miércoles, 22 de febrero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (41)


LOS CARTELISTAS

Con las grandes pantallas y truss realizados con modernísimas maquinarias de impresión digital, el oficio de cartelista de "a gordo" se ha perdido para siempre. Antiguamente, para anunciarse, y que se viera, había que recurrir a estos maestros del pincel que, en un santiamén, te pintaban una cartelera gigantesca en el cine Imperial o en el teatro San Fernando, anunciándote "Lo que el viento se llevó" o un espectáculo de Pepe Marchena. Eran artistas, algo borrachines y muy bohemios. El temple a la cola era su materia común, y brochas y más brochas. En los talleres que había en Sevilla, entre ellos el de Antonio Bautista, situado en la Avenida de Coria, en el edificio donde hoy se encuentra "Mariscos Emilio", trabajaban grandes artistas que después dieron una imagen grande como pintores, caso, el más preciado, del cotizado acuarelista José González, del propio dueño, o de mi compadre y compañero de trabajo Manuel Chávez, o de Ramón López.

Siempre existía el maestro -ese era González- que encargaba cuadricular el gran telón para ir dibujando las imágenes con la sola muestra de un prospecto de mano. Una vez realizado el dibujo, los ayudantes iban metiendo fondos y rellenando espacios y, hecho esto, el maestro, con dos golpes soberbios de brochas y pinceles, y otros dos de tinto peleón, dejaba a Vivien Leigh, Leslie Howard, Olivia de Havilland y Clark Gable más bonitos que la madre que los parió. Al día siguiente -porque el trabajo se solía hacer en una sola jornada, tal era la habilidad y maestría-, la de un espectáculo de Caracol con La Faraona, el anuncio de la representación de Don Juan Tenorio, o un gigantesco telón publicitario de "Lavadoras Bru". No sé si era la edad, las ganas y energías de vivir, o la tendencia natural de la misma a la guasa y al cachondeo, que para estos artistas el trabajo era una auténtica alegría. Cubos por todos sitios, unos con agua y otros con el temple recién hecho, brochas supercuidadas, babys que eran un auténtico puzzle de colores, tinto a granel y, curiosamente, mientras se pintaba siempre se cantaban canciones de las folklóricas: Marifé, Juanita Reina o La Piquer. ¡Qué mundo! ¡Quién pudiera regresar al filo hermoso de aquellos años!

Esta fotografía está tomada en Los Remedios. Era el solar que estaba frente por frente en donde hoy se alza la Jefatura Superior de Policía de Sevilla, esquina de López de Gómara con República Argentina. A mi empresa se le ocurrió montar una carpa allí y hacer su desfile de modas de Otoño, que fue presentado por los actores Lola Herrera y Manuel Tejada, y amenizado por las canciones y el humor de los componentes de un grupo que hacía un programa en TVE: "Escala en Hifi". Y ahí me ven, acompañado por mi inseparable compañero José Luis Torres -pintor y campeón de lucha libre-, pintando en dos días 360 metros lineales de valla enladrillada -con lo difícil que es eso, por aquello de  las rugosidades- con el texto "EL GRAN SHOW DE LA MODA".

Hoy, daría dinero por estar de nuevo allí metiendo la brocha en el cubo de plástico negro y perfilando textos y metiendo fondos..., pero ya no puede ser. Ni ya puedo disfrutar de aquella alegría de la juventud ni el tinto me sienta bien. Y el tinto, no les quepa duda, era el mejor aceite para el motor de los grandes cartelistas, aunque en esta materia siempre he sido un meritorio. ¡Qué pena de gremio desaparecido!


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