lunes, 19 de noviembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: GOZOS DE SEÑÁ SANTA ANA


GOZOS DE SEÑÁ SANTA ANA

Tranquilos, trianeros, que no se escapan estos días señaladitos sin artículo en honor de la fiesta grande del Arrabal y Guarda. Anda, empréstame para la portagayola tus versos de los gozos del río, Rafael Peralta Revuelta: 

Me desperté una mañana 
y tuve este desvarío: 
que no hay en el mundo entero 
un río como este río. 
Porque ni el Nilo, ni el Sena, 
que ya quisiera París 
cambiar su torre y su río 
por el noble señorío 
que tiene el Guadalquivir... 

...En Triana. En Sevilla hay un Arrabal y Guarda, y en el Arrabal una velada, y en la velada una fiesta que en el río no se miraba... Podíamos escribir así, en versión libre para la radio, los versos del «No te mires en el río». Parece que Triana le hace caso a Rafael de León y sigue al pie de la letra sus versos cantados. Un año más, no se mira mucho en el río la velada del barrio marinero de Sevilla, que es incluso el barrio más sevillano de Cádiz. Un año más, cante y fiesta en el Hotel Triana, en la calle Pureza, por Los Cuatro Cantillos, por La Cerca Hermosa, por el arrabal todo, que llega por lo menos hasta Santa Cecilia, El Tardón y El Turruñuelo. Que Triana es algo más que un barrio, otra cosa, lo demuestra el hecho de que tiene sus propios barrios. Los barrios del arrabal. Pero todo de espaldas al río. El río está para que cuelguen el puente de banderitas gitanas y para que los cernudianos torsos desnudos de los muchachos marineen por el seboso palo de la cucaña para coger la bandera. La bandera que dice lo bonita que está Triana cuando le ponen al puente etcétera. Si van por la calle Betis, por ese paseo fluvial único en el mundo, por el primo sevillano del Lungotevere romano, y se fijan en las casetas de la Velada, verán que las que dan al río son sus trastiendas. La velada le da literalmente la espalda al río. El río es la trastienda de la Velada. Se asoma por la tarde a sus aguas para ver la cucaña, pero inmediatamente, a la hora de la verdad de la fiesta, Triana se mira y contempla a sí misma. El río es, en todo caso, el espejo que le pone Triana a Sevilla para que vea lo bonita que está cuando refleja su espalda. 
Su luz. Luz de Velá. Es muy fácil hablar de la luz de primavera en Sevilla. Está al alcance de cualquier letrista de sevillanas o de pregonero de la Semana Santa en una peña sevillista o en una asociación de vecinos. Tampoco es complicado hablar de la luz de Sevilla en el otoño, íntima como una plazoleta, serena, secreta, averdinada. Pero nadie habla de la Luz de Triana por la Velá. Esta luz antigua y como pueblerina de procesión de la Virgen del Carmen. La luz única de los lentos atardeceres en los días que están ya dejando a chorros de ser los más largos. Paraíso cerrado para pocos, que hay que contemplar esta luz desde el puente, desde los jardines de Rafael Montesinos a la orilla del río, desde el largo paseo de la vieja y nueva Torneo. Va poniéndose el sol y en el cielo se dibuja la más hermosa paleta de los rosáceos, que luego viran a violáceos, a cárdenos, a malvas. Se pone el sol tras el Aljarafe y quedan unas nubes que parece eternizan esos rosáceos reflejos. En un instante, ya no se ven esas nubes y todo se torna azul. Primero un color turquesa intenso, casi acuífero, que nos hace pensar que la mar de Huelva se ha puesto de golpe sobre la cornisa aljarafeña. Y luego, el azul de la noche, intenso, salpicado de estrellas. Azul de antifaz de La Estrella de Triana, con la fresca mareíta que viene del río. Supremo espectáculo de la luz, sorprendente noticia de cada noche. Medalla del amor de la ciudad con su luz de Triana. Ese atardecer de ayer no será el mismo que el de mañana. No. El de mañana será más hermoso todavía.

(Diario ABC de Sevilla. 24 de julio de 2006)


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