jueves, 10 de mayo de 2012

MIS MEMORIAS DEL FLAMENCO (4)

D. ENRIQUE OSBORNE ISASI, CREADOR DE
LA DISTINCIÓN "COMPÁS DEL CANTE"

En la época de "Ser del Sur", la firma Cruzcampo patrocinaba la retransmisión de los festivales veraniegos. Recuerdo aquella época como el título de una obra de teatro de Edgard Neville: "La vida en un hilo". No parábamos mi compadre Juan José Román, como técnico, y yo. Había semanas en las que hacíamos de corrido tres festivales. Apenas dormíamos y la verdad es que siempre tuvimos dispuesto al ángel de la guarda por las carreteras. Nunca sabremos cómo pagarle. Aparte de que la mayoría de los festivales de aquellos años los presentaba yo, con otro cansancio añadido, no se me olvidará que, en cierta ocasión, batimos el récord haciendo "La Caracolá de Lebrija" y al día siguiente el Festival de la Mistela de Los Palacios. De allí, sin haber dormido en dos noches, nos fuimos a Algeciras para embarcar en el ferry que nos llevaría al de  Ceuta. ¡Una paliza!

En el año 1984, un buen día me llamó don Enrique Osborne Isasi, por entonces director de relaciones externas de Cruzcampo, citándome en su casa de la calle Zaragoza, número 29, para comentar conmigo algunas cosas relativas a las retransmisiones de los festivales. Ya, en varias ocasiones, yo le había apuntado darle el giro a aquello y utilizar el mucho dinero que costaba en publicidad por algo diferente. No sabía qué, pero algo me rondaba por la cabeza. Una vez en su casa, fuimos echando ideas encima de la mesa y surgió crear una Distinción para premiar al mejor cantaor del momento. La idea fue puliéndose con las valiosas aportaciones de Luis Marín, director de Alas Publicidad. Fuimos dándole vueltas y más vueltas hasta que logramos crear la Distinción "Compás del Cante", que, por votación de las peñas, premiaría cada año "al artista que con más pureza, profesionalidad y constancia mantuviese el arte de nuestro pueblo en su cabal grandeza".

Con los mimbres ya dispuestos, llamé al escultor amigo, Jesús Gavira Alba, para que captara la idea y empezase a trabajar en la estauilla que simbolizaría el premio, un premio sin dotación económica pero que Manuel Martín Martín llamó por su importancia el Nobel del Flamenco. No se equivocó en la adjetivación, ya que hoy por hoy, a 28 años de distancia, es el galardón más prestigioso del mundo flamenco. En este punto, hay que decir que el nombre de la escultura, que da nombre también a la Distinción, se la puso el propio escultor, lo que nos traería a los organizadores más de un dolor de cabeza, ya que algunos medios de comunicación entendieron, o quisieron entender, al lograr la primera Distinción Manuel Mairena, que no se entendía cómo el cantaor había conseguido ser premiado cuando de compás estaba más bien cortito. Una vez explicado el nombre por activa y por pasiva, la Distinción "Compás del Cante", de la que me honro haber sido su creador junto a Enrique Osborne y Luis Marín y secretario permanente del Jurado, ha traspasado nuestras fronteras y es conocida en todos los ambientes flamencos del mundo, siguiendo con el mismo ímpetu e ilusión que en aquel lejano 1984.


El primer Jurado estuvo formado por Luis Caballero, José Luis Ortiz Nuevo, Joaquín Herrera Carranza, Francisco Vallecillo, Marta Carrasco, Manuel Martín Martín y un servidor, actuando como secretaria la querida Marta. Una vez abiertos los votos de las peñas y entidades flamencas, el ganador, según el escrutinio fue José el de la Tomasa, y aunque el Jurado tenía un voto de calidad no estuvo acertado, a mi entender, al concedérselo al menor de los Mairena a propuesta del exagerado "mairenista" Francisco Vallecillo, que fue quien inclinó la balanza a favor de su amigo y casi como homenaje a la memoria de su hermano Antonio, recién fallecido. No me gustó aquello y tuve mis más y mis menos con Vallecillo que, desde siempre, gozaba ya de la fama de querer mandar e imponer a su antojo, desmereciendo las opiniones de los demás. De todas formas, el Jurado siempre es soberano y decidió la balanza, a lo cual no me pude oponer. En un artículo mío  de "El Correo de Andalucía", con fecha del 30 de octubre de 1984, y con el título "Aclarando, que es gerundio", aclaré ciertas cosas sobre la decisión a mi compañero Miguel Acal, que había escrito una columna en "Diario 16", cinco días antes de la mía, sospechando lo que todos sabíamos. Mi remate, después de decirle por qué al "Compás" se le llamaba "Compás", fue el confesar públicamente que yo fui el único que no votó a Manuel Mairena, lo que me granjeó durante cierto tiempo la clara enemistad con el artista premiado. 


