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lunes, 31 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: CABALGATA ACARNAVALADA


CABALGATA ACARNAVALADA

Mañana de Cabalgatas de barrios, como un Corpus Chico o Corpus de la Magdalena de la noche de la Ilusión. Y en la mañana de tractores y de caramelos, otra vez el esplendor de las bandas. Hay que matizar aquel axioma sevillano que sentenció Pepito Caramelos: "La Cabalgata son los niños y los caramelos". Y los tambores y las cornetas también. Con lo que nos gusta aquí un tambor y una corneta, la mañana de Reyes es ya como un anticipo del Domingo de Ramos. En el que hemos descubierto la inmensa capacidad de creación y adaptación de las bandas cofradieras. La música de la Cabalgata este año han sido los gorilas, manos hacia arriba, manos hacia abajo. O el "Moliendo café" que iban tocando los otros. O los éxitos de Alejandro Sanz. Por un día, cesan las cursiladas de los títulos de las nuevas marchas: "Desamparo de Alcosa", "Gozos y Dolores de Torreblanca", "Vayamos todos juntos a la casa del Señor de Triana". Como los músicos tienen edad de discoteca, tocan música de discoteca. Y con ese sonido al fondo, y con la conga colectiva de las gorras blancas por la calle San Jacinto, piensa uno que, signo de los tiempos, la Cabalgata se está acarnavalando. Con las comparsas de beduinos y los tambores con son de chirigota, Sevilla tendrá un día que reconocer el muchísimo Cádiz se le está entrando por las puertas el 5 de enero. 

(Diario "El Mundo de Andalucía". 7 de enero de 2002)
Fotografía: José Luis Jiménez Buzón.



Vayan desde esta torre mil millones de gracias a mi leal y buen amigo Antonio Burgos por haberme dejado publicar en esta página 46 de sus cientos de artículos sobre mi barrio de Triana, al que sé que tanto ama. Podrían haber sido más, muchos más, pero tan sólo quería mostrar en este blog el ingenio de parte de su obra dedicada a este viejo arrabal, que tan fielmente retrató siempre desde su recuadro diario en ABC, así como en las páginas del diario "El Mundo de Andalucía".

Para ti, Antonio, mi gratitud sincera por tu generosidad para este amigo. De seguro, y así lo espero, que volveremos a reencontrarnos en este cuadernillo de gozos diarios y desesperanzas también cotidianas, que te subirás nuevamente conmigo a esta "Torre Cobalto", y que desde su azulado campanario volveremos a observar, con la mirada límpida de los hombres de bien, este viejo barrio que me dio el ser, el conocimiento y la madurez, y que pocos como tú han sabido cantar.

Te debo una copa, o dos, de Cruzcampo, ojalá que compartida con nuestro común amigo Julio Cuesta; y te debo los días de felicidad que nos has dado a todos releyéndote en estos viejos artículos de gran maestro.

Mis felicidades y las de mis lectores para ti y tu familia, tus gatos, y tus proyectos. Al Dios que todos conocemos -¿al Gran Poder, a Pasión, a mi Cachorro?- le pido para que se cumplan todos tus deseos en este próximo año "innombrable".

Espero que mi petición cursada a Francisco Pérez Guerrero, delegado del Distrito, de que te nombren "Trianero Adoptivo" no caiga en saco roto. Ten paciencia de todas formas, Antonio, porque tenemos cruz y raya en "La Casa de los Mensaque" aquellos que nos negamos a que Triana se alicatase.

¡Gracias, amigo. Te la debo!


domingo, 30 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: ESTA LUZ DE VELÁ


ESTA LUZ DE VELÁ

Es muy fácil hablar de la luz de primavera en la ciudad, está al alcance de cualquier letrista de sevillanas o de pregonero de la Semana Santa en una peña bética. Tampoco es complicado hablar de la luz de Sevilla en el otoño, íntima como una plazoleta, serena, secreta. Nadie habla de esta luz de procesión de la Virgen del Carmen, de esta luz de Velá de Triana. Es la luz única de los lentos atardeceres de los días más largos. Paraíso cerrado para pocos, que hay que contemplar desde el puente, desde los jardines de la orilla del río, desde el largo paseo de la vieja y nueva Torneo. Va poniéndose el sol y en el cielo se dibuja la más hermosa paleta de los rosáceos, que luego viran a violáceos, a càrdenos, a malvas. Se pone el sol tras el Aljarafe y quedan unas nubes que parece eternizan esos rosáceos reflejos. En un instante, ya no se ven esas nubes y todo se torna azul. Primero un color turquesa intenso, casi acuífero, que nos hace pensar que la mar de Huelva se ha puesto de golpe sobre la cornisa aljarafeña. Y luego, el azul de la noche, intenso, salpicado de estrellas, con la fresca mareíta que viene del río. Supremo espectáculo de la luz, sorprendente noticia de cada noche. Medalla del amor de la ciudad con su luz. Ese atardecer de ayer no será el mismo que el de mañana. El de mañana será más hermoso todavía.

(Diario "El Mundo de Andalucía". 21 de julio de 2002)


sábado, 29 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: LA DEMETRIO Y CALLE BETIS



LA DEMETRIO Y CALLE BETIS

Viajando se aprende. Hasta en los viajes virtuales, como el que ayer proponía Rafael Rodríguez, al dar a conocer el sitio en Internet de la Asociación Demetrio de los Ríos: www.demetriodelosrios.com . Viajando hasta ese sitio nos enteramos de dos cosas, importantitas. Primera, que no todo es perfil cívico plano en esta ciudad que todo se lo traga y a la que todo le parece bien. Que hay asociaciones privadas que, en el espíritu de la vieja Adelpha, aún siguen batallando contra los desafueros urbanísticos, contra las nuevas desamortizaciones que destruyen los conventos (como el de Santa Clara) y contra la pérdida de pulso ciudadano en la conservación de la ciudad histórica, que es precisamente la gallina de los huevos dorados del turismo. Y segunda cosa de la que nos enteramos: que a la orillita del Guadalquivir, en la calle Betis, quieren hacer una caja de zapatos de cemento en forma de restaurante mastodóntico para 2.300 personas, perpetuando la destrucción del borde histórico del río. Dicen en Internet los de la Demetrio: "Nos produce verdadero horror la total destrucción paisajística que supondría la construcción de tamaño pesebre. Da miedo, como miedo da que el autor del proyecto sea el arquitecto Jaime Montaner Roselló, arquitecto insensible, solo conocido por sus actuaciones políticas -- ex consejero de Economía y de Obras Públicas de la Junta de Andalucía -- y menos mal que no por sus proyectos arquitectónicos." 

(Diario "El Mundo de Andalucía". 12 de abril de 2002)


viernes, 28 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: INVENCIÓN TRIANERA


INVENCIÓN TRIANERA

Se anuncia que en la noche del próximo día 25, a la torre de la Real Parroquia de Santa Ana, la que fundó Alfonso el Sabio para no ser en Triana menos que su santo padre en Sevilla, subirán los clarineros de la banda de cornetas y tambores del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, vulgo Banda de la Esperanza de Triana o Banda donde toca Julio Vera cuando no está de turné con Salvador Távora. Luminarias y ministriles. Desde la torre alfonsí, como la Banda del Sol en la Giralda, los clarineros tocarán... Pues la verdad, no sabemos qué: si los Gozos de la Señá Santa Ana en vísperas de su fiesta o si las Lágrimas del Apóstol Santiago, que lloró bastante una vez que se pegó el hardazo desde el caballo blanco cuando salía con las carretas de Triana en plan Astolfi. Salvo que no sepamos ni papa de las tradiciones trianeras, tocarán una melodía para esto tan clásico y tan nuestro de inventarse tradiciones. Ojalá nos equivoquemos, y Angel Vela Nieto nos diga que ya en el siglo XVII celebraban la partida de la Flota de Indias tocando desde la torre de la Catedral de Triana estos Gozos de la Señora Santa Ana... Pero nos huele a lo que hemos dicho: a invención de tradiciones. Mejor que subir clarines a la torre sería que las mocitas casaderas entraran a pegarle patadas al Negro de Niculoso Pisano. Nos inventamos tradiciones con la misma intensidad con que dejamos morir las de toda la vida.

