viernes, 11 de mayo de 2012

DESDE MI TORRE: ¡TANTAS COSAS, TANTAS COSAS...!


Al igual que en Córdoba es imposible hacer votos de castidad por la hechuras de sus hembras, en mi vida es casi imposible cumplir con los silencios y la soledad por las muchas sorpresas que te dan esos amigos que siempre están pendientes de ti en las duras y en las maduras, y que, en un segundo, te montan un parque de fantasías a tu alrededor. 

He pasado un bache más grande que los que tenía la antigua calle Torneo antes de que Alfonso Guerra -tan teatral y esperpéntico- le pegase la patada al muro que dividía a Sevilla con la red ferroviaria, todo se arreglase y nos encontrásemos, ya hace veinte años, con la tan cacareada Expo'92, a cuya ficticia "Roma" llegaban todos los caminos en pro de hacer taquilla. Bueno, que me voy de tema: que he pasado un bache emocional, una depresión pasable, no tan grande como la de Bankia, ni de tan poca vergüenza, un bajonazo como en las tardes malas de mi Curro y los malos partidos de mi Betis. Pero ya está. Sabía que no podía durar mucho porque esta página es una vitamina para mi vida. "Cobaltizaína", dicen los que saben de farmacopeas y mis "médicos" amigos.

Bueno, pues en estos días han pasado cosas, muchas cosas... ¡tantas cosas!, como decía la Piquer en su cuplé, pero ningunas de ellas mentirosas de quereres ni engañosas. Como la recordada copla, sí es verdad que he tenido los pulsos paraos durante unos días, el corazón perdío, los labios enamoraos, y los ojos casi cerraos. ¡Son tantos los recuerdos...! ¡Tantas cosas, tantas cosas...!

Pero en mi cuaderno de bitácora se han quedado apuntadas todas, aparte de las que el corazón no puede contar. El pasado día 3 me animé a viajar a Sevilla en compañía de mi amigo-hermano Juan Peña para asistir al más que merecido homenaje, mantenido en secreto, que la dirección general de Heineken ofrecía a quien hasta hace unos días ha sido Presidente de Relaciones Institucionales de la empresa cervecera, Julio Cuesta, gran amigo desde hace muchos años y, entre otras muchas cosas o cargos importantes, rector físico de la Distinción "Compás del Cante", de la que me honro en haber sido parte creacional en 1984 y seguir siendo su secretario. ¡La verdad es que el Grupo Cruzcampo me quiere mucho y siempre me ha demostrado su amistad y señorío! Ante la invitación de Richard Weissend, presidente de Heineken, y sabiendo la categoría profesional y humana de Julio Cuesta, ni la depresión pudo aguantarme en casa y fui con mil amores.


Allí estaba, como se suele decir ahora: "la Sevilla toda", la de los poderes fácticos y la gente de a pie, como yo, los cortijeros y los que estamos más tiesos que el bacalao de la calle Placentines. Desde el arzobispo hasta el Presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía se dieron cita para darle un fuerte abrazo al amigo Julio. Hasta el gran Rafael Gordillo, "La gacela del Polígono", tuvo la deferencia de regalarle una camiseta del Real Betis Balompié con su nombre en el dorso, siendo Julio tan sevillista. Pude compartir algunos momentos con los periodistas Antonio Burgos y José Luis Montoya, con mi amigo Enrique Osborne y con el exrector de la Universidad de Sevilla, Rafael Infante. Sólo un antiguo amigo, un poeta nacido en Aznalcázar y comentarista de Onda Cero, no quiso ni verme e hizo lo posible y lo imposible para no encontrarse conmigo y darme el pésame por la muerte de mi mujer, tan cariñosa siempre con él y tan bondadosa en copas y tapas en nuestra antigua casona de "Trianilla" en Villanueva del Ariscal. ¡Cosas! Lo dice el refrán: Ni pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió. Vanidad de vanidades. Como poeta y amante del campo, al menos debería saber qué es una noria y que no siempre está arriba el cangilón.

Fue emotivo el acto por las acertadas intervenciones que me hicieron llorar dos o tres veces, y las sentidas, profundas y emotivas palabras de la mujer de Julio, Carmen. Verdad es que siempre detrás de un gran hombre se esconde una gran mujer. ¡Qué gran noche! ¡No me hubiese perdonado nunca el no asistir! 


Al día siguiente, una visita era obligada. ¿Cómo voy a estar en Sevilla, mi tierra, sin rezar a mi Virgen de los Reyes? Y allá que nos fuimos temprano, a la sede provisional del Sagrario de la catedral hispalense, donde ahora se encuentra, a soltarle un par de avemarías y..., a pedirle, siempre a pedirle. Recorrimos la Catedral de cabo a rabo, nos deleitamos en su opulencia y gran esplendor, en sus altas ojivas, en sus vidrieras, en sus rejas..., mientras el órgano nos envolvía con música de Bach y los pasos se dejaban ir con una sonrisa beatífica en los labios. 

Dada que era la hora del Ángelus, y ya estábamos santificados, nos dirigimos a la calle Gamazo, en pleno corazón de la ciudad, y nos endiñamos dos calmantes con dos maravillosas tapas en "Casa Moreno", tienda de comestibles y bar fundado hace muchos años para los más exquisitos paladares. Nos atendió mi tocayo Emilio, al que Dios bautizó con una sonrisa eterna y una gracia profunda. Taxis y AVE de vuelta. Una delicia.

