miércoles, 4 de enero de 2012

DESDE MI TORRE: MI CARTA A IÑAKI URDANGARÍN


Señor Iñaki: No le puedo llamar estimado amigo, porque, entre otras cosas no le conozco, lo que no deja de ser una suerte en estos días en los que todos se ceban con usted. Si empleo el señor de cortesía es porque me lo enseñaron de nacencia, y un plebeyo como yo debe tener aún más educación que aquellos que apenas la conocen por muy apegados que estén a la Corona.

Se puede ser pobre -decía Sor Ángela, una santa sevillana-, pero limpios. Siguiendo su consejo en materia moral, yo, señor Duque de Palma, estoy más limpio que las arenas del desierto, miro a los ojos de los demás manteniendo mi alma en ellos, y para nada me ha rozado el poder, y el poco terrenal que haya podido tener ha sido para beneficiar con mi sudor de cada día a la empresa en la que he trabajado durante 43 años largos de mi vida. Es curioso que entré a trabajar el mismo año y mes en el que usted nacía en Guipúzcoa, fíjese si le llevo ventaja en la vida. Pero jamás se me ocurrió meter la mano en las arcas que no eran mías. Claro está que yo no he sido nunca experto en ese deporte que usted ha dominado, en el que las manos y el balón son sus principales protagonistas.

Hace unos años sería imposible que usted ocupara, como imputado de delitos, las portadas de los principales periódicos. Pero la democracia es, afortunadamente, así y, aunque lenta en sus juicios, al menos nos enseña,  muy de cuando en cuando, las vergüenzas de las clases dominantes.

Lo que jamás puede explicarse una persona como yo es cómo usted, hombre mimado por Dios en cuanto a su buena fisonomía física, que llegó al alcanzar el maridaje con una infanta de España -puesto privilegiado para pocos-, con los dineros suficientes para vivir holgadamente con su familia, con los veraneos más que pagados, con la mayoría de almuerzos y comidas de puro gañote, con chófer y personal de servicio, con buenos trajes y "taco" en la cartera, con unos suegros de tanto abolengo y fáctico poder, se haya metido en el berengenal en el que se ha enfangado desde el pie hasta el cerebro, si es que le queda alguna parte de él activo.

Tantos tejes y manejes como salen en su contra en prensa, radio y televisión, me desbordan, sencillamente. Quiero creer que usted es inocente, pero no me ayudan quienes, sabiendo quién es usted, se han atrevido a sacar al aire todas sus desvergüenzas. No le tengo lástima. De ser un jugador de balonmano, alto, guapo y galante -no sé si bueno, porque no entiendo de su deporte-, llegó a emparentar con la Corona de España y a tener una carrera meteórica, tan grande que, de ser un simple vasco deportista, logró un título de nobleza que le otorgó su suegro: Duque de Palma, esa ciudad hermosa de Mallorca en la que usted -según cuentan- ha cometido los mayores desmanes.

No sé lo que ha hecho en realidad ni cuánto ha robado ni cuánto ha evadido. Las cuentas oscuras crecen y se multiplican  al cambio de los días. En cada amanecer, me levanto con nuevas trastadas suyas, con nuevos robos a mano armada pensados en un despacho: el más garante guante blanco para los modernos bandoleros de nuestros días.

Sí me hago, aparte de las demás, una reflexión que seguro usted también se ha hecho en la intimidad, cuando la locura del por qué le ha invadido sus horas tristes: ¿Pensó usted en su familia, en sus hijos? ¿Pensó en el daño que la haría a la Corona con su comportamiento delictivo? ¿Pensó alguna vez en cuánto daño le estaba haciendo a España, que es lo que importa?