(Diario "El Mundo de Andalucía". 23 de julio de 2001)



jueves, 27 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: CRISTALES EN EL ALTOZANO


CRISTALES EN EL ALTOZANO

Los trianeros lo conocen como El Faro. Es el edificio exento que hay a la verita misma del puente, casi sobre las zapatas, por el Altozano, junto a la escalerilla de Tagua, frente a la Capillita del Carmen. Que Angel Vela Nieto nos corrija, pero nos parece recordar que los viejos del arrabal decían por la Cerca Hermosa que allí estaban las oficinas de los vapores de Sanlúcar. Luego fue la Abacería El Faro, que era como la frontera comercial de Sevilla con Triana. Ahora hay allí un restaurante. Bueno, pues miren ese restaurante desde la banda sevillana del río, desde el Paseo Colón. Parece que hubiera aterrizado un platillo volante sobre El Faro, de las horrendas cristaleras con carpintería metálica que le han plantificado encima al armónico edificio en las azoteíllas. Muy bien (o muy mal) que hayan derribado los cristales del Puesto de las Flores. Pero puestos a quitar cristalerías del Altozano, ¿por qué no quitar estos horrendos añadidos de El Faro, en esta ciudad que oficialmente vive del turismo y que debería cuidar más estas imágenes de sus paisajes? ¿Que los turistas no pueden almorzar en invierno en el paisaje único de la azoteílla de El Faro? ¿Y qué? Cubra usted su azotea sin permiso y haga una salita de estar, que verá la que le lía Urbanismo...

(Diario El Mundo de Andalucía. 20 de marzo de 2001)


miércoles, 26 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: EL MANIGUETERO DE LA O


EL MANIGUETERO DE LA O

EN tardes de Viernes Santo, con la ciudad sosegada y en calma, cuando desde una carretera calle Varflora de corbatas negras de Luis Rodríguez Caso y de José Ignacio Jiménez Esquivias iba a una Triana de Cachorro y puente, y después a la ancha marea de San Jorge, el arrabal viniéndose a Sevilla con sus cofradías, he visto pasar muchas veces esa delantera del pasocristo de La O por la esquina de Cuesta.

En esa delantera yo vi una tarde de tristeza y crespones negros la vara de Ramón Martín Cartaya. Y seguro que esa delantera también llevó un año luto por el trianerísimo Vicente Flores. Crespones probablemente mojados en la tinta china de la escribanía de la Asociación de la Prensa o de la Peña Trianera, una plumilla dibujando cartuchos de pescado de Pepe Luis o goles de Arza o Luis del Sol.

Iba camino de Sevilla el paso del Nazareno, padre y maestro de Triana. Por este Nazareno cargado con la legendaria cruz de carey, cruz de galeones y de jarcias indianas en el muelle, La O fue madre y maestra de las cofradías de Triana. La primera que cruzó el puente de barcas y plantó su cruz de guía, como pendón de conquista, en la Puerta de Triana. Cofradiera cabeza de puente. Pasan el puente, pero las cofradías trianeras no entran en Sevilla hasta que traspasan la soñada Puerta, en la esquina de Santas Patronas y Cantarranas.

Iba camino de Sevilla el Nazareno de Triana, vencidos sus hombros por la cruz de carey, y yo lo veía pasar desde la larga vuelta de la esquina de Cuesta, frente a la cancela del Callejón de la Inquisición y el enorme zapato blanquimarrón de la muestra de la alpargatería. Pero nunca me fijé en este nazareno que va en la delantera, vacío de macho de cartón el antifaz de su túnica morada, negros guantes sobre la manigueta. El maniguetero es como criado o ayuda de cámara de un Cristo o una Virgen, con la librea de su antifaz de penitente. Escuela de humildad ese sitio en una cofradía. El maniguetero sabe que nadie se fija en él, porque todos miran al Cristo, a la Virgen que escoltan, con esplendor de cofradía formada cuando pasan por los palcos, con apreturas de pisotones en la estrechez de una entrada de saetas y luna alta.

Ahora me pongo otra vez, en la tarde trianera del Viernes Santo, donde estaba un viejo corral de la calle San Jorge, Alfarería pregonando en cerámicas sus lozas finas. Pasa el Nazareno de La O. Y sigue yendo en la delantera, guantes negros, antifaz sin macho, un maniguetero anónimo, que ahora sí que ha alcanzado gloria imperecedera. El maniguetero de La O se ha ido a hacer la definitiva estación junto a su Nazareno. Venía el otro día su papeleta de defunción. Se llamaba Joaquín. Era soltero. Sus hermanos y sobrinos anunciaban su muerte al orbe trianero. Y bajo su nombre, como el título de nobleza con Grandeza de Triana que realmente era, inmemorial de Viernes Santos de lluvia en que no pudieron salir, o de aquel otro en que el palio de la Virgen se refugió en los soportales del Mercado de Entradores, o de aquella misa del padre González Ruiz sobre una batea del muelle cuando la riada, ponían su verdadera gloriosa profesión, condición y patria: «Maniguetero de Nuestro Padre Jesús Nazareno de La O». Óle.

Si el Nazareno de la O quiere, iré el Viernes Santo a verlo pasar, un año más, por la esquina de Cuesta. Y me quedaré con la duda al ver la delantera del paso. De los dos nazarenos sin macho en el antifaz, ¿cuál es el que no fue en la vida otra cosa que maniguetero de Nuestro Padre Jesús Nazareno, y así se lo pusieron en la esquela, y ahora, como todos los años, vuelve a Triana para escoltar los hundidos hombros de Dios bajo el peso de la cruz de carey o de la cruz del tiempo irreparable?

(Diario ABC de Sevilla. 16 de mayo de 2006)


martes, 25 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: PROHIBIDO HABLAR DE LA COSA



PROHIBIDO HABLAR DE LA COSA


Si «en Sevilla hay que morir», que dice el refrán del tanatorio de la Ese Treinta, y si «Sevilla tiene un color especial», que añade la letra Titanlux de Cadaval, yo no sé Triana... 

—Pues lo de otra sevillana: «No sé qué tiene Triana»... 

Usted lo ha dicho. No sé qué tiene Triana. O sí que lo sé: tiene dentro la gracia del mucho Cádiz que le subió por el río y que incluso sigue arribando cada tarde por la escalera de Tagua, con el fresquito de la marea. Negando la mayor, la mayor obra de José María Izquierdo, siempre sostuve que Sevilla no es la Ciudad de la Gracia: Sevilla es la Ciudad de la Guasa, que no es lo mismo. La Ciudad de la Gracia es Cádiz, donde hay un humor menos ofensivo, menos retorcido, que nunca va contra nadie, sino que tiene como fin hacer feliz a la gente frente a las adversidades de la vida. Quizá Triana tiene algo de esto. Si se fijan bien, en Triana hay menos guasa que en Sevilla. El porcentaje de cristalitos en la barriga de Triana es menor que el de Sevilla, donde algunos tienen Cristalerías Erausquin enteritas. En Triana quizá hay más gracia que en Sevilla porque hay menos guasa. Más Cádiz y menos Sevilla. Más agua clara de la mar o del río y menos tierra para tirarla a los ojos del prójimo con un chiste cruel. Incluso hubo una artista que se llamaba Gracia de Triana. Que yo sepa, y que me corrija Daniel Pineda Novo, que se las sabe todas y las ha biografiado, no hubo ninguna que se llamase Gracia de Sevilla. 

Hago este largo exordio porque Triana sigue a plena producción como fábrica de gracia que luego cruza el río y hacen pasar por sevillana. Un lector, don Francisco Lama, me envía el mensaje de una foto con su correspondiente pie que circula por los interneses, al parecer creada por Manolo Peñalosa, supongo que ingenio eximio de la corte de Triana. Es la foto de un cartel puesto ante el mostrador de una tienda de Triana, parece que de repuestos de automóviles o ferretería, algo así. El letrero cuelga de una estantería como advertencia al público y dice: 

«Prohibido hablar de la Cosa». 

Como lo de «se prohibe el cante» o «prohibido escupir en el suelo por razones de higiene» de las antiguas tabernas de serrín, mosto y papalinas simpáticas que terminaban en un cante por fandanguillos ante el tomate con sal y los jartamuses (vulgo altramuces), en muchos establecimientos de Triana no se puede hablar de la Cosa. 

¿Que qué es la Cosa? ¿Qué va a ser? Lo que su mismo nombre indica: la Cosa. ¡Pues no está mala ni ná la Cosa! ¿Usted no ha visto cómo está la Cosa? 

—Desde luego, Burgos: ¡hay que ver cómo está la Cosa! 

Pues para felicidad de los trianeros, el cantón del Arrabal ha declarado muchos de sus territorios como jurisdicción exenta de lamentaciones por la Cosa. 

—Es que pones el telediario y se te caen dos lágrimas, de cómo está la Cosa. 

Pues por eso mismo. Si no se habla de la Cosa, seremos más felices. Ya está bien del tío vinagre que te viene y hace que se te caiga el alma directamente a los pies diciéndote: 

—Acabo de hablar con el territorial de un banco y me ha dicho que la Cosa está fatal, que la Cosa está mucho peor de lo que creemos y de lo que dice el Gobierno. 

—Como que la Cosa va cada día peor. Y los que saben dicen que cuando va a estar mal la Cosa es después del verano. 

Peor que la crisis, peor que la recesión, peor que la deflación y peor que la estanflación es la Cosa: que es la jindama en el cuerpo por todo lo anterior. Razón más que suficiente para que la gracia de Triana haya prohibido hablar de la Cosa. Vamos, que en la Triana marinera no se puede hablar ni del mapa de Juan de la Cosa. Si sería pesimista con la crisis del Nuevo Mundo de Colón, que en Triana le pusieron de mote Juan de la Cosa.

(Diario ABC de Sevilla. 7 de agosto de 2009)


lunes, 24 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: SOLEARES (TRIANIZADAS) DE TRIANA


SOLEARES (TRIANIZADAS) DE TRIANA

Desde que una madrugada de Domingo de Ramos, recién vuelto a casa con los pies rotos pero con el alma descansadísima, la escuché por el transistor, en vivo desde la calle San Jacinto, en las retransmisiones cofradieras de Canal Sur Radio, siempre me encandiló la voz «trianear», que creo inventó el capataz Vizcaya en la hermandad de La Estrella. Tanto me impresionó ese verbo, que en un solemne discurso que tuve que dar una vez sobre asuntos de Semana Santa, me atreví a rimar una definición de esa voz según el Diccionario nada académico de los recuerdos del paso de Cristo de La Estrella viniendo hacia Sevilla por el puente, con el izquierdo por delante y con ese trianero bamboleo que, río abajo, me evoca el paso de horquilla de los cargadores gaditanos. Me atreví entonces a preguntarme qué era trianear, pensando en el Señor de las Penas de la cofradía de La Estrella, y Triana sola me dio el cante: 

¿Que qué es trianear? 
Pues que un Cristo hasta sentao 
ande sobrao de compás. 

Al alcalde seguramente le tiene que pasar como a mí con el verbo trianear: que le encanta. O más todavía, porque el alcalde trianea tanto que hasta vive en Triana. Cuña de la misma madera, pues, la que le va a hacer la puñeta a Triana, poniéndola literalmente patas arriba con tanto cambio nadie sabe por qué ni para qué, como no sea para dar por saco a sus convecinos y para complacer al socio de gobierno que se ha convertido en el dictador de Sevilla con sólo 25.772 votos y que se llama Antonio Rodrigo Torrijos, por si no está claro. (Yo creo que el alcalde hasta tiene síndrome de Estocolmo con Torrijos y todo.) 

¿Pero es lo mismo trianear que trianizar, que es como llama el alcalde a hacer la puñeta al Arrabal y Guarda que estaba divinamente como estaba? No sé. ¿Ha querido el alcalde decir «trianear» en vez de «trianizar»? ¿Y qué es trianizar? Niño, ponme la cejilla en la primera del puente y vamos a ver si nos aclaramos por soleares (trianizadas) de Triana, y así vemos de paso cómo andamos de compás: 

¿Que qué es trianizar?/Ponerla como a Viena/ (con manteca colorá). 
¿Que qué es trianizar?/Disfrazarla de Estrasburgo,/ disfrazarla de Milán. 
¿Que qué es trianizar?/ Pues la calle San Jacinto / hacerla peatonal. 
¿Que qué es trianizar?/ Poner de Porcelanosa / Cerámica Montalbán. 
¿Que qué es trianizar?/Poner a las viejas fraguas/bombonas de campingás. 
¿Que qué es trianizar? /Que con coche al Altozano/no haya forma de llegar. 
¿Que qué es trianizar?/Poner carril-bici al puente,/no banderas de Velá. 
¿Que qué es trianizar?/Cuando protesta la gente/decir que no valen ná. 
¿Que qué es trianizar?/Decirle a los comerciantes/que se tienen que callar. 
¿Que qué es trianizar?/Poner más callá que al Mudo/a Triana en general. 
¿Que qué es trianizar?/Quitar los aparcamientos / y no haya donde aparcar. 
¿Que qué es trianizar?/Que ahora sea contramano/lo menos medio arrabal. 
¿Que qué es trianizar?/No saber ná de Triana/pero quererla cambiar. 
¿Que qué es trianizar?/Cambiar hasta las paradas/del autobús de Tussam. 
¿Que qué es trianizar?/Imponernos por cojones/su modelo de ciudad. 
¿Que qué es trianizar?/ El Bar de las Golondrinas/dejarlo en un mueble-bar. 
¿Que qué es trianizar?/Al Caballo de Triana/ponerlo a rejonear. 
¿Que qué es trianizar?/Pues que ahora el Patrocinio/sea el Esponsorizar. 
¿Que qué es trianizar?/Comprobar que los comercios/van a tener que cerrar. 
¿Que qué es trianizar?/Decirle como a Lopera:/ «Venga, alcalde,vete ya».


(Diario ABC de Sevilla. 26 de octubre de 2009)


domingo, 23 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: EN TRIANA SÍ PASSSA ALGO


EN TRIANA SÍ PASSSA ALGO


Con razón dicen que Triana es diferente. Triana es otra cosa. Ayer se demostró. En la Sevilla que calla, en la Sevilla que otorga, en la Sevilla cobardona del silencio y del aquí me las den todas, en la Sevilla del «¿para qué se mete usted en eso, si total...?», Triana se echó a la calle. Movilizada por una asociación vecinal con nombre de copla: Plataforma Trianera. A ese octosílabo redondo de «Plataforma Trianera» le enganchas unos cuantos versos detrás, como la jardinera del tranvía cuando pasaba por la calle San Jacinto camino de Coria, y te sale un pasodoble tan rotundo que tiene que venir a cantarlo una de las niñas del «Se llama copla». Y si lo dudan, vean y escuchen, con la música que cada uno le ponga por dentro, pues los versos la llevan puesta: 

«Plataforma Trianera,/mira qué pena,/ ay, qué tormento./Plataforma Trianera,/me desespera/el Ayuntamiento./A la calle San Jacinto,/ay, se la quieren cargar,/convertirla en laberinto/de zona peatonal./Triana de los corrales,/Triana de la Velá,/vas a decir lo que vales/a quien te quiere matar./ Y Triana se levanta/de la Cava al Altozano,/y dicen diez mil gargantas/del arrabal soberano.../ Dicen que es mucha Triana,/mucha fragua y mucho cante/para que no se levante,/al revés que el sevillano./ El que al otro lao del río/va y se conforma con tó,/y lo saben estos tíos/que buscan su destrucción./Que a Sevilla los ciclistas/ me la hicieron de carril/lo saben los socialistas,/lo sabe Monteseirín,/ que se aguanta con las setas,/setas de la Encarnación,/y no manda a hacer puñetas/como Triana mandó/la bimba y la bicicleta/, la bicicleta y la bimba,/y al tío de la Cachimba,/la madre que lo parió». 

