miércoles, 11 de mayo de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (y 17)


Y hoy apuramos las últimas coplas que hemos seleccionado sobre la presencia de la madre en el cancionero flamenco, dejándonos en el tintero de la memoria muchas de ellas. Como muestra, un botón basta. Y eso es lo que hemos intentado en estas páginas para dejar constancia de tan gran existencia. En días sucesivos, seguiremos con las coplas del cancionero, o de la lírica popular andaluza, proponiendo otros temas que yo creo interesantes, y en espera de que a casi todos os guste. Siguiendo estas jornadas de la madre, a la que hoy se pone el fin, sigamos ahondando en la desgracia, como la que nos trae esta copla antigua:

Mira qué desgraciaíto
que hasta por llorar lloré
en el vientre de mi madre
poco antes de nacer.

O esta otra:

No hay madre que paran hijos
tan desgraciaos como yo,
sin pletina en los calzones,
sin cuello en el camisón.

O esta seguiriya de Jerez que cantaba Antonio Mairena:

Por los rincones, mere,
te encuentro llorando,
que yo no tengo libertá en mi vía
si te doy mal pago.

Desgracia que vuelve a repetirse en esta otra seguiriya del cancionero:

Por los siete dolores
que pasó mi Dios,
los pasaría la madre de mi alma
de mi corazón.

Y desgracia amorosa en este caso, también del alma del cancionero:

Por mi mala suerte
que he venío a dá
con una hija de mu mala mare
jartita e roá.

La miseria de la madre la pone de manifiesto esta copla de José Cenizo, publicada en el libro "De la tierra al aire" (1992):

Por faltita de dinero
loca se me está muriendo
la mare de mis entrañas
en la esquinita pidiendo.

Un ruego a la madre para elegir con libertad el trabajo que uno quiere, en la voz de Ángel Roca:

Por favor, no llores, madre,
porque quiero ser minero,
fue minerico mi padre,
que lo heredó de mi abuelo
y yo le llevo en la sangre.

El lamento por haberse dejado aconsejar por la madre en temas amorosos, en copla recogida por Álvarewz Curiel en su "Cancionero popular andaluz" (1991):

Por darle gusto a mi madre
y a mi corazón pesar
dije que no te quería
y no te puedo olvidar.

Reafirmada por esta copla del cancionero popular que sigue ahondando en esta clase de olvidos:

Por hacer caso a tu madre
tú me tienes abandoná
con lo mucho que te quiero
y el mal pago que me das.

Las penas de la madre y el hijo parece que no tienen solución en esta antigua y conocida seguiriya:

Pa toíto los males
manda Dios remedio,
tan solamente pa mí y pa mi madre
no lo hay ni lo encuentro.

La orfandad y el amor dadivoso en la copla del atormentado Balmaseda:

Nunca tú la desampares,
mira que desgraciaíta,
no tiene pare ni mare.

Trágica esta seguiriya de Andrés Ruiz en su libro "Coplas de la emigración":

Ojos de mi madre,
color de cielo;
tantos golpes y penas le dieron
pa dejarlos ciegos.

Reafirmada también en la copla de la lírica andaluza:

No tengo padre ni madre
qué triste empezó mi sino
tan sólo encontré yo piedras
y zarzas en el camino.

Pegarle a una mujer habla de indecencia, según nos cuenta este fandango alosnero:

No pegues a esa mujer,
detente, hombre, detente,
maltratar a una mujer
no es de persona decente
ni a su madre quiere bien.

Si llora una madre. siempre estará presto el pañuelo del hijo. La copla es de Guillermo Cárdenas y se publicó en el libro "Del Carande con duende":

No llores, madre,
que mi amor es un pañuelo
pa consolarte.

Hay veces en que las familias no están para bromas de avisos, tal como relata la copla de José Calles en su "Cancionero popular" (2000):

No me tires chinitos
a la ventana,
que está mi padre muerto,
mi madre mala.

Impresionante esta minera de Ángel Roca, tan conocedor del tema:

Que un barreno me taladre
si vuelvo a la mina yo,
murió en la mina mi padre
y después de me murió
de tanto llorar mi madre.

El preocupación de la madre hasta la vuelta del hijo a la casa, ya se ha puesto de manifiesto en muchas de estas coplas que hemos ido repasando. La copla siguiente pertenece al cancionero popular:

Qué dolor de madre mía
que me espera toas las noches
hasta las claras del día.

Esta preocupación se corresponde con lo que nos cuenta la copla siguiente, también del cancionero popular:

Serían las cuatro de la mañana,
mi madre a mí me encontró
y me dijo hijo mío de mis entrañas
y la carita a mí me limpió.

Pues ya hemos llegado a nuestro fin en esta andadura de la presencia de la madre en el cancionero flamenco. Cientos de canciones siguen viviendo en nuestras carpetas, pero creo que han sido suficientes estas cuantas coplas que nos han llevado por todos los registros. Amor como el de madre no hay ninguno. Nos lo dice también esta copla que recoge Fernán Caballero en su libro "Cuentos y poesías populares andaluces", editado en Leipzig en el año 1861:

No hay nombre como Manuel
ni mujer como María,
amor como el de una madre
y luz como la del día.

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