martes, 3 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (3)


EL AFILADOR

El afilador era un hombre singular de nuestras calles. El sonido musical de su silbato se colaba por ventanas y balcones, por patios y rincones de las casas de vecindad. Su reclamo dulce de una flauta plana de madera, cambiada después por el plástico que todo lo invade, llenaba todos los recintos. Era un oficio que, decían, practicaban los gallegos, que también tenían otras especialidades como las de cargadores de pianos y geniales tiradores de cerveza.

Como recoge la fotografía, los primeros artilugios para amolar eran verdaderamente artesanos: poleas de cuero, movidas por un pedal de madera, hacían que la piedra girase al gusto del artesano, quien llevaba en su zurrón docenas de trozos de viejos trapos para limpiar la hoja y demostrar su nuevo estado, y la piedra de pizarra para asentar el filo. Más tarde, en muchas ciudades se implantaron pequeñas accesorias de "vaciaderos", tal el caso de la muy tradicional de la calle Castilla sevillana o, en Córdoba, en la de Alfonso XIII. Pero estos negocios ya no tenían el encanto del afilador de puerta a puerta.

Aún suenan en mis oídos su flauta por El Turruñuelo y por El Tardón. Mi madre me entregaba una bolsa con tijeras y viejos cuchillos, y yo bajaba las escaleras con gozo para ver que aquel hombre callado, pero amable,  -chispas van y chispas vienen- me los dejaba nuevos en un santiamén.

Hoy, la crisis los ha hecho volver por nuestras calles. Desde mi estudio escucho la melodía, idéntica a la de hace cincuenta y tantos años. Y el corazón me da un vuelco, porque me reflejo en el niño que fui y que lo identificaba por las notas de su flauta. Mis cuchillos de hoy son tan caros, precisos y garantes que no  necesitan afilado. ¡Qué pena!

Fue de los oficios que avanzaron en la técnica. Primero, el carrillo manual; después, la bicicleta que movía las poleas; más tarde, el "Vespino" o la motocicleta que con sistemas estudiados de reducción conseguían el cometido. Pero yo me quedo con la imagen aquella, sepiada en mi memoria: la del afilador que por Pureza, Juan de Pineda o López Pinillos me dejaba esa música, tan inolvidable, que hoy os quiero transmitir a aquellos que no tuvisteis el gozo de apresarla en el recuerdo.


3 comentarios:

  1. Te quiero preguntar algo, amogo. El afilador de tu ciudad usaba esas extrañas flautas de pan, con esa melodía scendente-descendente? parece que es de todos los paises...
    Hermoso blog el tuyo: un saludo desde la Argentina, donde esa flauta, también se usaba.

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  2. Sí, sí que la utilizaban. Al principio recuerdo que eran de madera, pero más tarde, con aquello de la modernidad, eran de plástico.
    Un abrazo a Argentina, donde tengo muchos amigos.

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  3. Los afiladores de México, Guatemala, Ecuador, Uruguay y Argentina usaban(y usan)esa flauta. Debe ser una costumbre muy vieja y muy española.
    Un gran abrazo.

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