yo por ellos me muero.

Los ojos de las despedidas, de las ausencias, desean siempre la vuelta. Vayan aquí unos cuantos ejemplos.  Los tres, con sus mínimas diferencias, están anotados por Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas" (1929):

Ojos que te bieron ir
por aquel camino yano,
¡cuándo te berán borber
con la lisensia en la mano!

Se refiere a las despedidas de los soldados o "quintos".

Ojos que te bieron ir
por aqueyos olibares,
¡cuándo te berán borber
para alibio de mis males!

Ojos que te bieron ir
por esos mares afuera,
¡cuándo te berán borber
para alibio de mis penas!

Llama intensa, fuego intenso es lo que ofrecían los ojos de esta mujer de la copla que anota Álvarez Curiel:

Asómate a esa ventana,
cara de piñón de oro,
quiero encender un cigarro
en el fuego de tus ojos.

Hoy quizás nos hemos alargado un poco, pero es que son tantas las coplas sobre este tema tan hermoso que suelo perder la noción del tiempo. Nunca es mal año por mucho trigo. Y yo no miento, como parece decirnos  esta copla última, anotada por Gabriel María Vergara:

O tus labios o tus ojos
a la fuerza han de mentir,
tus labios dicen que no,
tus ojos dicen que sí.