La entrega, con la presencia del Jurado, consistió en un acto íntimo en el restaurante "La Dorada" del barrio trianero de Los Remedios, recibiendo Manuel Mairena la Distinción de manos de don Eduardo Osborne Isasi, por entonces Vicepresidente de la entidad patrocinadora. Al acto, y como artistas invitados, asistieron Matilde Coral y su marido Rafael "El Negro".

Con sus más y sus menos, al fin se había puesto la primera piedra de esa idea que habíamos fragüado temerosamente. Los fallos de la presente edición nos harían ser más valientes, aparte de que contaríamos con mayor experiencia para subsanarlos. Y así fue. Al año siguiente, ya no se consultó a las peñas y entidades flamencas, sino que se formó un amplísimo Jurado para otorgarla, compuesto por 19 miembros de distintos medios, estamentos y provincias: José Núñez de Castro, Ángel Álvarez Caballero -que no pudo asistir y delegó en mí su voto-, Manuel Barrios, José Luis Buendía, Luis Caballero, Manuel Cano, Marta Carrasco, Joaquín Herrera, Lucas López López, José Marín, Onofre López, Manuel Martín, Antonio Murciano, Gonzalo Rojo Guerrero, Rafael Salinas, José Sollo, Francisco Vallecillo y un servidor, al que ya Vallecillo comenzó sibilinamente a intentar ignorar y mindundear, lo que jamás consiguió a pesar de su esfuerzo mediático y fáctico. No hay ni que apuntar que desde la edición anterior, y por otros motivos que comentaré, nuestras relaciones amistosas se habían ido deteriorando. Lástima que ya no esté con nosotros para que pudiera defenderse; por eso, precisamente, no me extiendo más en otros detalles que fueron ciertamente desagradables en esa tan hermosa carrera profesional.

Se discute fuerte en este Jurado para que no pase lo de la primera edición, se van sentando bases sólidas y coherentes. Gana mi propuesta de que el ganador sea el más valorado por el Jurado, lo que sigue hasta hoy, afortunadamente. En esta ocasión, con 13 votos se alzó Antonio Fernández Díaz "Fosforito", con 7 José el de la Tomasa -que entonces estaba en un gran momento artístico, pero apenas si tenía trayectoria-, y con 6 Juan Ramírez Sarabria "Chano Lobato", por lo que se concedió, por mayoría, la Distinción al cantaor pontanés, cuya entrega se hizo a través de una cena de gala en el Hotel Alfonso XIII, el 17 de enero de 1986, recibiéndola de manos de don Ignacio Ybarra Mendaro, presidente del consejo de administración de Cruzcampo.

Algo había cambiado sustancialmente. El Flamenco había entrado en el Salón Real del Alfonso para que todos pudieran entender de su categoría y de que las grandes empresas andaluzas apostaban por él. Yo, junto con Enrique Osborne, me sentía como un niño chico con zapatos nuevos. ¡El Flamenco gozando de la dignidad que bien merecía! El esfuerzo había merecido su recompensa: la de ver a un cantaor de la tierra rodeado por lo más granado de la sociedad andaluza. Jamás la humillación a los artistas por parte de los señoritos. El Flamenco por la puerta grande, como siempre debió ser.


1 comentario:

  1. Pues si, Emilio, aclarando que es gerundio...
    Y hay mucha agua turbia que clarear. Y está en tus memoria y en tus manos.

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