viernes, 2 de diciembre de 2011

DESDE MI TORRE: ¿QUIