En estos días, tan tópicos y típicos,
de desmadre común y de locuras,
quiero brindar mi copa con vosotros,
alzarla al cielo y estrellar nuestros vidrios
de mutuas emociones y esperanzas.
Se acaba un año, ¿y qué?,
ya nacerá el siguiente con nuevas ilusiones,
o con nuevas tristezas, nuevas guerras
y más gente en pateras entregando sus vidas
a esta sinrazón que llaman mundo.
Alza tu copa, hermano, y llora
por la emoción de estar vivo
muy a pesar de todos los pesares.
Aunque no sepas cantar, canta.
Aunque no te haya tocado ni el reintegro, canta.
Aunque estés viudo y solo y pobre, canta.
Aunque tu soledad sea tan canalla, canta.
Sólo el cantar premia a los desheredados.
Hoy estoy yo cantando fiando en el futuro.
Estoy loco, es verdad, pero qué importa
pegarse un homenaje en estas fechas
en las que todos, por no sé qué misterio,
nos volvemos tan locos de repente.
Si crees en Dios, canta en su nombre.
Y si no crees en Él, canta a la vida.
Mas nunca desfallezcas. Canta.
Cántale al hombre nuevo,
al agua que se cruza en tu camino,
a la carta del banco, a la de Hacienda.
Pon un tercio al cante de tu vida
en esta Navidad que se nos viene encima.
Tú eres un hombre de buena voluntad.
Y no quiero que me dejes por embustero, amigo.
Felicidades a todos:
Emilio















