SONETO A LA ESCUELA DE TAUROMAQUIA,
DE SEVILLA, QUE DIRIGIÓ PEDRO ROMERO
Allí, ¿qué se aprendía? Profesores
ágiles como arcángeles sabían
los gestos del valor y repetían
lo que hicieron cuando eran los mejores.
Buscaban onzas de oro en los primores
que los capotes rojos escondían;
onzas que entre los cuernos ofrecían
regalos de mujeres como flores.
Alumnos del mejor de los oficios,
los Cúchares, Paquito o Desperdicios
lucieron su coleta adolescentes.
Y mientras en la escuela se adiestraban
toros de muchas muertes les guardaban
la lección de morir como valientes.
Luis López Anglada
"Semidioses e inmortales"
2006

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