Cuando llegué a casa, me encontré en el buzón el nuevo número de "Triana Crónica", esa maravilla de periódico mensual que no sé con qué milagro sacan adelante mis amigos Ana y Daniel. Buen remate de faena.


El día siguiente, el sábado día 5, fue uno de los más felices de mi vida: mi nieto Daniel hacía la Primera Comunión, esa cosa tan anacrónica que tanta felicidad produce, todavía, a los niños, a los padres y, por supuesto, a aquellos que ya tenemos frágil el lagrimal. Fue en una iglesia de esas nuevas de las modernas barriadas, que más parecen garajes que la morada de Dios. Llovía a mares, pero nada empañó nuestra alegría. La celebración se hizo en la cortijada San Diego, de la cercana localidad de Gerena. Los niños se lo pasaron en grande tirándose de un castillo hinchable que había contratado mi hijo y con la actuación de dos magos con la suficiente gracia para entretenerlos un par de horas, mientras los mayores degustábamos una exquisita y abundante comida.


Me llevé una gran sorpresa cuando, después de una vuelta a Córdoba torrencial en lluvias, me entero de que Griñan ha elegido como mano derecha a una chavala que no sabe hacer la O con un canuto, llamada Susana Díaz, a la que tuvimos que sufrir como delegada de la alcaldía de mi barrio de Triana. ¿En qué manos estamos? ¿No hay nadie un poco más cualificado para estar al frente de la Presidencia de la Junta de Andalucía? ¡Qué país! Menos mal que en Francia, al día siguiente de esta nefasta noticia para el pueblo andaluz, ganó en las elecciones un hombre normal que dice va a poner cara a la devoradora Merkel, a la que tanto miedo le tiene nuestro Rajoy. Un 52% a favor del socialismo no es mal dato en una tierra donde el voto emigrante es más fuerte que el del pueblo francés, un país considerado como la central del "sexo", pero que no se nota en los paritorios. ¿Me lo explican?

El lunes, día 7, tuve que volver de nuevo a Sevilla para un encuentro flamenco que tuvo lugar en la Fundación Cruzcampo, en la que se presentaba el proyecto que lleva para adelante la Fundación Tablao Cordobés, de la que soy uno de sus miembros. Como anfitriones, Julio Cuesta y Claudia Guardiola Osborne estuvieron sensacionales, como siempre. Nos cedieron su salón de actos y sirvieron un almuerzo frío de mucho calibre. ¡Gracias por la parte que me toca! El artisteo se hizo notar: Matilde Coral, Pepa Montes, La Susi, Pastora y José Galván, José el de la Tomasa, Manolete, Pilar Távora, "Los Sordera", Juan Peña "El Lebrijano", "Fosforito", Ricardo Miño -padre e hijo-, Farruquito y "El Farru", Cristina Hoyos...


El día 8 fue triste. Triste porque se cumplían los siete meses de la desaparición de los hermanos Ruth y José en Córdoba, y porque echaron a Rodrigo Rato, no a la cárcel, que era lo que se merecía, sino a la calle después de haber dejado un agujero de mucho cuidado en Bankia. En España siguen tomándonos el pelo y los políticos se cachondean de nosotros un día sí, otro no, y el del medio también. Escuché una mañana una entrevista que le hizo a Rajoy el locutor Carlos Herrera, donde respondía que jamás se daría un duro a los bancos. Por la tarde todo fue al revés. Para comprender este tipo de cosas, no dejen de leer el libro "El Club de los Pringaos" del escritor madrileño Daniel Montero. Ya verán ahí, en un lenguaje llano, cómo nos roban por la cara. ¿Dónde mi escopeta?

Menos mal que anteayer vinieron a verme mis amigos del sanedrín y lo pasamos fenomenal. El anfitrión fue mi hermano Juan Peña, que nos puso de grana y oro en su restaurante, el mejor de Córdoba. Comida, cante, poemas, chistes, risas y amistad. Mis amigos Ángel Vela, Juan Cembrano, José Luis Jiménez y Manuel Melado llevaban cinco kilos más de vuelta entre salmorejos varios, exquisitas croquetas, pavías de merluza, bolitas de gambas... ¡Qué gran rato!


Ayer me pasé casi todo el día sobando la resaca. Un día es un día, y Dios no me lo va a tener en cuenta. Recibir a mis colegas trianeros en Córdoba es siempre un placer, una dicha completa. Me vanaglorio de tener amigos en todos los rincones de España. Y esa es la mayor de las suertes posibles.

Me he llevado sin escribir varios días, pero hoy me he desahogado de lo lindo. Gracias a todos vosotros, amigos y  amigas por vuestro ánimo. Aunque en silencio, ya veis que no paro.

1 comentario:

  1. ¡Que siga la música, Emilio! ¡Vaya marcha! Me alegro de todo y más como disfrutante del postrer capítulo. Inolvidable el día cordobés en tan buena compañía y en lugar tan acogedor y sabroso. Juan Peña nos sorprendió como cantaor, además de ser un restaurador y anfitrión ejemplar. Un almuerzo con todos los avíos...
    ... y que nieto más guapetón. Enhorabuena.

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