Sólo un loco o un avaricioso puede hacer lo que dicen que usted ha hecho. Dicen que va a tener que sentarse en el banquillo en el mes de febrero. España entera sabe usted que va a estar pendiente de su persona, de qué dice y cómo se justifica. Nadie quiere tentar a "lo más alto" -que bien sabe usted lo que es-. Nadie quiere imaginarse que su esposa supiese algo de sus manejos. Nadie quiere creer que hay algo más allá de esa raya que nos marca el horizonte. Yo, señor Iñaki, como los demás españoles, estoy perplejo. Si lo que dicen que ha hecho dice el juez que es verdad, no le deseo cárcel, sino la retirada de todas las prebendas, de todos los lujos y comisiones que cobra, de todos los puestos de consejeros y cargos en altas empresas... La pena al delito, señor Urdangarín: dejarlo en pelotas vivas, con el sueldo de un parado, o con el de mi jubilación, que no cubriría ni las propinas que suele usted dejar, a costa de todos, en los restaurantes de moda, a los que casi siempre va de pescuezo.

Mentira me parece que sea verdad eso que dicen de usted, pero ya sabe que cuando el río suena... Ahora bien, que, como dijo su suegro en el mensaje de Navidad, quien lo hace que lo pague. Pero se llevaría toda la vida para pagar a España este descreimiento y desesperanza en las instituciones que usted, insolente, ha propiciado. No lo veré en la cárcel, porque esas cosas no suelen suceder en España y ya estamos acostumbrados. Allí estarán los de siempre: los drogadictos y tironeros. Los mangantes de postín, como dicen que es usted, aunque no es de justicia, siempre gozarán de la sana dicha de la libertad.

Un cordial desprecio:
Emilio Jiménez Díaz
Córdoba, 4 de Enero de 2012

6 comentarios:

  1. Me encantó su carta y le agradezco que la haya escrito. Porque sin saber escribir tan bien, dice exáctamente todo lo que pienso. Lo que ha hecho este hombre duele, realmente ofende. La infanta Cristina y el se han reido de todos los españoles...eso sí, cada domingo a misa, pero los bolsillos a llenarlos de dinero público. Nunca he tenido nada contra la monarquía. Tampoco entendí el protagonismo de las infantas si no iban a heredar el trono. Pero realmente esto me supera, supera mi entendimiento...y lo único que siento es que los españoles somos idiotas, y estupidos...¿cómo no estamos todos en la calle protestando? Es indignante, pero me quedo corta de palabras y vocabulario. Usted supo expresarlo a las mil maravillas. Saludos.

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  2. Muchas gracias por haberle gustado esta carta que jamás debería haber escrito, clara señal de que no habría motivo. Pero no hay más remedio cuando estamos rodeados de sinvergüenzas por todas partes, de gente que no se conforman con lo suyo y entran a saco en el dinero de los demás. Desearía que este año sea juzgado con todo rigor y que cumpla la condena que le impongan, pero mucho temo que, como tantos y tantos, también se irá de rositas.
    ¡De pena!

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  3. Las noticias que van llegando de este nuevo caso me hacen vomitar. Yo personalmente estoy un poco cansado de tener que llamar presuntos a tantos ladrones que se aprovechan de su situación de privilegio para arrasar. Con más de 5 millones de parados y que tengamos a esta gente en la calle, no hay derecho, Emilio.
    y, ¿tú crees de verdad que La Casa Real estaba ajeno a estos "negocios" del yerno del Rey?

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  4. A mí también me hacen vomitar, José Luis. Es inconcebible que un personaje como este tenga necesita de robar, que no es otra la palabra. Es demencial que cuando nos están apretando los impuestos por todos lados haya personas que estén robando de "la cosa pública".
    En cuanto a tu segunda cuestión, intento creer que no, pero seguro que la Casa Real estaba al tanto de estos tejemanejes de yerno tan avispado y, por supuesto, su señora. ¡Ojalá se llegue al final de este tema!, aunque mucho me temo que todo se quedará en nada, como casi siempre.

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  5. Cuando este Iñaqui se declaró a su hoy esposa, le dijo: "Te quiero más que ayer, pero menos que al dinero" (La frase es del genial Chumi Chúmez)

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  6. Llegué a conocer personalmente al hipondríaco Chumi-Chumez. Genial. Le encantaba el flamenco, como al actor Pepe Sacristán. Precisamente lo conocí en mi "fábrica de Córdoba". Buena memoria tenemos para ser tan viejos...

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