martes, 13 de noviembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS


Hace muchos años que mantengo una leal amistad con el gran periodista y escritor Antonio Burgos, aunque ahora mi lejanía nos haga coincidir en bastantes menos ocasiones. Incluso desde mi diáspora cordobesa, no dejo de seguirlo y leerlo a diario, riéndome con sus muchas ocurrencias y aprendiendo, cotidianamente, lecciones de sevillanía. Junto al nombre de mi admirado y desaparecido escritor Manuel Barrios, siempre lo he tenido como mi maestro. Antonio es uno de los grandes amantes de la Sevilla seria, profunda e irónica que se está perdiendo, de esa Sevilla monumental que nos la han convertido en una sucursal de Ikea al aire libre. Pocos como él saben de esa Sevilla espiritual tan ingrata para con sus propios hijos, y pocos han saboreado la miel de sus triunfos y la hiel de sus puñaladas sibilinas. Sus recuadros sobre Sevilla -en los que siempre ha estado presente el nombre de Triana- son un ejemplo de declaración de amor a la ciudad de sus amores, y un extraordinario volumen para conocer su historia de la A a la Z, compendio de artículos para leer y releer una y otra vez antes de que se nos olviden sus perfiles, sus hazañas, sus nombres gloriosos y sus hombres populares, sus más arraigadas tradiciones y las barbaries que en nombre de la modernidad se han cebado con ella.

Más que periodista y escritor, yo diría que Antonio ha sido el gran notario de esta Ciudad que atrapó en la hermosa red de su nombre a Chaves Nogales y a José María Izquierdo, a Rafael Laffón y a Joaquín Romero Murube, a Juan Sierra y a Alejandro Collantes, a Núñez de Herrera y a Santiago Montoto...; ciudad cruel y olvidadiza para Antonio Machado y para Luis Cernuda; déspota con sus más insignes compositores; más madrastra que madre de gloriosos artistas de la espada, la gubia, el pincel y la palabra...

De todo fue tomando nota Antonio para que las generaciones venideras tengan constancia de una Sevilla que fue, de una Sevilla en la que junto a su grandeza habitaban también los personajes populares que la humanizaron con profunda y eterna gracia. Ante mi envío para que recogiese en un libro todos sus artículos con el sonoro trisilabo de Triana, y tras negarse entendiendo que hoy los libros se venden poco, porque la era digital aprieta, sí me ha dado la venia para que haga uso libre de su archivo sobre el viejo arrabal, lo cual le he agradecido, le agradezco ahora públicamente y los lectores de este blog lo van a agradecer en cada entrada diaria. Por la gran cantidad de veces que el nombre de Triana ha aparecido en sus "Recuadros" creo que Antonio Burgos debería haber sido nombrado desde hace muchos años "Trianero Adoptivo" en alguna de las entregas de la Velá. No sé qué sistema rigen para estas concesiones, pero creo que Antonio Burgos se lo ha ganado a pulso, y espero que tanto la Comisión como Francisco Pérez, Concejal del Distrito, no echen mi ruego en saco roto.


TRIANA: PALIMPSESTO EN EL PALO DE LA CUCAÑA

Así, acodados en la barandilla del puente, se conocieron los padres de un poeta sevillano, una tarde que fueron a ver los delfines. Nosotros nos hemos acodado en la barandilla y le hemos vuelto la espalda gloriosamente a la Exposición Universal. Si se trata de contemplar América, no hay que mirar a Chapina, sino aguas abajo, donde flotaban los ahogados que sacaba el buzo, donde cargaban nieve en sus bodegas los pesqueros de Barrera. Te pones a mirar las aguas del río y adivinas un universo desde Triana. Se ven los barcos venir, los galeones de la carrera de Indias, cargados de versos de Lope, velas blancas, juncias verdes con el asa de las alcarrazas que acaban de salir de los alfares para que las pinte Zurbarán ante una mesa de frailes cartujanos. Te acodas en la barandilla y ves que la primera conquista de Triana es este puente, que construyó no con hierros de la fundición de Portilla & White, sino con coplas por las que pasaba la Reina, recógete la cola que te arrastra, que llevaba un mantón de Manila en cuyos flecos aún no habíamos perdido las colonias que con Triana hacían frontera en las redes de los pescadores de sábalos y albures de la calle de la vera del río, en los memoriales cívicos de don Manuel Carriedo, en los latines de don Antonio María Fabié, en los cantes del Zurraque y en las tercerolas de los civiles de la Cava. Ésta, trianero, es la primera conquista de tu famoso Arrabal y Guarda, que el puente pudo ser de Sevilla, pero se lo apropió Triana como símbolo y síntesis de una voluntad de ser tierra de frontera, pueblo perseguido que por polígonos y tiros de línea afirma su identidad, cuando en estas tardes de la cucaña vuelve al paraíso.

