jueves, 11 de marzo de 2010

DESDE MI TORRE: ¿DESPEDIDA POR FANDANGOS?

Lo del tema de la dimisión del alcalde Monteseirín se está convirtiendo en una película de suspense al estilo más puro de Alfred Hitchcock. Un día dice que se va. Griñán dice que cumpla la legislatura. Él envía a los medios una carta que confiesa haber escrito hace tres meses. Está, pero no está. El martes tenía que presentar la programación de la Bienal, pero no apareció por el Salón Colón. Amaga con que su despedida será antes del mes de Julio, pero parece que va a ser la próxima semana. Él quiere dejar a un alcaldable de su cuerda. La ejecutiva dice que eso tendrán que decidirlo ellos. Quiere salir por la puerta grande, pero todo indica que lo hará por la del Arquillo. Dice en su despedida que ama a Sevilla, que le ha dado tanto. Sus contrarios comentan que Sevilla no le ha dado nada, que él se lo ha llevado por la cara. Unos le silban y abuchean. Otros le lloran, le aplauden y gritan en la Plaza Nueva cantándole las sevillanas de Manolo Garrido. "No te vayas, todavía, no te vayas, por favor...

Esta es la sinopsis del guión: un profesional de la medicina, nacido en La Rinconada, sin mucho nombre en la ciudad, quiere hacer carrera con la política, y cuando ya han pasado los guantazos de La Gavidia, antes y después de la transición, cuando se derogan los palos y las cargas policiales y los registros, va y se apunta al PSOE e inicia su carrera como concejal en Burguillos allá por 1979. Tiene mañas y promete. Asciende vertiginosamente y conoce lo que es ser diputado y presidente de la Diputación, y lo más: ser alcalde, desde 1999, pactando con quien haya que pactar, de la "Muy noble, muy leal, muy heroica, invicta y mariana Ciudad de Sevilla", que guarda en la postdata de su leyenda el título añadido de "Muy voluble", título terrorífico que ningún alcaldable quiere leer cuando se acerca por primera vez a la poltrona. Se cree un hombre del Renacimiento del siglo XXI (fagamos una obra tal que las generaciones venideras nos tengan por locos, etc.) y se inventa peatonalizaciones, restricciones, tranvías que no llevan a ninguna parte, setas que se mueren por falta del alimento de la madera, construye cientos de kilómetros de carriles bici y destroza la imagen natural de Sevilla por todos sus flancos. Un buen día, como no saca mayoría, se alía con un tal Antonio Rodrigo Torrijos, un comunista que le hace imposible la vida y el poder. Sevilla, los ciudadanos, le hacen el vacío, las instituciones también, y cae, cae y cae en un abismo que lo acerca a la muerte (política, se entiende). Ante tal rodeo, ante tal asedio, morado de cardenales y grogui por los comentarios de la prensa, de su socio y de su propio partido, decide que se va, dejando atrás una estela de malversaciones "entrecomilladas" y a algunos de sus más allegados pasando por los juzgados un día sí, otro no, y el del medio también. Pero no se quiere ir sin nada, quiere su óbolo por cuanto ha hecho y pide otro puesto político en el que con su experiencia pueda desarrollarse. Él se considera un gran hombre. "Alfredito buenagente" lo llama el periodista Paco Robles. Otros, un maestro de la academia de Monipodio. Los más, ni lo quieren ni lo iban a votar en la próximas municipales aún siendo de su propio partido. Opta por lo mejor para no suicidarse: intentar sentirse amparado por sus siglas. Al final, termina como mal médico en un ambulatorio de barrio.

-¡Pedazo de guión, Alfred, pedazo de guión! ¿Y qué titulo le va a poner a la película?

-Bueno, bueno. En sus inicios yo podía haberle puesto "El jardín de la alegría", por aquello de que ser alcalde significa, sin duda, una alegría merecida, y más en ese jardín de las plazas Nueva y de San Francisco, en pleno centro de la Ciudad, con chófer y aparcamiento gratis, con la visión de la cercana Giralda, con las tapitas clásicas del mediodía en la Flor de Toranzo, o en Enrique Becerra, o en Casa Moreno... Pero, después, el poder te puede y cada cosa que hagas está vigilada desde "La ventana indiscreta". Cuando te peleas con tu socio, en ese caso con un tal Torrijos, y brindas con él en algunos contubernios, el título puede variar y bien puede ser el de "Las uvas de la ira". Claro que, como tienen que seguir juntos para vivir uno de otro, unidos por el cordón umbilical del Poder, la película podría tener el título de "Encadenados", demasiado corriente para mi inteligencia. Yo me inclinaría por ponerle al guión el de "El hombre equivocado", porque siempre lo ha estado desde 1999. El de "Atrapa a un ladrón" no me gusta, primero porque no lo es y, después, porque mira lo que pasó con Juan Guerra "El hermanísimo", que al final decían que ni fue ladrón ni nada, derrocó el régimen de Felipe González y si te ví no me acuerdo. No, no me gusta ese título. El de "Los pájaros" sí me agrada más y cuadra con el guión: ¡Menudos pájaros los de la "robleriana" Granja de San Francisco. Pero sería muy vulgar!... ¡Es que es tan difícil! No le voy a poner "Cortina rasgada" porque, como se come las uñas con los nervios, es totalmente imposible la rasgadura. ¿Sospecha?, sí, ese puede ser un buen título para el guión: Mercasevilla, Caso Macarena, facturas falsas, dineros extraviados que no se pueden justificar, Metrocentro, Mierdabienal de Triana... Sí, sí, puede ser un gran título, aunque demasiado breve para tantos desafueros. Cuando pactaba con el Partido Andalucista y más tarde con Izquierda Unida, porque le faltaban votos para el gobierno de la alcaldía, tenía muy claro que el título podría ser "De entre los muertos", porque resucitaba cuando la garganta se le ahogaba mirando la pantalla de las votaciones. Pero no, tampoco me gustaba. Ya, alegremente, gobernando con el señor Torrijos, al que llaman "El Cachimba", alcaldaba "Con la muerte en los talones", tenía "Psicosis" y le entró un tic nervioso que lo lleva a su final, hasta intentar lograr, para el futuro, "El discreto encanto de la burguesía", el mismo que logró Felipe y Guerra y Boyer... y algunos socialistas que dejaron el mensaje de Pablo Iglesias a la altura del betún.

