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viernes, 27 de noviembre de 2015

DESDE MI TORRE: LOS SUEÑOS DE RAFAEL RIQUENI



Estas fotografías se las hice en mi despacho hace 40 años a Rafael Riqueni, y fueron las primeras que se publicaron suyas en la prensa, concretamente en el vespertino "Nueva Andalucía". Estaba tomando lecciones de Manuel Carmona hijo, un exquisito y humilde tocaor de Los Palacios que jamás, por su espíritu, quiso encumbrarse cuando Dios le había dado la sabiduría de la sonanta. Por la terquedad del padre de Riqueni -que tenía una tienda de bicicletas junto a la iglesia de los Paules de Pagés del Corro-, me interesé sobremanera en él, aconsejándole en lo que pude y sabía, diciéndole fervientemente de que jamás tuviese prisas en su más que prometida carrera. Le costó mucho trabajo el inicio, casi obligado paternalmente, y adquirir el amor que se debe a un instrumento tan universal, del que muy pocos alcanzan sus glorias.

He vivido momentos sublimes escuchando a Rafael. Y he vivido los más tristes de su vida, y de la mía, cuando veía que se tiraba a un pozo sin salida. Rafael es pura música, es la música en sí mismo, rozando los momentos flamencos más sublimes y esas creaciones propias imposibles de calificar en unas líneas.

Creo que uno de mis hijos -funcionario de la prisión sevillana en la que tuvo que ingresar por antiguos problemas- se ha portado muy bien con él ante mi llamada de alerta y ante el amor de mi hijo a ese singular instrumento. La mayor alegría fue la del concierto de pájaros y trinos, y agua, que ofreció hace unos días en el Maestranza. Rafael, resucitado. Qué suerte para Sevilla y para el mundo la de recuperar a este maestro al que hay que besarle las manos por la calles, como decía Alberto García Reyes en las páginas de ABC.

Suerte, amigo, maestro, creador de un nuevo universo entre los seis ríos que bajan por el diapasón. Sevilla siempre te acompañará como bien te mereces. Yo te llevo -bien lo sabes- en el alma y en el corazón, desde que eras chico.

Recuerdo aquel soneto que te dediqué -qué de años han pasado, Rafa-. Aún espero que lo recuerdes con el mismo amor que yo en estas felices jornadas de tu vida.

No sé por qué senderos, qué aventuras,
se encalló la guitarra entre tus manos,
siendo bendito tú entre los humanos,
arrancándole hieles y dulzuras.

Nunca sabré por qué suenan tan puras
-crespadas olas de tus oceanos-
las notas de unos duendes alazanos
que cabalgan al son de tus diabluras.

Arañas, sortilegias, luz floreces
en ese diapasón que forma mares
de orillas blandas para tu corcel.

Pleamar de seis cuerdas, tú te creces
y eres jinete que en sonoros lares
siempre domas al duende, Rafael.

domingo, 18 de octubre de 2015

DESDE MI TORRE: ALGO SE MUERE EN EL ALMA



Las llamadas de los lejanos compañeros te dan muchas alegrías, pero, algunas veces, te llenan los ojos de lágrimas que no puedes contener. Son tantos los recuerdos y las vivencias que, cuando te enteras que alguien con el que tanto has convivido durante tan larga vida laboral, fallece y lo ha llevado Dios, o quien sea, a otros cielos, se le viene a uno a la memoria la letra inolvidable de mi buen amigo Manuel Garrido, que hicieron eterna Los Amigos de Gines con la bendita música de Manuel García. 

Pues el pasado fin de semana, me llegó  una de esas noticias negras que jamás desearías recibir: el adiós, la muerte de mi querido compañero Carmelo Jiménez Herrera, gran amigo, gran profesional, cofrade de San Isidoro, y con el corazón más bético que el escudo y equipo de sus amores.

Tras la terrible noticia -aunque es normal, pero nunca nos acostumbramos a ella-, me pasó por la mente la película de los recuerdos, de esos grandes momentos vividos, de esas manzanillas sanluqueñas en la bodega Barón de la calle San Eloy, tan cercana a nuestro trabajo en la Plaza del Duque. Reviví todo cuanto nos habíamos reído por cualquier cosa; el mote que se ganó de "gafe" ganado a pulso; la cara cadavérica con la que aparecía los lunes porque a su Betis -y el mío- le habían calentado de lo lindo en el Villamarín o en campo contrario; las noches que con todo los compañeros nos íbamos de marcha por la Sevilla nocturna en un microbús escolar del padre de uno de nuestros compañeros...

El entró a trabajar en la empresa cuando yo tuve que ausentarme para la mili, en el año 1970. Desde entonces, y hasta que me destinaron a Córdoba, he convivido con él toda mi vida laboral, nuestras bodas, nuestros bautizos, nuestras alegrías y desesperanzas. Han podido más las risas que las tristezas en tantos años. Hoy lo recuerdo como era: alto, moreno, guapo, de buena patada futbolera, triste como el célebre personaje de "Don Pésimo" en algunas ocasiones, y pasado en el humor como en las viñetas tebeísticas de "Don Óptimo". Lo de "gafe" nadie se lo quitaba porque cualquier cosa, por muy leve que fuese, le pasaba a él, y fueron cientos las anécdotas entre risas que comentábamos al respecto con todos los compañeros.