Vamos, que tú cantas esto en «Se llama copla» y María Jiménez e Hilario te pasan a la final. En esa final de la ciudadanía levantada, de la voz de la sociedad civil que dicen que no existe en Sevilla, pongo yo ahora a Triana. Y añado una acepción al verbo «trianear» que acuñó el capataz Vizcaya junto a ese Cristo de las Penas que hasta sentao anda sobrao de compás. «Trianear: no callarse como hace el resto de los sevillanos y protestar porque quieran hacer peatonal la calle San Jacinto sin tener en cuenta lo que piensan sus sufridores vecinos y comerciantes, así como los trianeros que por allí tienen el camino más corto para ir a Sevilla». 

Me preguntaba una vez que dónde empieza Triana y dónde acaban Los Remedios. No es por donde están la cocina gitana de Valapié, las bocas de la Isla de Mariscos Emilio y la estatua de Rodrigo de Triana, me parece que todavía con el dedo roto, el dedo que precisamente apuntaba a América. Triana empieza donde acaba la resignación tragona y cobardona de Los Remedios. 

—¿Con Los Remedios se va a meter usted ahora, con la cantidad de lectores que tiene allí? 

Con Los Remedios me meto, tras la protesta trianera. ¿Usted tiene noticia de que en Los Remedios, aunque esté agonizando, aunque le hayan hecho la jangá máxima de la calle Asunción, se haya levantado alguien, se hayan echado a la calle en manifestación? Cuatro carteles locos en siete balcones de la calle Asunción y cuatro comerciantes con valentía y vergüenza es lo que hubo, y pare usted de contar. El trabajito que les costó a los pocos que protestaban que la gente firmara en los pliegos... Y con la calle Asunción, claro, hicieron lo que quisieron. Ante el silencio del propio PP, que, claro, no va a protestar en nombre de sus votantes de Los Remedios, porque les van a decir que nada más que se ocupan de los barrios pijos, ellos sólo se ocupan de los bancos que faltan en Bellavista. 

Y, en cambio, ahí tienen a Triana en pie, excepción que confirma la regla. En Sevilla, ya se sabe: No Passsa Nada, y así nos va. Menos mal que en Triana Sí Passsa Algo.


(Diario ABC de Sevilla. 20 de octubre de 2009)


viernes, 21 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: LA MISIÓN TRIANA


LA MISIÓN TRIANA


Oí por la radio que la NASA iba a mandar a los cielos preciosos de los techos de los cines de verano (que ya no quedan) una llamada Misión Triana, y me puse la mar de contento, como trianero que soy de esta banda del Arrabal y Guarda llamada Arenal de Sevilla (y olé, Torre de etcétera). Leí luego en sevillanas gacetas los detalles, y en vez de la mar de contento me quedé sólo el río de contento. Creía que se trataba de una compensación americana a Sevilla por la propaganda que Clinton hace a Granada. Que en la NASA se habían dicho aquellos sabios doctores de las batas blancas:

- Niño, que en Sevilla están una jartá de mosqueaos con la propaganda que le está haciendo el señorito don Bill a Granada y acusan a Washington de centralismo granadino... Así que en la próxima misión vamos a acordarnos de algo de Sevilla, para no dejar en mal lugar a don Bill ante estos señores, que con la que tiene en todo lo alto con la guerra, lo que le faltaba es que los sevillanos se le pusieran kosovares...

Y entendía yo que esos sabios doctores le habían puesto Triana de nombre a la misión como un homenaje a Sevilla. Ya se sabe: lo mejor de Sevilla es Triana, y, si no, que se lo pregunten a Francisco Rivera Ordóñez, que torea el sábado con un muchacho de Camas que está empezando y que tomó la alternativa el otro día en Valencia. Pero resulta que nada es nunca lo que parece. Resulta que lo de Triana a la expedición científica de la NASA no se lo han puesto por el Arrabal y Guarda, sino por Rodrigo de Triana...

- Pero si Rodrigo de Triana resulta que ni se llamaba Rodrigo ni era de Triana, sino que era de la parte de Huelva, una cosa así como Martín Berrocal, pero embarcado con Colón...

A eso voy. Que para una vez que el nombre del Cantón Independiente de Triana, que la Patria y Nación Gloriosas de Triana suenan por el mundo, es así como de cagalástima. Resulta que para la NASA, Triana no es ese galeón de sueños varado a la orilla del río, frente a una barriada buenecita que tiene, que se llama Sevilla. Para los americanos, Triana es el apellido de un señor que gritó "¡Tierra!", porque no te digo, Rodrigo, que ni se acuerdan de su nombre.

Como Triana tiene pulso, y fuerzas vivas, y cofradías con personalidad que agrupan al Arrabal, y hasta medios de comunicación, espero que se levante unánime su voz contra esta tropelía, encabezada por José Luis Manzanares. Hombre, Triana es mucho más importante que Rodrigo de Triana y merece, sola, todo honor y toda gloria de la NASA en sus proyectos. Proyecto, por lo demás, chungaleta, (para qué vamos a engañarnos) éste de la Misión Triana. Consiste en lanzar un satélite para colocar una cámara en el Punto Lepe de gravedad entre la Tierra y el Sol, y digo Punto Lepe porque se trata del punto neutro de gravedad, cero grado, ni pá un lao ni pá otro. Una cámara como las de Tráfico de la tele de por la mañana, que permitirá que los niños vean por Internet a Triana desde Triana, esto es, al mejor cahiz de orilla desde la Misión Triana. En lo cual se van a gastar 5.000 millones de pesetas.

- Pues con 5.000 mil millones sí que se ponía a Triana propiamente dicha de dulce...

Ya lo creo. A ver si se lo decimos al baranda de la Misión Triana, al profesor Francisco Valero, que tiene que ser un primo que Nicolás Valero tiene en California, en la Institución de Oceanografía de La Jolla. Sin premio. 


(Diario El Mundo de Andalucía. 15 de abril de 1999)



jueves, 20 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: LA MODA DE LAS ABACERÍAS


LA MODA DE LAS ABACERÍAS

Yo no sé en otras ciudades, pero en Sevilla hay modas hasta para poner comercios. De una cosa o de otra, según soplen los vientos. Esta moda sevillana me la descubrió hace muchos años el pintor Francisco Cortijo, que era barrio puro de Sevilla, ciudad que contemplaba desde el distanciamiento de su estudio de Alcalá de los Panaderos, que también podría ser llamada Alcalá de los Pintores. Cortijo me dijo un día:
—En Sevilla los negocios se ponen por modas. Una vez hubo la moda de comprarse un motocarro para dar portes. Los tres o cuatro primeros que se compraron el motocarro, le sacaron el dinero. En vista de lo cual, muchos otros los imitaron, y se compraron el suyo. Pero en Sevilla no había portes para tanto motocarro, y se terminaron arruinando todos. Luego los que se salvaron de los motocarros se compraron una furgoneta DKV, que era la de aquella época, y lo mismo: tantas furgonetas pusieron a dar portes, que ya no fue negocio para nadie. Luego vino la moda de las tiendas de electrodomésticos, y así sucesivamente. 