Que si bonita está Triana cuando le ponen al puente las banderitas gitanas, no hay un puntal más fino que la sostenga que ese palitroque de la cucaña, árbol de amores con el barrio, donde grabó nombres la punta de la navaja de un patero de la cuadrilla de Alfonso Borrero, que es de la colla del muelle, que tiene el carné de la CNT, que ha ido con Saturnino Barneto a proclamar el Cantón Trianero, haciendo frente a los disparos de fuego con humo de aceite del olivo de Minerva que granean los soldaditos de Pavía que fríe Enrique en la calle San Jacinto. Ahora, acodados en la barandilla del puente, con unos prismáticos que usaba Carlos Astolfi para ver el debut de Juan Belmonte en la Maestranza, nos hemos puesto a mirar todas las inscripciones de amor que una navaja de riña y novias antiguas ha grabado sobre el árbol del paraíso del palitroque de la cucaña y hemos encontrado este palimpsesto. 

LA MAREA.- Para saberlo hay que estar bautizado en la pila de Santa Ana, o por lo menos en la ayuda de parroquia de La O, o haber salido de nazareno en el Cachorro, o cuanto menos haberle comprado una tumbaga a Fernando Morillo, el que viste a la Esperanza. No es el viento. No es la brisa. No es el aire. En Sevilla le han puesto una calle al Aire y en Triana no hace falta. Triana le tiene puesto piso a su amante vespertina del verano, que es la marea. No es un viento de la tierra, es un viento de la mar. La mar está más cerca de Triana que la calle Sierpes. Sobre Triana, en el verano, a la hora incierta del humilde olor de dama de noche que llena la Cerca Hermosa, a la hora del grito blanco del jazmín en la reja de la calle Pelay Correa, llegan los ángeles sanluqueños y marineros de la marea. Han estado toda la tarde en Bajo de Guía, bebiendo cañas de manzanilla. Vieron atardecer sobre el Coto. Echaron de menos un galeón indiano. Y se dijeron: "Vamos a subir a Triana, que lo vamos a encontrar junto al puente de barcas". Llegan siempre al atardecer estos ángeles de la brisa que tan bien se conocen las calles de Triana. Huele, aspira hondo este aire trianero de la noche. No es de la tierra. Huele a mar. Siente, siente sobre el gozo nocturno del cuerpo el soplo de la marea. Verás que no sentimos la torre de Santa Ana ni la cruz de mármol de San Jacinto, que la marea se lleva a Triana toda, río abajo, como un barco, hacia la bahía, ¿o no estás viendo ya allí, sobre la  calle Larga, el guiño del faro de Chipiona? Sí, Triana es con la marea como los vapores que paraban al pie de la escalerilla de Tagua, el San Telmo, la Torre del Oro; lleva el barrio orondas ruedas que mueven el vapor de sus sueños

EL NACIONALISMO TRIANERO.- Triana es siempre la excepción que confirma la regla de Sevilla. Sevilla se miró en el río y salió ese sueño al que llamamos Triana. Todo lo que le falta a Sevilla lo tiene Triana. Sevilla no tiene mar, por eso Triana le puso el río. Sevilla no hizo la revolución industrial, por eso se pusieron a echar humo las chimeneas de los tejares. En Sevilla nunca mandó la burguesía, por eso Triana estuvo en manos de comerciantes e industriales, la rebotica de Aurelio (léase Urelio) en el Altozano tenía mucho de conspiración de una gloriosa revolución para declarar al barrio cantón independiente, poner una barricada de avellanas verdes en el Altozano y proclamar a los cuatro vientos del universo: "Viva Triana con honra". A Triana le queda un nacionalismo sin fronteras que se afirma en cuanto pasa el puente o llega a la primera parada del autobús de Los Remedios. ¿De dónde es usted? De Triana. ¿Y eso donde está? En todos los centros de la Andalucía del mar, pero tierra adentro, barro adentro, forja adentro, almona adentro. Sólo con las ideas de su nación trianera muy claras puede el trianero, cada mañana, despedirse de su mujer como el que se va a la guerra o al finibusterre: "Adiós, niña, que voy a Sevilla... ".