-¿Pero, entonces, maestro Alfred, no se decide por ningún título para tan maravilloso guión?

-Sí, pero me quedo con un el título de un fandango de Huelva que hizo popular un tal cantaor llamado Paco Isidro, porque este hombre dice que se va y no se va; que quiere irse, pero no lo dejan; que deja de trincar, pero quiere seguir tricando...

Aunque me voy no me voy,
aunque me voy no me ausento;
que yo me voy de palabra
pero no de pensamiento.
Aunque me voy no me voy.


-Pues se tendrá que aclarar, digo yo, don Alfred. A mis amigos sevillanos los tiene más liados que cuando hay que bailar la cuarta "sevillana". ¿Por qué no simplificamos y le ponemos el título que le pondría cualquier chirigota de Cádiz: "¿Te quieí ar carajo, tío?".

6 comentarios:

  1. A mí me gustaría sentirme orgullosa de mi alcalde, del de Sevilla y del de Triana, porque creo en la democracia, creo en que las instituciones tienen que ser respetadas y creo que es muy importante que los poderes públicos los ocupen personas de bien, con talento, con entusiasmo y honradez.
    Pero es que a veces nos lo ponen tan difícil, que creer es mucho más que un acto de fé.

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  2. Emilio Jiménez Díaz11 de marzo de 2010 a las 22:23

    Me conoces y sabes que siempre he sido respetuoso con las personas, con los jefes que me han mandado en mi trabajo, con todos los que se han cruzado en mi camino y, por supuesto, con la opción salida de las urnas. Mi Presidente del Gobierno fue Adolfo Suárez y Leopoldo y Felipe y Aznar, y Zapatero... y el que salga. Para eso está la democracia. A mí, como a tí, me encantaría presumir de un alcalde con dignidad, dignidad para gobernar y dignidad personal. Tanto y tanto respeto a las instituciones y a quienes las representan, que, por pudor, silencio muchas cosas que conozco de primera mano.
    ¡Creer en la política es mucho más que un acto de fé, como tú dices, es una auténtica idiotez. A mi edad se puede ser varias cosas, pero nunca idiota!

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  3. El problema es la falta de respeto de los políticos hacia nosotros. Amparándose en las mayorías cometen actos delictivos que el propio sistema termina por diluirlos y finalmente siempre son presuntos.Estamos obligados a respetar a los políticos pero siempre y cuando el político nos respeten a nosotros. Tal vez ante tanta corrupción hemos terminado por dejar de creer en ellos.

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  4. Estoy a la espera del Congreso Regional del PSOE. Mañana estoy de viaje, pero analizaré el domingo lo que haya salido de allí. La corrupción, aunque sea mínima, tiene que desaparecer. Si ellos no creen en Cristo -y me parece muy bien-, ¿Por qué tengo yo que creer en ellos y comulgar con las ruedas de molinos del "mangonazo", del paro, de una Andalucía que nunca arranca siendo la región de toda Europa con mayor número de funcionarios? ¡¡Que me demuestren esos 100 años de honradez de los que siempre hablan y hablan!!!

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  5. Pues yo no tengo ninguna esperanza. Mira lo que ha ocurrido con el nuevo reglamento de centros educativos. Se atisbaba cierta esperanza de mejora y la Junta se ha tenido que plegar ante los sindicatos, que no representan a casi nadie, pero que imponen su opinión. En Educación, al menos, que es de lo que me ocupo hace 35 años, la esperanza es una palabra que cada vez significa menos.

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  6. Yo tampoco tengo ninguna. Felipe se quitó de encima a Escudero; Guerra a Borbolla; Zapatero a Chaves..., y los relevos se siguen haciendo a "dedo", como en lo mejores tiempos..., pero sin "motorista".

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