Sí, aquí somos muy emprendedores...por las que hilan. Al emprendedor le salen inmediatamente siete mil imitadores, y como nunca hay negocio para todos, acaban pegando el barquinazo colectivamente. Con las tiendas de electrodomésticos pasó así. ¿Dónde están aquellas tan famosas hace veinte, quince años? Todas cerraron, a manos de las grandes superficies especializadas en línea blanca. Después de las tiendas de electrodomésticos vino la moda de las butics. Sevilla se llenó de butics, especialmente Los Remedios. Todas las señoras desoficiadas que no tenían nada que hacer ponían una butic con una amiga. Y como abrieron tantas, y las dueñas ni eran del gremio del comercio ni Mercurio que lo fundó, ni le echaban cuenta a la tienda, pues la mayoría fueron al garete. Muchas de ellas se reconvirtieron en tiendas de artículos de regalo. ¿Tantos regalos se hacen en Sevilla para que haya tal cantidad de tiendas de regalos absurdos y de maritatas imponentes, muchas de ellas hasta con baratijas traídas directamente de la India? 

Y ahora, la moda de las abacerías. ¿Cuántas abacerías clónicas han abierto en Sevilla en los últimos tiempos? Abacerías con pretensiones de antiguas, que, además, no son tales abacerías, sino tabernas por lo fino o bares con pretensiones historicistas. En Sevilla, que yo recuerde, hubo una sola abacería: la Abacería del Faro. Estaba en el mismísimo Puente de Triana, frente a la capillita del Carmen, en el edificio del Faro que construyeron como estación marítima de los vapores que iban a Sanlúcar, junto a la escalera de Tagua. Yo recuerdo de niño aquella abacería del puente, y no tenía nada que ver con las que ahora pasan por tales. Aquella abacería era lo que dice el Diccionario que son estos comercios: «Puesto o tienda donde se venden al por menor aceite, vinagre, legumbres secas, bacalao, etc.» De copeo y tapeo no había el menor asomo en las verdaderas abacerías antiguas. Y en la trianera del Faro hasta vendían loza, cacharros cartujanos con averías, pero no despachaban ni una gaseosa. 

Porque para mí que se han confundido, y que nos hacen pasar por abacerías las que fueron tiendas de montañés: el establecimiento que tenía medio local dedicado a ultramarinos y comestibles y el otro medio a barra de taberna, donde servían como tapas las conservas y embutidos y quesos que allí se vendían. Como fue el origen de La Flor de Toranzo con el recordado Trifón Gómez o como fueron Las Teresas con el difunto Plácido. ¿Pero abacerías estas que semejan antiguas tiendas de montañés? No sé, a lo mejor, como en tantas cosas, estoy equivocado. En tal caso, no he dicho nada, por mí que abran la Abacería de las Tres Mil y la Abacería de los Pisos del Chocolate. Que, al paso que vamos, están al caer.

(Diario ABC de Sevilla. 15 de junio de 2009)


miércoles, 19 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: ¡SARDINAS VIVAS, VIVA!



¡SARDINAS VIVAS, VIVA!

Como las farmacias de 24 horas que llenan la noche de Sevilla con la luz de una Cruz Verde que nada tiene que ver con el barrio de la Feria, en Internet siempre hay un trianero de guardia. Cuando no está Emilio Jiménez Díaz contemplando el mundo "Desde mi torre cobalto" (que es la de Santa Ana), están Ángel Vela Nieto o Rafael Martín Holgado vigilantes sobre los asuntos del Arrabal y Guarda en "Triana en la red". Blog que me trae los ecos de la vieja revista "Triana" que editaba aquella apasionada guardia pretoriana de amantes del barrio. 
Ahora Ángel Vela Nieto ha hecho desde ese Altozano o Monte Pirolo de Internet algo tan trianero como sevillano: el gorigori de un negocio que ha pegado el cerrojazo. Era un negocio trianerísimo: el puesto de sardinas asadas de la calle Betis. Tenía el encanto de la arquitectura efímera. Parecía un aguaducho o caseta de la Velá de Santa Ana al que le hubieran dado la venia para que se quedase todo el año. No era de mampostería, me parece recordar, no tenía cubierta a dos aguas, total, ¿para qué cubierta a dos aguas, teniendo al lado las aguas nutricias del río que dio, da y dará vida a Triana? 
El puesto de sardinas de la calle Betis tenía un nombre, puesto en azulejos, ¡lagarto, lagarto con esto de los azulejos en la calle Betis! El nombre era "Los Chorritos". Que recibía por los que de unas verdes mangueras de goma salían sobre el mostrador para limpiarse las manos en unas como palanganillas. Ciencia trianera pura. Sólo el agua fría, sin frotarse los dedos siquiera, le quita a uno de las manos el olor de las sardinas. Lo de "Los Chorritos" era tecnología punta contra el pestazo a sardinas en las manos, para que no se te vinieran detrás todos los preciosos gatos callejeros del Altozano. Ángel Vela Nieto nos da el nombre del inventor de "Los Chorritos" y creador del popular negocio: Paco Monclova. Aparte de los chorritos para quitarse la peste de sardinas, Paco Monclova inventó también la quiniela, como documentó en la revista "Triana"; pero como le ocurre siempre a los grandes inventores, nunca le reconocieron oficialmente la paternidad del invento, que no le dejó un duro. Paco Monclova y después su hermano Baldomero dieron esplendor al negocio, que renovaron en 1971, y que siguió allí hasta nuestros días. Siendo precisamente lo más clásico de una vieja calle Betis aún no terciarizada para el turismo, donde estaba el difunto Bar Puerto, un par de viejas tabernas y pare usted de contar, con el polvero de Campuzano y la consulta médica del abuelo de María García Corona. Y no como ahora, que toda la calle Betis es un puro bar de copas, restaurante, café o sitio desde donde sacan a los turistas las paellas de plástico ¡a las 10 de la noche! Por no hablar del antiguo e ilustre Kiosko de las Flores, trasladado desde el Altozano, que viene a heredar el decanato de Los Chorritos en una calle Betis que Abades Triana puso estilo NH, pero en cursilón de platos cuadrados.
Este Paco Monclova del que nos habla Vela Nieto fue el inventor del grito de guerra del puesto que ha cerrado. Grito que dio la vuelta al mundo por su gracia trianera, anunciando: "Sardinas vivas, ¡viva!". Y creó aquel otro lema histórico, hablando de las excelencias de sus sardinas: "No pican, empican". ¡Ole el dominio del habla trianera! Esta es la verdadera Triana, no un azulejo hortera de freidurìa puesto en la Zapata. A la que los pedantes al uso, por cierto, "allí le llaman El Malecón": que El Malecón está en La Habana y en mis Habaneras de Cádiz, joé, que en Triana la que está es la Zapata de toda la vida, como ha denunciado Carlos Navarro Antolín. Yo creo que las Sardinas Vivas se han muerto como señal de protesta por la desnaturalizaciòn de la calle Betis con el dichoso alicatado que estos catetos de los 20 Concejales, 20 (y Una Torre Pelli) quieren poner al grito de: "¡Malecón el último". Las sardinas vivas han muerto: ¡vivan las sardinas vivas y muera el alicatado de la Zapata!

