No es el primer caso de un inmigrante como tú que devuelve el dinero encontrado. Cito de memoria un caso muy parecido hace algunos años en la carretera de la Esclusa. Los vecinos a los que ves cada día te han tildado de tonto, ya que saben la falta que te hace a ti el dinero y con la facilidad que se lo llevan los gobernantes de nuestro país.
Lo que tú has hecho no es una hazaña, sino lo que todos deberíamos hacer. Tus claras palabras las han recogido los medios: "Me dicen que podía haber cogido el dinero y tirar el maletín a un contenedor, pero yo no soy así y, además, a Dios no le hubiese gustado. El dinero no era mío. Si yo tengo un céntimo, un dólar, es lo que tengo, pero robar...."
Has saltado a todas las páginas de los periódicos, a las ondas y a los programas de la tele por algo que debería ser normalísimo: devolver a la sociedad lo que no es de uno. Pero hoy en día, y tal como están las cosas, tu gesto es una heroicidad. Espero que Triana -y desde aquí envío mi mensaje a Ángel Vela y a la Comisión de la Velá del próximo año- te nombre como Hijo Adoptivo de este arrabal.
Si ese dinero lo trinca Montoro, Urdangarín -que a lo mejor no sabes quién es, su mujer, o los cientos de miles de trincadores que aparecen cada día en escena-, desaparece, por arte de magia, como los trucos del gran mago húngaro Houdini. Aquí, en este país en el que resides, terminando tus estudios de medicina y vendiendo pañuelos por mi entrañable Tardón, no son cuarenta, como los de Alí Babá, sino cuatrocientos mil los que se hacen sus leyes para dejarnos totalmente en pelotas.
Yo, a la vera del San Martín de Porres, negrito como tú, en el altar que tiene en la iglesia conventual de San Jacinto, te erigiría el mejor retablo de Juan Borrero, con adornos de plata de Armenta y con el pan de oro de Jiménez, en cuya cartela rece en grandes letras que eres santo, santo y santo, el único hombre que ha devuelto a su dueño el dinero que no le pertenece. ¿Tomará ejemplo Hacienda?