miércoles, 30 de enero de 2013

DESDE MI TORRE: UN DÍA SIEMPRE EN LA MEMORIA


Hoy, cuando se cumple el año de tu desaparición física, he querido recordarte así: con tu sonrisa eterna en los labios, contagiada de luz y contagiadora de felicidades profundas. Isla Cristina te atraía, y allí, en las aguas de su mar azul-verdosa, en claro acuerdo con tus hijos, arrojamos a su cofre marisalado tus cenizas en un momento que jamás se borrará de nuestras memorias. Cuando el enero del 2012 se hacía anciano en el almanaque, el día 31 formaste una estela de purpurina plata sobre las serenas olas que rendirían paso a la ría. Tú, también rendías el tributo de tu vida. No hablamos en aquel mediodía tan perezoso y triste. Todo era tan anormal, como nuestras vidas al filo de tu ausencia, que no acertábamos con las palabras para consolarnos. Con entereza ejercí de padre, pero me tumbaban los ojos de tus hijos, que reprimían sus lágrimas mientras yo me ahogaba por dentro. ¡Adiós, Lola, te lloré en un suspiro ahogado! ¡Adiós, madre, seguro que te cantaban Myriam, Pablo y Emilio cuando ya te ibas para siempre! ¡Adiós, buena amiga, sentí que decía desde el puesto de timonel nuestro gran amigo isleño Pedro Quesada...! ¡Adiós, Lola, adiós, cantaron los pinares cercanos, y las salinas de "El Pozo del Camino", las callejas de Isla, el chiringuito de la Punta del Moral, las olas de la cercana "Casita Azul", las carrozas carnavalescas que tanto te gustaban y hasta las macetas del hotel donde pasamos nuestras últimas y más felices vacaciones, bien llamado "El Paraíso"...! 

Hoy sigo sintiendo, mi mano fría, helada, como aquel 30 de enero de hace un año, cuando la tuya dejó de latir a las dos y cuarto en punto de la tarde; mis manos sin el calor de las tuyas, mis ojos hundidos de memorias cuando los tuyos se apagaron para siempre; mis labios huérfanos de sonrisas desde que el rictus de la muerte apagaron los tuyos... Hoy continuo sin estar en mí, notando que el paso de los días me pesan como losas, que llego a casa y no estás, que nadie mantiene mi palabra, ni calienta la cama, ni espera mi beso, ni se queja o me agradece algo. Parece que fue ayer y ya ha pasado un año, el año peor de mi vida, el que me ha marcado para siempre. Cuando doy mi paseo diario por el bulevar, buscando el sol en este invierno a la hora puntual del Ángelus, observo a las parejas, aún mayores que nosotros, caminando sin prisas, y me da una tremenda y sana envidia. Dios te robó a ti y a mí veinte años de la vida. Ninguno nos hacemos la idea de que ya no estés con nosotros. Todos te recordamos siempre y tus nietos me llenan de preguntas relativas a tu ausencia. Ahora viene una nietecilla nueva a la que no podrás tener entre tus brazos. María y Emilito están locos de contento, y yo no quepo de gozo por mi cuerpo. Le van a poner tu nombre, pero a lo moderno. Nada de María Dolores, que son muchos los pasados, sino Lola, nombre sonoro en tu homenaje, y se nos caerá la baba cada vez que lo pronunciemos, y siempre volverás a nuestra memoria...

Día a día he ido pasando la película de nuestras vidas: cuando nos mirábamos a través de las ventanas, cuando nos dirigimos la primera palabra, la primera salida, el primer roce de manos, el primer beso temeroso, temblando como tiemblan las ramas cuando se van los pájaros, el primer abrazo, el despertar fogoso de nuestra juventud, la formalización del noviazgo, la ilusión de un piso, la boda, los hijos, esos que como tú me dijiste casi sin voz la última vez que cerraste los ojos que eran lo más maravilloso de nuestras vidas; y los nietos... Hicimos una hermosa película, Lola. Una película llena de esperanzas y desesperanzas, de tiempos mejores y peores, de broncas y de máximo amor -Lupo y Chiara-, pero de connivencia en todo cuanto rozaba lo que era el trabajo, la familia y los niños. Dios quiso que tú, la gran protagonista, te fueses antes de tiempo, cuando los dos esperábamos el premio de una serena jubilación. Dios erró en su guión, porque de un sólo golpe cercenó dos vidas, la tuya y la mía. Y el tiempo pasa y pasa con la misma lentitud en su segundero, y en cada uno de esos segundos que pasan te siento, te pienso y te sueño como si estuvieras aquí conmigo y yo solo estuviese escribiendo tonterías que jamás podrían haber ocurrido.

Siempre estarás en mi memoria desde que lanzaste tu último suspiro en la habitación 262 del Hospital "Virgen del Rocío" el 30 de enero del pasado año. Ni siquiera Ella, la Reina almonteña, a la que tantas veces fuimos a rezarle pidiéndole por tu salud, pudo hacer algo por ti y por nosotros. Allí donde estés, piensa en mí, en tus hijos y nietos y en esa Lolila que vendrá pronto, porque es la única manera de sentirnos eternamente acompañados.

14 comentarios:

  1. ...Emilio...me has conmovido profundamente, emocionado hasta los túetanos...
    Gracias por compartir tus sentimientos más valiosos, nos enseñas tantas cosas así...

