martes, 1 de mayo de 2012

DESDE MI TORRE: ¿EL DÍA DEL TRABAJO? NO ME HAGAN LLORAR


Es la imagen de la impotencia. Es la imagen de la España actual. Es  la demostración digna de una mujer que quiere taparse la cara ante una cámara que también llora lágrimas amargas desde su propio objetivo. Curiosamente, la página más visitada de este blog, con más de tres mil visitas, fue la que, con el título de ¿El día de Andalucía?, se publicó el 28 de Febrero del pasado año. Creo, sinceramente, que ésta debería superarla con creces. ¿El Día del Trabajo? ¿Dónde? ¿Qué me dicen que se conmemora hoy? Por favor, no me hagan llorar. Casi seis millones de españoles no me perdonarían que hiciera un guiño a los políticos y que intentara dulcificar y justificar sus medidas.

Hoy, dicen que es el Día del Trabajo. ¿Dónde está el trabajo? ¿Qué hay que celebrar: el que el Gobierno ha abierto todas las puertas a los empresarios para el despido libre; el que el trabajador ha pasado de ser mano de obra productiva a convertirse en un pedigüeño de justicia social; el que los ricos cada día sean vergonzantemente más ricos y los pobres más pobres; la desaparición de la llamada clase media; el cierre de miles y miles de negocios familiares; el crecimiento de los comedores sociales; el robo, por ley, a base de impuestos, de quienes siempre han empleado sus manos, a bajo precio, para levantar el país...?

Que me diga el señor Rajoy, y los propios sindicatos, y la oposición -que se lo han llevado calentito-, a qué debemos hoy esta celebración del Día del Trabajo cuando cerca de seis millones de españoles están en el paro, cuando a pesar de la crisis los grandes empresarios siguen y siguen invirtiendo a bajo coste, cuando hay familias con todos sus miembros en el mayor de los desamparos, cuando recoger chatarras por las calles ya no es sólo oficio de rumanos sin papeles, cuando las puertas de las iglesias están llenas de paisanos implorando la caridad como en los años 40 y 50, cuando la dignidad de la persona ha caído a sus límites más vergonzosos...

Que no me diga sus clarividencias para poner ésto aún peor, desde Guatemala o México, que tenga lo que hay que tener para decirlo en mi país, en un consejo de ministros, en el que antes de su celebración se leyeran, una por una, todas las promesas que hicieron en campaña electoral. Que patee las calles con todo su equipo, que visiten las bolsas de caridad, que vean las cerradas persianas de los negocios, que miren cara a cara a esos españoles que son un espectro andante por todos los caminos. Que él mismo, con todos sus ministrados, se pongan un sueldo de 462 euros e intenten comer...

Una cosa es predicar y otra dar trigo, y ya ni siquiera tenemos a aquella Perona salvadora en la época del caudillaje. La señora Cristina Fernández de Kirchner, no sólo no nos da trigo, sigo que se cachondea interviniendo una de nuestras mayores empresas. La Merkel ya nos ha dejado secas las ubres. El moro se ríe, como cuando se inventó aquella marcha verde en tiempos de difíciles expiraciones dictatoriales, y Europa entera se cachondea de unos políticos españoles que sólo han aprendido la expresión africana de "Sí, buana".

Pero, ojo: Hoy es el Día del Trabajo, el trabajo para intentar comer ocho con el sueldo mísero de uno; el trabajo para poder buscar una y mil artimañas para cumplir con la hipoteca; el trabajo para, antes del suicidio, intentar colocar a hijos y nietos en un piso de sesenta metros cuadrados; el trabajo para seguir subsistiendo mientras hay 17 presidentes de comunidades autonómicas, 17 vicepresidentes, 2000 asesores, diez mil secretarios, abrepuertas, recogecosas, alabadores con carné, miles de coches oficiales, teléfonos e iPad de última generación, queridas, groseras cuentas de restaurantes de lujo, viajes injustificados a los países más exóticos del mundo, préstamos sin intereses a núcleos comunistas...

Hoy es el Día del Trabajo. ¡Qué sarcasmo, qué ironía! ¿Dónde está el trabajo que tanto celebramos y al que le dedicamos, incluso, un día festivo? ¿Dónde está ese trabajo que todos buscan y nadie encuentra? ¿Dónde está ese trabajo en esta España en la que hay más políticos y funcionarios a su cargo que grúas, palas, espiochas, mostradores, cadenas de montaje, envasadoras, chimeneas...? 

Nos decía Rajoy, antes de ser lo que ahora es por la urnas, que él tenía la solución inmediata para los graves problemas de España. Al final se ha visto que sólo tenía un papel en blanco entre sus manos, que ha engañado a todos los españoles, y que a todos, salvo la excepción clara de los empresarios, nos ha regalado un rictus de tristeza que, ni siquiera en la dictadura franquista, ha tenido este país, al que le sobran hombres y mujeres valientes y trabajadores y le faltan políticos de altura.

Se celebra el Día del Trabajo mientras una cuarta parte de España está en paro. ¡Viva Cartagena! Es como querer celebrar el Día del Machismo cuando a todos nos han castrado en una hábil maniobra de celibato impuesto.

No se atreven a meterse con el fútbol y dejar sus cuentas a cero. No se atreven a meterse con los grandes capitales. Es tema tabú recordar al Gobierno que la Iglesia pague el IBI de sus múltiples posesiones, el IVA de sus ingresos y el IRPF de su personal, tan amplio en país tan católico, a pesar de que la Constitución diga que es aconfesional. Sólo se atreven con los que "gozan" de una miserable nómina que para nada está igualada con las que tienen nuestros socios europeos. ¡España -decía el clásico slogan acuñado por el franquismo de los XXV Años de Paz- es diferente! ¡Y tanto! Mientras que en Europa puede celebrarse el Día del Trabajo, porque existe, aquí lo celebramos porque no lo tenemos. En este punto, lleno de guasa, podíamos evocar aquella célebre frase de Ignacio Espeleta, el cantaor gaditano al que retrató Lorca, cuando ante la pregunta que le hicieron de en qué trabajaba, el dijo con la mayor de la naturalidad.: -¿Cómo voy a trabajar, si soy de Cádiz?


2 comentarios:

  1. La manifestación de Sevilla, al ser la fiesta del trabajo no ha sido lo tendría que haber sido. Y es que, claro, no han asistido los parados...

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  2. Pues si no han existido los parados habrán tenido que llevar la pancarta los cuatro enchufados de los sindicatos.

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