(Diario ABC de Sevilla. 15 de septiembre de 2012)


martes, 18 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: MACARENEAR


MACARENEAR

Como cada soldado de Napoleón llevaba en su mochila el bastón de mariscal, cada sevillano tiene guardada en su ingenio una página genial para que se añada al diccionario con el relámpago de una palabra nueva, con el hallazgo de una comparación popular, con una voz de su invención que meta en tres o cuatro sílabas todo un mundo, como la vida entera cabe en los versos de una soleá. Un capataz del Arrabal y Guarda inventó un día el verbo «trianear», que es cruzar el puente y venir desde la otra orilla derramando arte y gracia con un palio o un paso de Cristo, para recordarle a esta banda de la ciudad heraclea que por algo tiene por santas patronas a dos alfareras que hacían loza fina y que se echaron de novio a Cristo como quien le habla a un mocito cartujano pintor de loza. Trianean los capataces y costaleros, como Manolo Bejarano, que al igual que los padres enseñan a andar a sus hijos, le enseñó a andar, con su inconfundible paso racheado, nada menos que al mismísimo Hijo de Dios, vecino de San Lorenzo. Trianean los cantaores del Zurraque y de la Cava con las viejas soleares de sirga y fragua. Trianea el Rocío, con la hermandad del Arrabal cantada en las coplas imborrables de los Hermanos Reyes desde una Castilleja que también trianea lo suyo en lo alto de su Cuesta. Trianean los alfares, trianean los recuerdos del muelle, trianean los pavías de la calle San Jacinto, trianean los vapores que iban a Sanlúcar con sus lentas ruedas de paletas a babor y estribor y que disfrazaban al Guadalquivir de Mississippi. 

Pero hoy, que es 18 de diciembre; hoy, que junto al Arco ha bajado las alfombradas escaleras de su trono la Divina Gioconda y ha puesto allí, tan reinona, su Corte de incienso, merino y terciopelo verde para que todos los que la proclamamos Verdadera Madre de Dios vayamos a rendirle la pleitesía de un beso en las más perfectas manos de las más Hermosa Mujer... Hoy, que los viejos armaos salen de la memoria de antiguas madrugadas de pañuelos blancos por una saeta de Manuel Torre y se ponen sus galas de casamiento para entrar en la basílica al rindan armas de la emoción, tras echar un cigarrito en la charlita del atrio... Hoy, que los espejos de las tabernas de la calle Anchalaferia saben que en la verdad de la basílica se puede contemplar el auténtico rostro de la misma Esperanza que desde un viejo cuadro preside todas las cuarteladas de la Plaza... Hoy, que es día de badila y de alhucema, de niebla mañanera y de vaho de bufandas que compite con el humo de los calentitos del puesto de Alfonso en la calle Andueza... Hoy, que es Esperanza pura de Sevilla a los dos lados del puente, caigo en la cuenta de que Triana trianea con la Virgen como salida de un besamanos de los años 50, cuando Alfonso Jaramillo ganaba el concurso de «La melodía misteriosa» en «Cabalgata fin de semana» y traía a Bobby Deglané para que le regalara a La Que Estaba en San Jacinto, tal como hoy en Santa Ana, esta rosa de plata que en la mano lleva, bajo estas lámparas de Muranos celestiales, ante estas macetas de helechos tan de Corral del Cura, tan de casa de vecinos de la Cerca Hermosa. Pero si Triana trianea, hoy, que es día de la Esperanza, Sevilla no sevillanea. Sevilla, cuando quiere alcanzar la perfección, se mira en la cara de la Madre de Dios y hace como hoy: macarenea. 

Un día me pregunté y me respondí a mí mismo: 

¿Que qué es trianear? 
Pues que un Cristo, hasta sentao, 
ande sobrao de compás. 

Hoy, que es día de la Esperanza, me pregunto: ¿Qué es macarenear? Y me responden los merlones de la muralla. Y me responde el tintineo de las mariquillas. Y me responde el Spes latino de la estampa del almanaque que cada año me manda Juan José Morillas. Y me responde una coronación de grandezas con una marcha de Gámez Laserna. Y me responde la saeta de La Marta. Y me responde la centuriana espada desnuda del Pelao. Y me responde la vara de hermano mayor de José Luis Pablo-Romero. Y me responden las campanitas del tintinábulo. Y me responde, rufando, el tambor de Hidalgo. Y me responden los ojos de estatua romana, ojos de llorar ante el Gran Poder, de los armaos: 

¿Qué es macarenear? 
¡Ver la cara a la Esperanza 
y jartarse de llorar!


(Diario ABC de Sevilla. 18 de diciembre 2008)


lunes, 17 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: HERNÁNDEZ DÍAZ Y BEJARANO, ELEGÍA POR DOS SEÑORES DE TRIANA


HERNÁNDEZ DÍAZ Y BEJARANO,
ELEGÍA POR DOS SEÑORES DE TRIANA


Todos los años, por estas semanas del otoño, se nos mete por las puertas una como segunda primavera, a la que no faltan ni jazmines, ni olor de dama de noche, ni muertes de vísperas de Semana Santa. Decía Romero Murube que la muerte, en Sevilla, se lleva a la gente por levas, por reemplazos. La sucesión de generaciones produce estas movilizaciones forzosas de las quintas. La Canina ya está llamando a filas a la quinta del 29, a la del 31. Ahora no deben acudir al Cuartel del Carmen de la calle Baños con unas ropas en una talega, sino más allá de la Venta de los Gatos. Más o menos de esas quintas deberían ser dos sevillanos de Triana o dos trianeros de Sevilla que acaban de ser llamados a filas, algo tan clásico y tan nuestro como un Pepe y un Manolo: Hernández Díaz, alcalde de la ciudad, y Bejarano, capataz del Gran Poder. Como ambos títulos tienen igual excelencia de protocolo y rango, hasta los podemos confundir y enrasar. Podemos decir que el uno fue capataz de la ciudad y el otro, regidor de las cuadrillas de costaleros. Dos trianeros distintos y una sola Triana verdadera. Un trianero de Sevilla, el Maestro Bejarano, catedrático de la Universidad del Martillo, y un sevillano de Triana, el Maestro Hernández Díaz, profesor de la Universidad de Sevilla. Ahora que Dios los tiene en su gloria, si me preguntan, me quedo con Manolo Bejarano. Fui alumno de Hernández Díaz. La poquita Historia del Arte que sé la aprendí en su clase de las 9 de la mañana en la Facultad de Letras. Era un magnífico profesor, con sus diapositivas, puntero en mano, con el que daba en tierra como golpes de martillo de capataz, mandando a su ordenanzas: "Otra, Blázquez..." Pero aquel profesor único, el que más sabía de Martínez Montañés y de la imaginería barroca sevillana, en llegado a alcalde, fue el regidor que firmó la sentencia de muerte de media Plaza del Duque para que la derribaran a efectos de la tarjeta de crédito del Cortinglés. Si un catedrático, precisamente de Historia del Arte, académico de Bellas Artes, autorizaba el derribo de las casas históricas sevillanas, quería ello decir que se levantaba la veda para la destrucción de la cuidad.

Por eso ahora que los dos han sido llamados a las definitivas filas del cuerpo de nazarenos de Sevilla, a mí me hubiese gustado que quien me hubiera dado matrícula de honor no hubiera sido Hernández Díaz, sino el Maestro Bejarano, en sus aulas de la parihuela del Gran Poder, donde impartía lecciones de señorío, de medida, de equilibrio, de perfección, de belleza. Hernández Díaz estaba en el Archivo de Protocolos, investigando en Juan de Mesa. Hernández Díaz buscaba, pero Manolo Bejarano, como Picasso, encontraba. En aquellos mismos años en que Hernández Díaz investigaba tanto, Manolo Bejarano no tenía que estudiar nada para que del arte de la colla del muelle, de la tradición de su padre Eduardo Bejarano, del arte supremo de Triana, le inventara un modo de andar al Gran Poder. El paso racheao debe ser añadido a los grandes inventos del hombre en el siglo XX: la informática, el motor a reacción, la energía nuclear... y el paso racheao, dirán las futuras enciclopedias. A efectos de Sevilla y de Triana, Bejarano fue más que Edison y más que Marconi. Le inventó un paso humano a una figura divina. Hernández Díaz estaba descubriendo en aquellos años que El Gran Poder era de Juan de Mesa. En aquellas mismas fechas, desde una taberna de la calle San Jacinto donde ejercía su señorío, Manolo Bejarano estaba descubriendo que Dios tiene exactamente los mismos andares que el Gran Poder cuando él lo llevaba con el paso racheao de su gente de Triana... 

