miércoles, 11 de mayo de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (11)


Las peleas de aquellos años en los que estaba presta la navaja, el posterior cautiverio y la pena de muerte, siempre tuvieron a la madre como protagonista, en este caso como redentora e intermediaria para hablar con la justicia, o como consoladora en el mal trago de la falta de libertad. El cancionero está lleno de estas coplas que nos retratan las diversas situaciones, tristísimas la mayoría de ellas. El primer ejemplo de hoy lo registra el cancionero popular andaluz:

Adiós, madre de mi alma,
me voy, ya no vuelvo más,
tú te quedas en la casa
a implorar mi libertad.

La posible inocencia del encarcelado, también está recogida en muchas letras como la siguiente seguiriya:

Ándame los pasos, madre,
y que me saquen de aquí,
que me tienen a mí encerraíto
por lo que no cometí.

También la copla retrata la paciencia agotada de una madre tras la vuelta de un hijo después de una larga condena. La copla pertenece a José Manrique:

Con la cabecita blanca
he vuelto a los treinta años,
con la cabecita blanca.
Detenido en el cuarenta
sólo mi madre esperaba
cuando cumplí la sentencia.

Y el desgarrador mensaje a la madre del hijo que sabe va a perder la vida:

Dí a la madre de mi alma,
dí a la madre de mi vida
que hoy me sacan de la cárcel
y me meten en capilla.

O el anuncio de la entrada en prisión en la copla de seguiriya recogida en "El pueblo andaluz":

Diga usté a mi mare,
por amor de Dios,
cómo a prisiones se llevan al hijo
de su corazón.

Y la imploración a la madre para que interceda por su libertad:

Dígale a mi madre
que no llore más,
sino que ande los pasitos míos
pa mi libertad.

Y la esperanza como único baluarte en esta otra seguiriya de José Manrique:

Entre cuatro paeres
yo me estoy pudriendo,
y me sostiene la esperanza en mi mare
pa seguir viviendo.

La imploración a la madre para que se aceleren los procesos:

Madre, dígale usté al juez
que mi causa finalice,
que en las manos de los jueces
las causas echan raíces.

O la comunicación del cautiverio:

Madrecita de mi alma,
si preso me quieres ver
preso y herío me tienes
en la cárcel de Jerez.

La madre algunas veces es la auténtica liberadora del hijo por la angustia de su llanto, tal como nos cuenta esta soleá popular:

Me fueron a mí a matar,
salió mi madre llorando
y a mí me dieron la libertad.

El dolor del hijo por no poder ver a su madre, seguro que por falta de libertad, nos lo cuenta esta letra de fandango:

Mi madre enferma en la cama
y yo sin poderla ver,
a mí me ahoga la pena
porque de seguro sé
que al verme se pone buena.

Suplica del hijo ante el dolor de que su madre no sepa que lo van a ajusticiar, como recoge esta letra del cancionero "El pueblo andaluz":

¿No hay quin le lleve la nueva
a la triste madre mía
que al hijo de sus entrañas
le van a quitar la vía?

La copla que canta por fandango la pena de una madre ante el encarcelamiento de su hijo:

Prisionerillo en Utrera
mi madre me vino a ver,
y en que me vio entre caenas
volvió la cara y se fue
hecha sentimiento y pena.

Trágica esta copla de José Manrique ante dos asesinatos de distinta índole:

Reza una madre a la Viorgen
por un hijo fusilado.
La Virgen le contestó:
-Yo tuve un hijo sin mancha,
pero lo crucificaron.

También es de José Manrique este martinete en el que el acusado intenta exculparse ante el juez:

Señor juez, no soy ladrón,
que yo soy un buen gitano
nacío de madre muy buena
y como usted soy cristiano.




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