viernes, 2 de noviembre de 2012

DESDE MI TORRE: TRISTE DÍA


¿A quién se le ocurrió programar este día y dedicarlo a todos los difuntos, como si nuestros muertos, una vez idos de la vida terrena, se perdieran también de la memoria? En estas cosas, como en otras tantas y tan descabelladas, la Iglesia anda de por medio. Dicen que la idea partió de un benedictino llamado Odilón, allá por el 998, y que el espíritu era el de orar por aquellos que acabaron sus vidas y, muy especialmente, por los que se encontraban en estado de purificación en el Purgatorio. ¿Purgatorio? ¿De verdad que desde el Papa hasta el más humilde de los sacerdotes pueden demostrarme que existe algo así, que parece sacado de una película de horror fantasioso? ¿Después de olvidarse Dios de tantos miles de millones de humanos como han pasado por este valle de lágrimas, aún nos asusta con una purga? ¿De qué y por qué tenemos que arrepentirnos aún después de nuestro último aliento? ¿No podemos tener una Iglesia de la bondad y la esperanza? ¿Por qué nos atemoriza con un purgatorio y con un infierno? Me encantaría que algunos de sus miembros me convenciesen desde el rigor científico y no con las palabras vanas y de la misma tonalidad que les escuchamos. ¡Qué sombría iglesia tenemos que soportar cuando la palabra de Cristo fue clara y contundente! ¡Limbo -ya lo han quitado porque era una gilipollez-, Purgatorio e Infierno, o Cielo...! Ni los niños de esta nueva generación se creen eso, ni a los que, desgraciadamente, nos educaron en ese mensaje maléfico. ¡Cuantísimo daño ha hecho a la propia Iglesia el mensaje tergiversado de Cristo! ¿Dónde la bondad, entonces, de aquel que se entregó por todos nosotros?

¡El Día de los Difuntos...! Como si aquellos que hemos perdido media parte de nuestras vidas sólo estemos propuestos a recordar a nuestros amados y perdidos seres queridos cuando llega ese día en el calendario. Todos mis días, y el de mucha gente, son días de difuntos, porque nos vienen sus palabras, sus risas, sus apoyos y consejos en cada segundo de nuestras tristes vidas. Con ellos también nos fuimos nosotros en gran  parte. Y es día de difuntos siempre: en las manillas del reloj, en los quicios y esquinas de las calles, en la paz de los parques, en los besos a nuestros hijos y nietos, en los viajes en soledad, en la cama fría, en la cocina sin vapores, en los armarios desalojados por alguien para que el recuerdo no te martirice a cada instante. Es día de difuntos desde el alba hasta la hora triste del Poniente. Día de difuntos cuando no tienes una mano a la que asir y transmitir tus penas o alegrías. Día de difuntos cuando Dios te obliga a levantarte, aunque hubieses preferido quedar preso para siempre en las redes de un sueño. No, hoy no es el Día de Los Difuntos, cuando la gente visita los cementerios, limpian las lápidas y dejan sobre ellas un ramo de flores. Para aquellos que hemos amado más allá de las conveniencias sociales y de códigos que se mantienen por costumbres heredadas, siempre es 2 de Noviembre, y siempre hay unas flores ante una foto amada de un momento feliz, y una oración constante, y una lágrima tonta que no podemos reprimir, y un suspiro que vuela, y un silencio que duele...

Mi día de difuntos se abre a la amanecida, cuando busco su cuerpo y no está junto al mío, cuando digo su nombre y nadie me responde...

6 comentarios:

  1. Hola: esta festividad tiene muchos más sentidos aunque hoy con un dolor tan intenso y cercano en el tiempo no sea el momento de que los veas, por cierto, es muy anterior al cristianismo.
    Un abrazo de todo corazón.

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  2. Evidentemente que la cultura que nos acerca a los difuntos es bastante anterior al cristianismo, pero la Iglesia supo ponerle fecha para los creyentes. Observo en Sevilla y Córdoba que muchas personas jamás se acuerdan de los suyos, pero que en el Día de Todos los Santos -otra fiesta que no entiendo- van a los cementerios a limpiar sus lápidas y a ponerles un ramo de flores. ¿Qué es lo que queda allí bajo esa lápida? ¿Qué más sentidos tiene esa festividad, amigo Joaquín?

