viernes, 3 de agosto de 2012

DESDE MI TORRE: EL CINE DE VERANO


Ayer me animé a ir con mi vecino Pedro, con el que pedaleo casi a diario la ciudad, a ir al cine de verano que está a 50 metros de casa: la Plaza de Toros de Córdoba, cuya propiedad aprovecha el verano para paliar, en lo que cabe, la falta de aficionados en las jornadas taurinas de su Feria de Mayo. La película no podía ser más mala, y más para un no cinéfilo que sólo le gusta el cine para divertirse con peores películas que estas: las de Alfredo Landa, López Vázquez, el catalán Sazatornil y, muy especialmente, Antonio Ozores. Ya pueden imaginarse la cultura cinematográfica que tengo, es decir, ninguna. Pero la de ayer fue demencial, una de esas americanadas que nos hacen tragar cada día en las cadenas de televisión. Tiros y más tiros de ametralladoras desde el principio, antes los que yo, como un cateto, me agachaba para que no me dieran. La verdad es que no sé cómo de tantos disparos no mataron al tío de la cabina, ¡Después dicen que hay violencia! No la va a haber, coño, si por un microchips matan a cuatrocientos, ¿a cuántos pueden matar por un buen potaje de garbanzos con pringá?


Lo cierto es que estaba tan asustado que, en el momento que se hizo la parada para la consumición en el "ambigú", me salí del recinto del coso taurino. El portero -que tuvo tela de guasa-, me dijo: -¿Se marcha usted? A lo que le contesté: -Es que esta película es malísima, no tiene guión y sólo son tiros y tiros... Contestándome: -Me lo va a decir usted a mí que llevo tres días tragándome esta mierda...

Pero aunque la película era intragable, me acordé mucho de mis tiempos de cine de verano en Triana: el Giralda, el Santa Cecilia, el Estrella -donde hoy está el Hotel Zénit-, el San Jacinto, el San Telmo, el Emperador, el Evangelista, el San Gonzalo, y muy especialmente de los llamados Alfarería con "su selecta nevería de verano" y el Avenida, en la Cava de los Civiles, adornado de bombillas de colores en sus árboles.

Recordaba a mi amigo y compadre Domingo Acevedo, "Doga", un extraordinario amigo y gran artista fotógrafo. Siempre nos citábamos , con Pepa Montes y su marido Ricardo Miño, y con él y Lola, su mujer. Cuando hacíamos la cita le preguntábamos al "Doga" que adónde íbamos. Taxativamente, Domingo decía que al cine. -¿Qué vamos a ver?. -Cine, leche. -¿Pero qué película? -Todo es cine. Y allí que nos íbamos a comprar el pollo frito en la calle San Jacinto y a comprar el "pescaito" en la misma calle o en Santa Cecilia. Se hacía sus cálculos y, mirando su brújula particular, decía: -Hoy al Alfarería. -¿Pero que proyectan, Domingo?. -Cine, cine, cine, ¿no os enteráis?

Y te encontrabas por sorpresa con un rifle de John Waine o con una pistola de Clint Eastwood, con las bragas de Susana Estrada o con la boina de Paco Martínez Soria. Cada día era una sorpresa, una forma de ver cine diverso, mientras atacábamos al pollo y al "pescaíto" y al tinto con "Casera". ¡Qué tiempos más hermosos"


Ya el cine de verano no es el mismo que disfruté, gocé y viví al lado de mi Lola y de tan grandes amigos. Ya no hay pollo frito por mis linderos, ni hay freidurías, ni rábanos frescos, ni roscas doradas, ni la plaza de toros, tan amplia y hermosa, cuyo ruedo han pisado los más grandes gladadiores, me devuelven a ese tiempo feliz que yo recuerdo del cine Estrella, cuando mi padre me llevaba al hombro desde él hasta El Turruñuelo, o al Emperador de verano, cuando cercaba en su penumbra los hermosos hombros de mi novia, cuando...