(Diario "El Mundo de Andalucía", 22 de octubre de 1998)
Dibujo de Antonio Badía



domingo, 16 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: MONUMENTO EN VIDA


MONUMENTO EN VIDA

Para que Sevilla le levantara en el Altozano el monumento del escultor Venancio Blanco, Juan Belmonte, aun siendo Juan Belmonte, se tuvo que pegar un tiro en el cortijo Gómez Cardeña. Para que Sevilla le levantara en el cementerio el mausoleo de Mariano Benlliure, a Joselito el Gallo, aun siendo Joselito el Gallo, lo tuvo que matar el toro en la plaza de Talavera. Este es el verdadero basamento sociológico sobre el que desde hoy se levanta la excepcionalidad del monumento a un torero singularísimo: Curro Romero. Romero no ha tenido que tomarse el trabajo de morirse para que Sevilla le reconozca sus méritos en vida y los haga bronce, sin necesidad de tener dos cuartas de malvas encima. Romero quizá es tan Sevilla porque no tiene que ver con muchas cosas de Sevilla. Belmonte salía de nazareno en El Cachorro; Joselito era consiliario de la Macarena. Curro Romero en su vida se ha vestido de nazareno ni es de ninguna cofradía. Belmonte era de la calle Feria, aunque pasaba por Pasmo de Triana; Joselito, de la Alameda. Romero ni siquiera es de Sevilla: nació en Camas. Nuestra tesis es que si Curro hubiera nacido en Sevilla, la ciudad saturnal le hubiera aplicado la cruel ley que le hace devorar a todos sus hijos en vida y reconocerlos sólo después de muertos. Curro se salva porque Doña Andrea López lo parió en Camas. No sé yo qué hubiera pasado si Curro llega a nacer en la calle Castilla...

(Diario El Mundo de Andalucía. 1 de diciembre de 2011)



sábado, 15 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: TRIANA EN LA "GUÍA SECRETA DE SEVILLA"


TRIANA EN LA GUÍA SECRETA DE SEVILLA

Algo tiene el río que divide no solamente a la ciudad, sino a sus gentes. Cuando los trianeros han de cruzar el puente dicen: 
- Voy a Sevilla...
Cuando en la ciudad se habla de algo que ocurre más allá del río se afirma: 
- Sí, eso es Triana... 
Triana es el río, la influencia del río, las formas de vida del río; las riadas, el muelle, la apertura de las Indias...
Triana es resultado inmediato de la leyenda de viajeros extranjeros, de Washington Irving, de George Borrow, de Richard Ford, de Gautier, del Merimée...
Es cierto que antiguamente los gitanos vivieron en Triana: la actual calle Pagés del Corro se llamaba la Cava; una parte de San Jacinto hacia Los Remedios- era la Cava de los Gitanos-; de San Jacinto hacia Chapina era la Cava de los Civiles. Pero ya los gitanos viven en otros barrios de la ciudad, en el Polígono Sur, en Las Candelarias...
A Triana conviene entrar por El Altozano, a través del Puente de Isabel II. Una estatua de Venancio Blanco recuerda el lugar donde de chiquillo toreaba de salón Juan Belmonte, que aunque fue -el pasmo de Triana- no nació aquí y que vivió sus últimos días en la otra orilla, en el edificio del Hotel Cristina, en el Paseo de Colón. Pero el recuerdo es un Belmonte juvenil y hambriento, traído a hombros por el puente hasta su casa -sala y alcoba- en el corral de vecinos de la calle Castilla. O un Belmonte niño toreando en el Altozano, unos tiempos que él mismo recuerda en el espectador que le contemplaba desde la barandilla del puente, junto al edificio de El Faro, donde antes salían los vapores que hacían el recorrido hasta Sanlúcar:
- Oye, chaval -me dijo-.¿Tú dónde has toreado?
- En ninguna parte, señor.
Metió la mano en el bolsillo del chaleco y me dió un duro, diciéndome: 
- Toma. ¡Tú serás torero! 
En el Altozano queda un pintoresco quiosco y el ágora del barrio, que es la rebotica de la Farmacia de Aurelio Murillo.
Junto al Altozano quedan los recuerdos del Castillo de la Inquisición, trasladada aquí desde el convento de San Pablo. Este castillo, ya derruído, ocupaba el lugar del mercado, junto al río y al puente; fue entregado por Fernando III a los Caballeros de San Jorge y después por el asistente de Diego de Merlo a los inquisidores. En el castillo de Triana fue atormentada María Bohórquez, según Menéndez Pelayo -tierna doncellita, no más de veintiún años-. Aquí Sevilla puso fin a los focos heterodoxos del monasterio de San Isidoro y del palacio de doña Isabel de Baena. En el castillo muere preso el doctor Constantino Ponce de la Fuente, capellán y predicador de Carlos V, que acompaño en 1548 en su viaje por Flandes a quien luego habría de ser Felipe II. Con Juan Gil, -el doctor Egidio-, canónigo magistral de la Catedral, Constantino publica entre 1545 y 1551 la Summa de Doctrina Christiana. Ya muerto, en 1560 sacan una estatua suya del castillo de Triana para celebrar el auto de fe y, no pudiéndolo quemar en persona, arrojan al fuego sus huesos. ¿Qué hace Sevilla mientras en Triana se producen los horrores del Santo Oficio? Está de parte de la Inquisición, y hasta inventa coplas contra Constantino: 


Viva la fe de Cristo
y la Santa Inquisición
y quemen a Constantino
por malo engañador.