UN PUEBLO PERSEGUIDO.- Los trianeros están todo el día como yéndose a la mar de sus recuerdos. Son más trianeros que nunca cuando tienen que dejar el barrio. Sevilla se hundió, una espada de fuego arrojó a las gentes de sus corrales y de sus calles, y por ellas pasó una sombra. A Triana la derribaron, arrojaron a los trianeros de su orilla, como un bíblico pueblo perseguido, y nunca entonces Triana fue más Triana. No pueden pasar sin volver por el barrio, por la taberna, por la peña, por el recuerdo de donde estaba el corral. Cuando no van a Triana es como si les faltara algo. Cuando dejan Triana les falta el aire. El Primer Trianero es el Cachorro. Le llaman Cristo de la Expiración porque cada tarde de Viernes Santo pierde la vida cuando ve que le falta el aire de Triana, que se lo están llevando a Sevilla. Sobre el puente, sus ojos miran al cielo que va perdiendo, con una inmensidad de marisma. Por la boca del Cachorro no entran y salen los ratones, sino que entran y salen los suspiros de todos los trianeros que, como él, tuvieron que dejar el barrio. Cachorro le llamaban a este pueblo que muere cuando pierde el aire del barrio y que retorna al paraíso cuando vuelve a la mercería de la calle Castilla, a las fichas de dominó de la Peña Trianera, al romero dominical del Corpus Chico. Sabe que Santa Ana es la catedral y que el mundo entero cabe en un mostrador de la Cava que anuncie el mosto nuevo de los lagares de Roma.


LA HORA DE TRIANA.- Corrieron el mundo. Iban con Juan. Aquellos banderilleros de Triana que iban con Juan Belmonte nunca le cambiaban la hora a sus relojes de plata. Aquella plata era tan trianera como las maniguetas del paso de la Esperanza, que hasta navegan en la luz de la mañana en cuanto dejan atrás el Pópulo, de contentas que vienen con el mar de trianeros en popa, detrás del manto. Estaban haciendo las Américas los banderilleros de Juan Belmonte y sonaba a cada minuto la hora de Triana. ¿Qué mejor meridiano para no perder el norte por el mundo? Estaba el sol alto, salía un reloj de la prisión de una leontina, liberado del bolsillo de un chaleco, y decían: "Pues en Triana ya tienen que estar empezando a freír el pescado...". Y en América toda, del grito de Rodrigo de Triana al brillo de sol de un barro vidriado en una cúpula colonial, se hacía la hora de Triana.

ARTE DE TRIANA.- Todos sabemos qué es un torero de Triana. Todos sabemos qué es un cantaor de Triana. Todos sabemos qué es una cuadrilla de costaleros de Triana. Triana tiene unas coordenadas distintas para sus artes y sus artesanías. ¿Quién se atreve a definirlas? Muchas veces he oído que hablaban de Triana pura y me ha parecido siempre un pleonasmo. ¿Es que existe acaso una Triana impura? Bendita Triana, tu pureza, que hasta calle te ha puesto, y eternamente lo sea, pues Sevilla se recrea en el río que te besa ...

SANTA JUSTA Y RUFINA.- Nos prestó Triana hasta las Santas Patronas, que eran alfareras, ¿qué iban a ser? Si no llega a ser por Triana, la Giralda se viene abajo cuando el terremoto de Lisboa. Para eso estaba Triana, para sostener el símbolo de Sevilla y después, como siempre, humilde, no atreverse a pasar factura. Son cuatro pilares finos los que sostienen a Triana, y no los miento por sabidos que son. Lo que no sabe la gente es que son dos pilares finos de Triana los que sostienen a Sevilla: Justa y Rufina.

LAS ARMAS CHICAS.- Si será suya Triana, que ni siquiera tiene escudo. Yo pondría las armas chicas de la ciudad en lo más alto de la torre de Santa Ana, con la guasa fina del barrio. Yo pondría:

8 Do
 Porque a Triana Sevilla la ha dejado tantas veces, que con la voz antigua de la murga en el Altozano, el pito de caña de Manolín, interpretado por Silvestre como diana floreada, nos diría con una antigua tristeza de tarde de Viernes Santo con los nazarenos de la 0 por la calle Castilla: "Sí, me ha dejado ... 

                                                                                                           
Antonio Burgos
(Texto publicado en "25 viejas postales de Triana", edición del Ayuntamiento de Sevilla y la Comisaría de la Ciudad de Sevilla para 1992. Madrid, Ediciones Tabapress, 1992.)


2 comentarios:

  1. Que bonito Emilio, hay que ver como escribe este hombre, es una maravilla. Que gran verdad es esa de que los trianeros que estamos fuera no podemos pasar sin volver por el barrio, que nos falta algo cuando no estamos allí. Muy cierto, yo lo noto físicamente. Cuando llego a Triana y se produce la comunión entre mi cuerpo-alma y mis raíces, solo entonces me siento completa. Y totalmente desangelada cuando tengo que marchar.

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  2. Es un amante de Sevilla, su gran historiador desde hace décadas. Se puede estar de acuerdo, o no, con él, en algunas ocasiones, pero Antonio es un libro abierto al que siempre hay que acudir. Tú vives en Huelva y yo en Córdoba, pero también soy un hombre completo cuando llego a Sevilla, mi Ciudad, y a mi barrio y tu barrio de nacencia: Triana.

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