sábado, 1 de septiembre de 2012

DESDE MI TORRE: A VUELTAS CON EL ALICATADO DE LA ZAPATA


Cuando parecía que todo se había calmado sobre la idea de colocar unos murales en los lienzos de la zapata de la calle Betis trianera, de nuevo vuelven a acudir las noticias sobre el tema en los medios de comunicación, hablándose incluso de un enfrentamiento de posiciones entre Junta y Ayuntamiento. En este mismo blog, se puso en su día el punto final tras un fuerte y acalorado debate en favor y en contra de la colocación de estos murales que a alguien se le ocurrió un buen día sin contar para nada con la ciudadanía, y tras haberse gastado la no desdeñable cantidad de 60.000 euros en uno de ellos, ya que la cantidad global es de 180.000.

Pues bien, el delegado del distrito de Triana, Francisco Pérez, según recoge el diario "El Mundo" como entradilla al titular, dice que no entiende la oposición cosechada por el proyecto. Voy, de nuevo, a intentar explicarle al delegado el por qué del rechazo. En primer lugar, no se ha contado para nada con la opinión de los ciudadanos, y la cosa se dio por hecha desde el principio; es más, cuando ya se había gastado la considerable cantidad que hemos señalado. Dije en uno de mis comentarios que se podían haber hecho unos telones por infografía como boceto del proyecto para que todos hubiésemos podido opinar. En política se sabe que el ciudadano sólo vale, y mucho, a la hora de recabar votos, pero después se convierte en un cero a la izquierda porque nadie le deja participar en las cosas comunes. ¿El por qué de la oposición?

En un aparte, creo que siendo Triana un barrio de extraordinaria tradición ceramista, cuyos ejemplos podemos ver por San Jorge y Callao, por Alfarería y Antillano Campos, el citado proyecto no se saca a concurso entre los ceramistas del arrabal, sino que se le adjudica a una empresa, Cefoarte, de Alcalá de Guadaira. ¡Viva Triana!

Una plataforma digital, llamada "Salvemos Triana... y Sevilla", llama a la cordura y pone sus "peros" al proyecto por entender que dichos murales dañarán substancialmente una estructura como la del malecón, que data del siglo XVIII, y, afortunadamente, el proyecto duerme el sueño de los justos, hasta ahora en que otra vez se ha levantado el tema. Insiste el colectivo de la Plataforma que "no se pueden hacer estas aprobaciones sin contar con expertos en la materia y sin contar con la participación de los colectivos". Por defender esta postura, que yo creo acertadísima, dicha Plataforma se ha llevado unos cuantos varapalos injustos en el tono por parte de los que defienden el proyecto cerámico.

Yo me posicioné, desde el principio de este culebrón, en contra de la colocación de estos azulejos, uno de ellos con el nombre del barrio -como si no se supiese dónde está Triana-, otro con una vista de Sevilla desde Triana, y un tercero con la reproducción de uno de los paisajes de Antón Van den Wyngaerde, también llamado en España Antonio de las Viñas y Antón de Bruselas, quien realizó esa vista el año 1567 por orden de Felipe II. Creo que al malecón y a su zapata, tal como dije en su día, lo que hay que hacer es adecentarlo, picarlo por completo, utilizar los nuevos morteros y darle una buena mano de pintura que no la dañe la humedad, ah, y cuidarlo. Todas las paridas que se quieran hacer, como esta de los dichosos azulejos, es romper una imagen bellísima, cien por cien sevillana, que no necesita más aderezo que su cuido por parte del ayuntamiento. La imaginación tenían que haberla echado en los bancos cerámicos de la calle San Jacinto, que ofrecen una tristísima imagen de mal gusto en tierra de tan grandes ceramistas.


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