6 comentarios:

  1. Al Avenida, el último cine de verano (de los de verdad) de Triana y de Sevilla, le dieron una temporada de prórroga de vida, después de certificarse su impopular desaparición, y acabó con la década de los noventa después de que la señora alcaldesa, hoy Defensora del Pueblo que no lo fue del de Triana, asegurara, para que nos conformáramos tras una jornada de protesta, que el "Nuovo Cine Avenida" se instalaría cada temporada en un espacio exprofeso en la nueva edificación... Si, si...
    Este año parecía que iba a funcionar el cine "camelo", pero cuando el empresario, hijo del último director del Avenida, fue a revisar el lugar, resultó que no había de donde coger la luz ni el agua... Allí se iba a proyectar "El crimen de Pepe Conde" en homenaje a Antoñita Colomé y nos quedamos con las ganas. Decían que a lo mejor en agosto, pero el mes avanza sin novedades cinematográficas.
    De todas maneras, de haber funcionado en nada nos recordaría al gran Cine Avenida el del frescor de su hermosa arboleda y su llamativo alumbrado verbenero, sus sillas de eneas, su Antoñita Moreno cantando "el cordón de mi corpiño" (mi niño) entre las dos funciones y después de que sonara, trepidante, la marcha "Barras y Estrellas" para acelerar el desalojo de la terraza y despabilar al personal apelmazado por la emoción de la película.
    En Triana encontraron los políticos, por tradición, un espacio idóneo para sus "queos" y sus mentiras.
    Así que para sentir lo mismo que sentiste, amigo Emilio, mejor quedarnos con el recuerdo y con nuestro plasma de 40 pulgadas.

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  2. Ya he dicho que desgraciadamente no soy cinéfilo, y tiene su por qué, lo que explicaré en otra ocasión, y me parece que he explicado en estas mismas páginas. A mí el cine me gusta para divertirme, para reírme, para pasar un buen rato, y no para filosofar o para que me frían a tiros de metralletas y bombas de mano, con lo buenas que eran las películas del antiguo Oeste.
    La historia del Cine Avenida de verano es una pena. ¡Qué grandes noches he pasado allí con mi padres y ya, con pocos años de casados, con Loli, El Doga y su mujer, Pepa y Ricardo! Quizás la excusa fuese la pelìcula, porque allí nos poníamos tibios de tinto con "Casera", de pescaíto frito y de pollo asado.
    Recuerdo que en él, el el Avenida, con colas hasta la calle, vi con mis padres "El último cuplé". ¡Qué viejos somos, Ángel!

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  3. Pues, fíjate, que "El último cuplé" era para mayores... Yo la vi en la azotea de mi amigo Antonio Hidalgo, y había una escena subida de tono para aquellos tiempos en la que la generosa pechera de Sara era protagonista y objeto de un mordisco o algo parecido... No la he vuelto a ver, pero recuerdo que se hablaba mucho de esto (como del "bayón de Ana", ¿te acuerdas?). También recuerdo las colas que atravesaban todo el ancho patio terrizo y, como dices, llegaba hasta la calle... Pues sí, Emilio, y como Garci, "hemos cumplido ya muchas películas".

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  4. Pues la verdad es que era para mayores, no sé cómo se las apañarían mis padres para que entrase. Sí, todo el mundo iba por la generosa pechera de la manchega. Yo tendría entonces unos 10 añitos, pero todavía recuerdo sus canciones de "Fumando espero" y "El relicario". ¡Qué tiempos! Muchas, muchísimas películas hemos cumplido y no todas agradables.

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  5. Emilio, la de películas que he visto con papá y mamá en el cine San Gonzalo y Santa Cecilia, con el pescaíto frito y a la salida del cine los higos chumbos, jajaja cuántos recuerdos. Lo que nos ocurre es que han pasado los años y se siente nostalgia, sobre todo cuando al recordar no están las personas con las que se compartieron esos momentos.

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  6. Cuando vivíamos en El Tardón, al que más íbamos era al San Jacinto, después al Santa Cecilia y al San Gonzalo. El Estrella, quizás no llegaras a conocerlo tú. ¡Buenos ratos!

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