Ahí lo tienen, en nuestro estudio de artística, izando la Copa del Rey -en su primera edición- que conquistó el Betis en Madrid en el Vicente Calderón frente al Bilbao el año 1977. Hoy, desgraciadamente, tan sólo nos queda su imagen alegre en el recuerdo. Fue de los compañeros que dejaron esa huella imposible de borrar de la que nos hablaba Manuel Garrido, y por eso, por su ejemplo y compañerismo, hoy se nos ha muerto algo en el alma a los que tuvimos la suerte de conocerlo. ¡Descanse en paz!





martes, 13 de octubre de 2015

DESDE MI TORRE: ¿REINA O MODELO?



He pasado mucho tiempo sin entrar en este blog diario que tanta felicidad me ha dejado durante cuatro años. Lo abandoné por una mosca cojonera que me enseñó - por medio de muchos mensajes llenos de rencor, envidias y amenazas- que posiblemente yo estaba equivocado en mis comentarios de paz, en mi historiografía de la vida, tan cuajada de humor..., y amor. Este amigo, pasado al enemigo, me debilitó en lo más íntimo: en mi buena voluntad, en mis principios de no querer hacer daño a nadie con mis sinceras opiniones, aunque muchas de ellas no puedan compartirse.

A pesar de esta mosca - espero que quitada de mi vida por el "Orión" de la dialéctica-, quiero volver a mis cielos, al campanario de mi torre de nacencia, a la vida de estas páginas en blanco que siempre he rellenado entregando mi alma, cobrando, sólo a cambio, el favor de un comentario amoroso o corrosivo.

Dicho esto -que era primordial para este nuevo inicio-, me fijo en la actualidad de cada día. Y nadie más presente en todas las revistas, llamadas del corazón, que nuestra "reina-plebeya", -como dice Peñafiel- de doña LetiZia. No sé -y espero que alguien me lo explique algún día- por qué con Z y no con la C habitual y lógica de nuestro nomenclátor santero. Evidentemente, y tal como se puede comprobar en el registro civil, yo me podría haber puesto el nombre de Emilio's, como hacen todos los peluqueros/as, y apellidarme de Jiménez y Díaz, de Tenor y García, de Urbano y Alonso y de León y Pineda. Una chorrada..., como la que Leticia hizo con esa Z anormal  cuando empezó a flirtear con nuestro nuevo rey. ¡Cosas..., pero cosas muy tontas!

Yo no soy enfáticamente monárquico, pero respeto a la monarquía porque así lo estimó el pueblo. Aunque, en verdad, respeto más a Felipe VI  -nombre que aún no me suena mucho-, que a Pablo Iglesias, que no es el antiguo ferrolano fundador del PSOE, sino un señor -se deje la coleta o no- que quiere intentar llegar al Poder para hacer lo que todos los demás: ¡forrarse!

Mientras Felipe VI -y vuelvo a repetir que no soy monárquico convencido-, me da la sensación que es buen rey y representa a la corona de España con mucha dignidad, creo que LetiZia no da la talla del reinado. Él ofrece discursos difíciles en foros más difíciles aún, se rasga la piel concursal en una Cataluña incoherente, va a los Estados Unidos, brujulea con su equipo y busca -sin los acostumbrados y grandes tintos que se tomaba su amado padre,  la paz de España, la unión entre comunidades y el bien común.

Ella, la reina consorte, a la que he seguido mucho de cerca a través de los medios de comunicación y las revistas semanales, no es reina, no hace nada para que su país mejore. LetiZia es una modelo que sale habitualmente en "El Pronto", en "Lecturas", en "Semana", en "Hola" y en todas las publicaciones llamadas del corazón, ataviada de modelos de tal y cual, con peinados de fulano y de mengano, con maquillajes de perengano... Me encantaría menos titulares de moda y más de verdadera solidaridad para el Estado al que representa. Debe mirarse un poco en el espejo de su suegra.

LetiZicia -mejor sin esa Z que quiere ser rimbombante- debe empezar a trabajar en favor de una sociedad que está pasando mucha hambre (más que en el 36), que suele zurcirse la ropa a diario y la de sus hijos (como en el 39), que está desahuciada de sus casas, que se pregunta cada día si es verdad que Dios es una realidad.

Doña LetiZcia, no reina. Es él, Felipe, el que tiene la corona -aunque a muchos no guste-. Pero da el callo, se lo trabaja, se lo curra. Ella no me gusta: distraída en el Poder y demasiado anoréxica para las pasarelas.

Mientras ella, doña LetiZia se retrata con la moda al día, muchos de sus súbditos -¿es reina?-, miles de los que la alimentan y la visten no tienen qué comer, lo pasan mal, se les quitan -roban- sus viviendas, los abandonan a su suerte, perecen, literalmente, en pleno siglo XXI, y sin decir siquiera que lo que está ocurriendo es una vergüenza. Espero que LetiZia -pido humildemente desde aquí-, se baje de las pasarelas y se meta en las calles de su país, en sus suburbios y arrabales, en sus lejíos, en sus barriadas marginales, en sus grandes problemas. Una locutora mona del telediario que, por no sabe qué destinos llega a ser reina de España, tiene que ejercer de  verdad, con tesón, preocupante y preocupada de los problemas del país, al menos para seguir el hilo de su antigua profesión.

No me valen sus modelos, sus ropajes, sus peinados y maquillajes, sus piernas delgadas vestidas con lo más último de firmas nacionales o internacionales, que es lo que aparece cada día en los medios. Quiero una reina que sepa reinar, que nos acompañe en la esperanza y la derrota, que viva y sienta con nosotros, que no sólo reine en el papel couché, en el que bien puede -"reina del pueblo"- ganarle Belén Estéban.