sábado, 9 de febrero de 2013

MIS CRÓNICAS DE TRIANA (14)


UNA VUELTA EN EL TRANVÍA (1)

Parece que fue ayer cuando veíamos por los sitios trianeros del puente y del Altozano, y por las calles de San Jacinto, Castilla y la Avenida de Coria, correr renqueantes por su ancianidad a aquellos viejos tranvías de amarillo chillón, a los que la guasa popular bautizó como el “peligro amarillo” por los muchos accidentes que producían. Pero antes, mucho antes -tiempos que no pudimos alcanzar a conocer-, concretamente el 31 de enero de 1889, se firmó el acta para la concesión del ramal de Triana, cuya explotación se realizaría con un “tranvía de fuerza animal”, lo que vulgarmente se conocía como “tranvía de mulas”.

El exquisito poeta sevillano Rafael Laffón, que vivía en la calle Betis esquina a Arfián, y que sí llegó a conocerlos en su niñez, nos relató lo siguiente en su libro “Sevilla del buen recuerdo”: “Me llevaban a la parada, en la confluencia de San Jacinto y San Jorge, más o menos donde cantaba sus viejas glorias, dignas de don Serafín Estébanez Calderón, aquel tabernáculo apodado El Berrinche, último baluarte del “monte, salto y camonina”, de los tahúres que escribiera con gracia el inolvidable Rafael Porlán. La elevación sistemática de la rasante de la calle San Jacinto, suavizando la rampa trianera del puente había sumido al mugriento y fétido Berrinche en una especie de foso lóbrego y estrecho, los balconcillos derrengados, al alcance de la mano del transeúnte de la calzada”. Curiosamente, un tranvía, ya eléctrico, se empotró en la fachada de esta célebre taberna el día 2 de mayo de 1912, diez años más tarde de que se aprobase la instauración de la tracción eléctrica en nuestro barrio.

Tanto se incrementó el servicio de la “The Seville Tramways Company Limited” que a la cochera general de la Puerta Osario, que comenzó a construirse el año 1898, se unió tres décadas más tarde la de Triana, cuyas obras se iniciaron a finales de 1928 en terrenos colindantes a la desaparecida Huerta de San Jacinto, y que albergó en ella todos los servicios correspondientes al barrio, el célebre tranvía de la Puerta Real y los pertenecientes a las líneas interurbanas de San Juan, Gelves, Coria y Puebla del Río, así como los de Tablada, La Pañoleta y Camas, pretendiendo también albergar los coches de una línea proyectada a Castilleja de la Cuesta que jamás llegó a iniciarse.

Precisamente el último estertor tranviario fue el de la línea de Puebla del Río el 17 de enero de 1965, casi cinco años más tarde que el último de los servicios urbanos, que durmió el sueño de los justos el 8 de mayo de 1960, tranvía de la línea 17 que hacía el recorrido Gran Plaza-Puerta de la Carne.

Los tranvías de nuestro barrio eran los correspondientes a las líneas 5 y 6, más los interurbanos, señalados con la letra A para los de Puebla del Río, con la B para los que hacían el recorrido Barrio León-Patrocinio-Camas, y con la C para los que llevaban a Tablada, más conocido como el tranvía de los “quintos” porque siempre iba lleno de soldados que cumplían su servicio militar en dicha base.

En otra vuelta que demos por “Triana Crónica”, viajaremos sin billete por sabrosas anécdotas que tuvieron a nuestro arrabal y al tranvía como protagonistas, eso sí, haciendo caso a la coplilla que circulaba en aquellos años: La Compañía de Tranvías / ha puesto muchos inspectores, / por mucho que sepan ellos / más saben los cobradores. ¡Lo dicho: les espero en la próxima parada!


(Triana Crónica. Nº 14. Marzo 2012)

6 comentarios:

  1. angel bautista guerrero9 de febrero de 2013, 19:15

    Emilio debías de decir los dos nombres que te callas, pues callando nos hace sospechosos a tosa la comisión.

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  2. No sé qué tiene que ver esta crónica tranviaria con lo que dices.

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  3. angel bautista guerrero9 de febrero de 2013, 19:35

    es que no me entran los comentarios en triana en la red. Es donde debería ir

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  4. Te envío el enlace:
    http://trianaenlared.blogspot.com

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  5. Fantástica crónica. No viví los tiempos de los tranvías pero me encantan sus historias.

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  6. Yo tuve la suerte de vivirlos con papá y mamá y de sentir lo que era una excursión a Gelves, Coria del Río y La Puebla. ¡Eran mis grandes paseos!

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