jueves, 6 de septiembre de 2012

DESDE MI TORRE: NO VER, NO OÍR, NO HABLAR


Parece que estamos destinados a ello, a convertirnos en los tres monos sabios del santuario japonés de Toshogu de la ciudad de Nikko, al norte de Tokio. Nuestros padres ya nos metieron este medio en el cuerpo en la maldita posguerra, cuando nos alertaban de que no sabíamos quién o quiénes nos estaban escuchando. Por lo tanto, siempre el ser humano ciego, mudo y sordo, la mejor manera para sobrevivir. Parece mentira que hayamos venido al mundo para ver todo lo que estamos viendo, para callarnos después de las injusticias que estamos soportando, para cerrar nuestros oídos ante tantos ayes como crecen en todo el mundo y que cada vez nos llegan más cerca.

Me opongo radicalmente a esta filosofía de rendirse al sistema. Entre otras cosas, porque no soy mono, aunque algunos digan que son mis ancestros. En tiempos como estos nuestros, en los que nos están engañando los grandes grupos económicos, en que la injusticia es palpable y puede tocarse con las manos, en los que no tenemos más remedio que escuchar los tiros de Siria y de aquellos lugares donde los poderosos "meten" una guerra porque sí, nadie puede permanecer callado, ni ciego ni sordo; tenemos el deber de denunciar todo lo que está pasando. ¿Quién puede ser mudo ante la barbarie del despojo que está sufriendo nuestro país y que nadie se atreve -ni siquiera los medios de comunicación- a analizar en profundidad? ¿Quién puede ser sordo para no enterarse del dolor de miles de familias, cuando los abuelos deberían estar disfrutando de su vejez y están soportando la casa añadida? ¿Quién puede dejar de ver que los políticos se lo han llevado todo, que nos han esquilmado, que se han favorecido a los poderosos, a los bancos y a los grandes empresarios?

¿Quién -decidme quién- no puede o no quiere ver nuestra propia realidad, no escucha el dolor de sus vecinos y no habla mal de los que no están gobernando? ¿Quién...?

Hay que oír y ver y hablar hasta que se nos gasten los tímpanos, se nos sequen los ojos y se nos ponga de lija la lengua. Si aún siendo así vamos como vamos, ya me dirán ustedes hasta dónde podemos llegar si hiciéramos como esos monos, llamados "sabios", que más que prudentes me parecen cobardes.

4 comentarios:

  1. El dedo en la llaga, Emilio. Renunciar al pataleo sería la rendición sin condiciones y el último gesto de la libertad del ser humano. Claro que estoy contigo.

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  2. En verdad es lo que quieren hacer con nosotros. Yo prefiero dejar mi parte de queja en esta sociedad tan injusta. Pero veo, querido Ángel, que no son muchos los jóvenes que luchan y defienden esta opción, y a uno ya le ha cogido muy mayorcito para correr otra vez delante de los "grises" y para recibir un pelotazo en el cerebro.

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  3. Hoy mismo he visto sentados en el mismo banco a cuatro muchachos; los cuatro estaban absortos en sus teléfonos móviles. Si es esta la juventud que tenemos estamos perdidos...

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  4. Hoy, en una encuesta que han realizado en Onda Cero, todos dicen que no sabe qué pasaba antes de empezar la crisis. Estamos perdidos, todos lo decimos.

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