sábado, 7 de abril de 2012

DESDE MI TORRE: ORACIÓN A MI CRISTO DEL "CACHORRO"


Cada Viernes Santo, esté donde esté, donde la vida me haya llevado en tu santo nombre, me acuerdo de Ti y acudo a tu presencia. Si en Triana, acercándome a tu capilla del Patrocino para rezarte en silencio la antigua oración del Padrenuestro; si lejos, volviendo mis ojos y mis recuerdos al arrabal, queriéndote contemplar a la perfección en esa cruz en la que expiras, y nunca mueres, para seguir siendo el Salvador de tu barrio. En las muchas contradicciones de mi fe, marcadas por la iglesia que se apoderó de tu nombre como markenting de una empresa universal, Tú eres mi camino, mi norte y veleta de los vientos del yo hombre, mi ejemplo, mi guía por estos difíciles senderos a los que llaman mundo.

He visto varias expiraciones terminadas en muerte: la de mi padre y la de mi mujer, y he visto como en el último latido los ojos se abren de par en par, veladas las pupilas, como queriendo apresar en el último estertor el calor de los días. Para suerte de los trianeros, Tú sigues siempre vivo, expirando eternamente, con los ojos vidriados, pero mirando al infinito. Nunca, Señor, has querido abandonar a este viejo arrabal al que los políticos de turno metieron en los guetos de los polígonos de la periferia. Ellos, los trianeros de la diáspora, tampoco te abandonaron jamás, y por eso vuelven el Viernes Santo a los confines del Patrocinio y Chapina, a la aduana y fielato de la fe del Altozano, a sus corrales convertidos en apartamentos para ricos, imaginando azoteas perdidas, canarieras desaparecidas, palomares muertos por las manos de la nueva inquisición del terreno, arriates perdidos, geranios mustios, naranjos que dan, en vez de azahar, crespones de luto...

Hoy no has podido salir. Ni falta que hacía. Triana siempre se va a rendir a tus pies como el único ejemplo de sacrificio y humanidad que la rodea. No hacen falta tambores ni cornetas para mecerte por Castilla, ni costaleros valientes que, entre pateros, fiadores, contraguías y corrientes, nos lleven tu agonía por las calles de siempre. Mejor así, en tu Capilla, magnificada a basílica imperdonablemente por firma del Vaticano y a petición de tus prebostes. Cuando todos nos demos cuenta de que Tú tienes que anidar en los corazones de todos los trianeros, quizás meditemos que no es necesario tu salida procesional. La lluvia nos lleva hasta tu dolor, nos acerca a tus heridas, nos magnifica en la creencia de que no es necesario de que salgas para que siempre anides en nuestras almas.

Tú -y lo pronuncié en mi pregón trianero de 1994-, siempre serás ese Cristo clavado en la cruz, como Triana, pero no muerto. Expirando siempre, queriendo decir la última palabra, arrastrando por tus pálpitos el último aliento de vida, llevando en tus pupilas grises el último rayo de amor vidriado por la luz. Triana expira como Tú, Cachorro. Comenzó a morir por el cáncer de la especulación de los años sesenta. Pero en el Viernes Santo, en el día grande del barrio, los cancerosos siguen viviendo, expirantes, y se acercan a Ti, implorándote la vuelta al Paraíso perdido...

No has salido hoy a procesionar. No te hace falta. Tu capilla hoy se ha convertido en un sendero de suspiros entrecortados, de rezos floriados en los corazones de tus paisanos, de tu gente. ¡Qué mayor procesionar tuyo que el de los trianeros que han venido para verte desde El Aljarafe, desde San Juan, desde el "políngano" San Pablo, desde las "Tres mil", desde Pino Montano...

Estoy en Córdoba, Señor, Cachorro mío. El Domingo de Ramos fui a verte, por si acaso la lluvia me impedía el viernes gozar de tu presencia. También llueve hoy aquí, y mi Sierra Morena es un borrón de tinta. Pero estoy tan contigo, tan cerca de tus claveles y lirios que puedo olerlos; tan cerca de ti que puedo contar tus costillas; tan pegado a tu cuerpo que me retuerzo en el dolor de tu propia expiración. No sé si antes de escribir "mamá" con torpe letra en mis cuadernos infantiles, ya tu nombre, "Cachorro", llenaba las páginas de aquel niño que se veía, por la vida, tan crucificado y expirante como Tú.



2 comentarios:

  1. Querido Emilio, triste final de esta lluviosa Semana Santa sin algunas de esas imágenes que tanto llevamos en el corazón, el Cristo de la Buena Muerte, Jesús de Pasión y ayer, desgraciadamente, el Cachorro, al que tan emocionadamente aludes en esta bella crónica. Nos consolaremos pesando que tenemos otro Viernes Santo a la vuelta de la esquina. Gracias por tu transcripción de mi décima a la Soledad de San Buenaventura a la que, al menos, sí pudimos ver ayer. Como siempre, mi agradecido y fuerte abrazo.

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  2. Triste esta Semana Santa para la Pasión según Sevilla, en la que el dolor de sus imágenes se comparte en las calles entre lágrimas y gozos. Siempre nacerá un nuevo Domingo de Ramos y El Cachorro, en el viernes más luctuoso, dejará sus perfiles ondulantes desde el puente en el río cercano y familiar, rey de los ríos andaluces.
    2012 se ha anticipado a su valor numérico de añadas con el presagio de un mal fario. No ha sido la lluvia propiciadora de una nueva cosecha, sino la lluvia asesinada de encuentros desolados. Mas Dios escribe derecho sobre torcidos renglones. Ya en el Padrenuestro, esa oración universal, decimos que se haga su voluntad, así en la tierra como en el cielo. Este año, su voluntad, que respetamos como creyentes, ha cegado de un tajo la ilusión de miles de sevillanos ansiosos de su presencia, y la de su Madre, por las calles. ¡Otra vez será!

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