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  3. No sé si tu pregunta es retórica pero por si no lo es voy a comentarte que sentidos tiene al menos para mí. Para empezar, es la fecha lo que viene dado desde mucho antes del cristianismo, una de esas fechas en que la frontera entre los mundos sobrenatural y natural se hace más fina. En realidad es la misma fiesta de Todos los Santos, por eso hubo que transformarlas.
    Lo que queda bajo las lápidas es aquello el recuerdo de lo que fueron. Yo apenas conocí a mi abuelo, a ninguno de ellos en realidad, pero voy a esa tumba por que ellos hicieron lo que soy, eslabones de una cadena al final de la cual estoy yo. ¿No merecen por mi parte, no censuro opciones ajenas, un mínimo homenaje? Claro que hay un aspecto hipócrita y de figurar socialmente en la fiesta pero ¿donde no?
    Sin embargo, puedo estar de acuerdo con todo lo que sostienes, incluso argumentar más para darte la razón que para negártela, pero creo que la posición ante esta realidad es una de las más personales de cada uno. Además, muchas personas encuentran un consuelo enorme en esta visita al cementerio. Madrid es enorme, ya lo sabes y no se puede estar atravsándolo todos los días para llevar unas flores, este día da la excusa, el motivo para quienes quisieran hacerlo. Vivo al otro extremo de la ciudad del cementerio donde está mi familia, y cuando vivía mi madre era muy complicado ir por los horarios laborales y demás. Así que para ella era realmente una fiesta que se le presentara la excusa. Y es un ejemplo.
    Pérdoname si digo algo inconveniente, sabes que va con la mejor intención, tienes un enorme dolor muy reciente y eso de un modo u otro -hablo por experiencia- deforma la percepción de la realidad. Mi madre se fue en 15 minutos y no había cosa que me crispara más que ver esas visitas convencionales al cementerio cuando yo estaba desgarrado dejándome el alma ante la lápida, no te voy a decir que vayas a dejar de sentir ese dolor pero sí que dejará espacio en ti para otras miradas. Te vuelvo a pedir perdón si consideras que he ido demasiado lejos. Suele ser un defecto mío.
    Un abrazo de alguien tan amigo como quieras permitírmelo

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  4. Te comprendo perfectamente, amigo Joaquín, y estoy también de tu parte en muchísimas cosas. No sé si has leído páginas anteriores de este blog, pero en algunas he hablado de mi primera experiencia con la muerte, la de una hermana con tres años que murió abrazada a mí, con cinco, en la misma cama y en la noche más hermosa de Sevilla, en la madrugada del Jueves Santo. Cuando mi padre regresó a casa después de dejar a la Virgen de la Esperanza de Triana camino de Sevilla, se encontró con la sorpresa. Ya te puedes imaginar lo que sintió aquel niño cuando no había forma de desabrazarlo de su hermana, los llantos, los gritos llamando a los vecinos de las casas humildísimas cercanas. No puedo olvidar ese trance, como tampoco el que mi padre muriese con la edad de 51 años, cuando yo tenía 22, ni amigos con una juventud radiante...
    Cuando murió mi mujer y la veíamos inerte en la cama del hospital, mis propios hijos me dijeron que ya allí no había nada, que ahí no estaba su madre, que su madre ya estaba en nuestros corazones. La muerte es ciertamente difícil de asimilar, al menos para mí.
    No, no has dicho nada inconveniente, también a mi madre le gustaba ir al cementerio ese día para asearlo todo y poner un ramo de flores ante la lápida de mi padre. Pero allí no estaba él, estaba, y sigue estando en mi corazón, en los recuerdos de sus ocurrencias, en el ejemplo vital de su bonhomía, en su gracia profunda...
    No has ido nada de lejos. Has dejado tu opinión, que de veras te agradezco.

    Un abrazo.

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  5. La verdad es que me he incorporado hace relativamente poco a tu blog y no había leído lo que me dices. La verdad es que no tengo palabras.
    Un abrazo

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  6. Pues ya ves cómo se ha cebado la muerte familiar conmigo. Si me mandas tu correo, te enviaré el poema que con lágrimas en los ojos hizo mi padre a las pocas horas de la muerte de mi hermana.

    Un abrazo.

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