sábado, 7 de enero de 2012

DESDE MI TORRE: ¿COMENZAMOS A TRABAJAR YA TODOS?


Nos dicen desde hace años que España va mal, pero está claro que aquellos que cobran un pastón por ser diputados, y sólo aparecen en la cafetería del Congreso, o en la sala de plenos cuando hablan los de su partido y los del partido principal de la oposición, tendrían que justificar a tope sus sueldazos, sus prebendas y sus historias desconocidas. Si están ahí es porque parte del país los han votado. Y sus palabras, tengan más votos a favor o en contra, deben ser escuchadas con la misma atención apuntes y respeto que aquellos que se dedican al bipartidismo. ¿O es que no es importante para España lo que digan los políticos vascos de sus cuestiones, o los catalanes...? Los de Andalucía no, porque, como en los discos antiguos de flamenco, y desde Alfonso Guerra, sólo obedecen a "La Voz de su Amo", aunque esperamos que por poco tiempo y que Javier Arenas aprenda bien la lección, que rebaje su soberbia natural, su lenguaje -un tanto barriobajero en ciertas ocasiones- y le eche casta al asunto, aunque veo muy difícil que se alce como triunfador en las elecciones andaluzas, más compradas en votos que la Lotería del Niño, y más alegre en sus labios que en la triste realidad.

Tantísimos años he trabajado en unos grandes almacenes, en los que todo funcionaba y funciona a la perfección, como una máquina bien engrasada, que no entiendo cómo es que no hay un jefe de personal del Parlamento. Ya no un listero de las antiguas obras, sino un ejecutivo con rango de gerente que tome nota de quién trabaja y quién no, y de su soldada -como diría san Pablo- le quite por ley los días de claras ausencias.

Porque es que aquí pasa una cosa, que parece sencilla, pero no lo es. El gobierno obliga a subirse a los andamios al personal de la construcción, sea invierno o verano; el gobierno planifica los horarios de las grandes superficies, en las que nunca falta el vendedor atento; el gobierno, de alguna manera, hace que todos intentemos producir más, a pesar de menos ingresos y más impuestos, y más sacrificios... Pero los que forman el Congreso, que no llegan a cuatrocientos, afortunadamente, y que representan a todo el pueblo español -o tienen la obligación de hacerlo-, van a trabajar, o a hacer acto de presencia en el hemiciclo, cuando les sale de los huevos, que no otra es la palabra.

Aquí sí que España no debe de ser pasiva. Aquí sí que España ya tiene que gritar a viva voz por la calles, con una manifestación multitudinaria, que trabajen los que defienden que tenemos que trabajar más por un mínimo salario. Aquí sí que España, como en otras ocasiones, tiene que ser valiente y no pasar jamás por el aro del conformismo y de decir que "todos son iguales". Si los políticos, o sus partidos se presentan a las elecciones, es porque algo tienen en mente que pueden cambiar, aunque sea entre carteras, más llenas de dineros que de ideas. Sería una limosna para tanto sacrificio demostrado del pueblo español. Si no es así, si este es el andamio de la Carrera de San Jerónimo, volvamos la frase en contra del absentismo político con aquella frase de Alfonso VIII de Castilla, en la batalla de Las Navas de Tolosa: ¡Santiago, y cierra  España! Aunque yo añadiría que con tres cerrojos FAC de los gordos, con tres cosquis a cada uno de los absentistas y con diez pagas menos al año. La clase, al día siguiente, estaría hasta los topes. Y es que no hay cosa que guste más a los políticos que el dinero fácil. ¿Vamos todos a por la espiocha y la pala? ¡Vamos allá! Pero qué menos que pidamos a nuestros diputados que ocupen sus puestos forrados de piel, desde los que dicen, prometieron o juraron, que iban a defendernos. ¡Y una mieeeeeeeeerda!

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