Muy pocos pueden escapar de las iras del pueblo y del Tribunal. Sevilla, mientras, está terminando de levantar la Giralda. Sus conventos, sus parroquias, quedan diezmados por el Santo Oficio. Pero el espíritu del barroco sale adelante, entre coplas y protestaciones de fe. Es algo que se repite en la historia de la ciudad, que siempre tiene un estricto silencio y un olvido de mármol para sus grandes heterodoxos, para los que protagonizan una voluntad de cambio. El silencio...Es la mejor hoguera para los que no piensan en levantar Giraldas y monumentos a la fe. porque los heterodoxos llegan hasta nuestros días. En Sevilla no se oye el nombre de Blas Infante, humanísimo defensor del Ideal Andaluz. Es como si aquí, en la Macarena, no hubiera nacido Pepe Díaz, primer secretario del Partido Comunista de España tras el IV Congreso, celebrado paradójicamente en el Pabellón de los Estados Unidos, en la Exposición Iberoamericana. 
Es la Sevilla siempre inquisidora, fina y fría en sus olvidos intencionados y en sus adhesiones tornadizas. 
Una Sevilla que permanece en un escalofrío en el Callejón de la Inquisición, portillo de repeluco que se abre hasta el río desde la calle Castilla, frente a Casa Cuesta, un bar muy popular en cuya cocina se pueden comer los platos más reales de la gastronomía trianera: pavís de bacalao, cola de toro, menudo, rábanos, remolacha aliñada, las secretas artes del adobo. 
Calle Castilla adelante nos encontramos la parroquia de la O y desde cuya sacristía el río tiene una perspectiva inédita. Por Castilla adelante otra vez, conviene entrar en el bar Sol y Sombra para admirar una curiosa colección de carteles de toros, antiguos y recientes, en la que hay uno que anuncia, como si fuera una lidia de pablorromeros, un reparto extraordinario de pan a los pobres. 
Pasando Chapina, se llega a la capilla del Patrocinio, donde recibe culto el Cachorro, impresionante escultura de Ruiz Gijón, que cuenta la leyenda retrata la agonía de un gitano de Triana llamado como el apodo que la devoción popular da al Cristo de la Expiración. Del Cachorro era hermano Juan Belmonte, y la tarde que se pegó un tiro en Gómez Cerdeña tenía ya sacada la papeleta de sitio para salir de nazareno el Viernes Santo acompañando a su Cristo agonizante, por cuya boca afirma también el saber popular que de madrugada entran y salen los ratones. 
Volviendo otra vez hacia el Altozano, desde el Callejón de la Inquisición puede tirarse por la calle Alfarería, recuerdo de los antiguos hornos. La calle lleva a la de Antillanos Campos, donde hay otro bar muy popular, Las Golondrinas, un paraíso para los que gustan de las aceitunas aliñadas, gordales, que son el mayor frente que se opone a las aceitunas manzanillas, endulzadas en salmuera.
Otro eje muy popular en la fisonomía de Triana es la calle de San Jacinto, donde estáa la iglesia de este nombre, sede de la cofradía de la Estrella. Tanto como de barrio, Triana conserva mucho de pueblo. Así, la calle Pureza, que también parte del Altozano, es como la principal de un pueblo andaluz, con las fugaces y bellas apariciones del río por las esquinas de Betis en las bocacalles de la izquierda. En la calle Pureza está la iglesia parroquial de Santa Ana, a la que llaman catedral de Triana, y no sin razón porque antes de que hubiera puentes sobre el río, las cofradís de barrio hacín aquí estación de penitencia. Triana siempre ha tenido pruritos de separatismo inconfesado con respecto a Sevilla; eso de mandar concejales a un Ayuntamiento que estaba al otro lado del río nunca le acabó de convencer. En este sentimiento colectivo, Santa Ana, un bellísimo templo del siglo XIII, le servía como pretexto. La construcción de la iglesia se comenzóo en 1280, en cumplimiento de un voto de Alfonso el Sabio, que prometió edificar un templo en honor de la señora Santa Ana- como se llama en Triana barrocamente a la madre de la Virgen-si curaba de un mal de clavo, una enfermedad de los ojos. En Santa Ana está la Virgen de la Victoria, procedente del convento de los Remedios, ante la que oraron los marineros de Elcano después de haberle dado la vuelta al mundo y llegar al Puerto de las Mulas, que era el que estaba en el río a la altura del actual puente de San Telmo. También la pila de los gitanos, que es tradición que todo niño al que se le echan las aguas en Señá Sant´Ana sale flamenco y con buena voz. Pero la tradición más curiosa dle templo es la del Negro, un raro laude sepulcral renacentista, documentado de Nicoloso Pisano, hacia 1503. Esta cerámica funeraria representa la imagen de un caballero, dicen que Iñigo López, dicen que un esclavo asesinado por el marqués a quién servía. Lo cierto es que en Triana existe la creencia de que la muchacha que le da una patada al Negro, se casa. Y, como puede imaginarse, la estela funeraria está ya hecha una pena, desportillada en su azulejería, de tantas patadas que ha recibido a lo largo de la historia por parte de mocitas casaderas. Suelen poner delante bancos, los obstáculos más impensados; pero siempre encuentran la forma de darle la patada de ritual a este anónimo casamentero renacentista.
La iglesia se abre a una pequeña plaza, de sabor muy pueblerino, donde está el Bar Bisté (malformación sevillana del plato de carne, por beef-steak), especializado en raciones de palomas guisadas. 


(Del libro "Guía Secreta de Sevilla". Editorial Al-Borak. Madrid-1974))


viernes, 14 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: MANZANARES Y EL ESTADIO



MANZANARES Y EL ESTADIO

Lo que más me gusta del Estadio Olímpico es la filosofía de su ingeniero, José Luis Manzanares: que Sevilla está capacitada para la técnica como la ciudad más avanzada. O más. Y me encanta la suprema discreción de sus arquitectos, Cruz & Ortiz. Pasan tan inadvertidos, que parece que el estadio lo hubieran hecho los políticos, los de la Junta de albañiles, los del Ayuntamiento de encofradores. En el Estadio Olímpico se ha hablado de todos: de los políticos que quieren hacer la campaña a su costa; de los ministros que vienen a chupar cámara llevando las carreteras hasta lo que otros hicieron y pagaron; de los que fueron anoche al palco regio.. Apenas se ha hablado de sus técnicos. Que han conseguido tiempos de marca, marca olímpica. O marca Triana, como Manzanares. 

Son las paradojas de Sevilla. Es de Triana, a la orilla del Guadalquivir, y se llama Manzanares. No les extrañe, pues, que escriba sobre él, desde Sevilla, uno que se llama Burgos. Es la geografía loca de la toponimia de esa media Sevilla que viene de judíos que se hicieron cristianos viejos de ojaneta adoptando por apellidos topónimos castellanos. Desde Triana, siempre en la banda derecha del río, la banda del toreo, la banda de las hermandades históricas del Rocío, Manzanares ha liado un lío importante llamado Ayesa. Otros trianeros, cuando se llaman Emilio Muñoz, forman un lío y salen por la puerta del Príncipe, desde donde los llevan hasta el puente. La Puerta del Príncipe de este trrianero es hacer esos puentes, como el del Cachorro, del que dije en el "Diccionario Secreto de la Semana Santa" que era una saeta al Cristo de la Expiración en forma de puente. Una saeta por Vallejo, pero no Vallejo el cantaor, sino Vallejo el de los toldos. 

Manzanares vive en esa parte de Triana a la que llaman Los Remedios, uno de los cuatro puntales finos que sostienen al Arrabal y Guarda. Tiene su estudio y su tinglado de Ayesa en la banda trianera. En la banda trianera hizo el puente del Cachorro. Y en la banda trianera ha hecho ahora el Estadio Olímpico. Como trianero antiguo de aquellos embarcados en los vapores de Ybarra, coge río abajo y como en la canción de María Dolores Pradera se va del puente a la alameda, del puente de Triana a la Alameda limeña y virreinal de Chabuca Granda, para hacer en Perú autopistas, presas y lo que se tercie. Siendo un Japón de Coria, es normal que haya llegado al Perú, como los Japones de Tokio, porque es sabido que la gente de Triana vale un Perú. 

Y como la gente de Triana antigua sabía tanto de velas y de toldos, y Manzanares es hombre de tradición del barrio, les revelo que ha puesto su atrevida cubierta del Estadio como si colocara una vela en la casa de su madre, en la calle San Jacinto. Habrá habido en el proceso de construcción del Estadio un momento estrictamente de novela trianera de José Andrés Vázquez, cuando Cruz y Ortiz, mirando hacia la cubierta, le dijera a Manzanares y a la cuadrilla de técnicos de tejidos novísimos y de tecnología punta: 

- Niño, echa la vela... 

En esta Sevilla tecnológicamente a dos velas, donde lo que vende es el topicazo de la fiesta y del miarma, Cruz, Ortiz y Manzanares han hecho una raya en el agua, al demostrar que somos capaces de lo que sea, que lo hacemos mejor que todos los europeos juntos, más rápido y más barato. En el caso de Manzanares, ni que decir tiene que esa raya es en el agua del Guadalquivir cuando pasa junto a la capilla del Patrocinio. Cuando Gil hable del Estadio del Manzanares se van creer que es el del trianero José Luis. 


(Diario El Mundo de Andalucía. 6 de mayo de 1999)