    Mira, no sé qué te parecerá la idea, pero algo tan bonito y aleccionador creo, que lo podrías presentar aquí, en Gines: existe desde hace unos años un certamen de "Cartes de Amor y Desamor", en que los autores nos cuentan sus vivencias entrañable. Lo importante es participar y dar a conocer cuánto de hermoso o no hay en la vida. Finaliza con premios-reconocimientos.
    Lo puedes presentar en mi "cole": Centro de Educación Permenente de Gines", correspondiente de la Delegación de Cultura de nuestro Ayto. Su Directora es Dª Soledad Rey Romero.

    Siento mucho tan irreparable pérdida, rezaré por ella y por vosotros que lo estáis pasando tan tristemente.

    Que Dios te dé la fuerza y resignación que precisas. Ahora con el nacimiento de tu nietecita, te embargará una nueva ilusión que te hará, en lo que cabe, la situación más llevadera.
    Hasta siempre.

    Un fuerte abrazo

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  2. Gracias por tu ánimo, y gracias por la información del certamen de Cartas de Amor de Gines, pero ya gané el que hace la Asociación Artística Literaria Itimad, que está publicado en el número 10 de la Colección Rumayquiya.

    Cordiales saludos.

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  3. Gracias a ti pude oler la paz por primera vez,
    abrir mis párpados a la luz del sol,
    apretar mi mano a tu dedo sintiendo tu calor,
    oír el latir de tu emocionado corazón
    y saborear la dulzura de tu pecho.

    Vivimos juntos tantas madrugadas,
    mi primer llanto, mis primeros besos,
    mis primeros pasos, mis primeras trastadas.

    Y ahora tengo que acostumbrarme a vivir sin ti,
    porque Dios ha querido infligir por primera vez
    que sienta el dolor de haberte perdido para siempre.
    Aun no se si podré perdonarle...

    Treinta de enero maldito, allí te fuiste con él
    aunque tu amor se quedó entre nosotros,
    y dosificamos tus recuerdos para seguir amándote
    en la dureza del paso del tiempo.

    Y han pasado tantas cosas desde entonces..
    mi primer cumpleaños sin tu llamada,
    tu primer cumpleaños sin ti pero contigo,
    mi primera Navidad contigo pero sin ti...

    Necesito sacar este dolor que tengo tan adentro,
    porque ya se que nunca podré estar más a tu lado
    y debo entender que fuiste dulce pasado,
    aunque yo entienda que eres angelical futuro.


    Te quiero...

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    1. Mi vida, qué bonito lo que has escrito, qué hermoso. Me he emocionado no sabes cómo. Me gustaría tenerte cerca y darte un abrazo enorme. Ella siempre fue especial y vosotros sois la prueba, lo habeis heredado de ella y sois magníficos y entrañables. Cuando os miro la veo. Te quiero, ya lo sabes y aquí estamos para ayudarte en este camino que nos ha tocado vivir. Un beso con un achuchón muy fuerte.

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  4. Has superado a tu padre en muchas cosas, en altura, en belleza, en bonhomía, pero me has superado ampliamente en una cosa que solo Dios concede, en ese poema que dedicas a tu madre y que es una auténtica joya literaria. Tu corazón ha ido por dentro de los renglones de los versos. ¡Una auténtica joya, hijo, una verdadera esmeralda para los ojos siempre verdes de tu madre! ¡Ojú, qué hermosura! ¿Dónde escondías ese talento? Me imagino que has llorado cuando las palabras han saltado de un recuerdo a otro, igual que ahora lloro desconsoladamente ante los párrafos de tu ternura. ¡Un año, Pablo, un año si ella, de la que jamás pueden distraerme mis amigos, ni mis viajes, ni la abrumadora soledad en casa! ¡Un año, y parece que fue ayer cuando a las dos y cuarto de la tarde vimos vidriarse sus ojos y sentí en mi mano derecha el gélido frío de su huida...
    Gracias, Pablo, por este poema que siempre recordaré y que a ella, a vuestra madre, a mi Lola, le habrá llegado allá donde se encuentre.

    Gracias por tu generosidad.

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    1. Es lo mejor que he leído en muchos años. El amor a la madre es tan infinito y hermoso que se nos incustra en el alma para los restos de nuestra vida. Tu madre, Pablo debió ser una mujer tan especial que solo se me ocurre definirlo con un sabio proverbio.

      "No es más grande el que más espacio ocupa, sino el que deja la huella más profunda cuando se va"
      Un beso.

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  5. Estamos con vosotros, Emilio, como siempre...

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  6. Ya lo sé, Ángel, pero llevar esto es tan difícil...
    Te lo agradezco de veras.

    Un abrazo.

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  7. Un fuerte abrazo Emilio. Nosotros también la recordamos y aún en la distancia que nos separa estamos a tu lado.

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  8. Sé que siempre estáis con nosotros. Sois unos extraordinarios amigos.

    Un fuerte abrazo.

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  9. Mari Carmen: es muy hermoso lo que ha cantado mi hijo Pablo.

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    1. Hace tiempo que descubrí que los más logrados escritos son aquellos que nacen desde el dolor, según mis experiencias. Aquí estamos hablando, a mi criterio, de una Obra Maestra...

      Llega a lo más profundo del alma humana y es para quedarse...

      ¡Dios os bendiga a todos!
      Un abrazo.

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  10. Hermano, ¡qué te voy a decir!, ya he andado ese camino y se lo doloroso que es. Estoy triste, muy triste y solo puedo decirte lo que ya sabes: que puedes contar conmigo -con nosotros- para lo que sea, que mi hombro está disponible siempre. Un beso muy grande.

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  11. Espero que al pasar el año todo sea más llevadero. No sé si es cierto que el tiempo lo cura todo, pero algo calmará.
    Gracias.

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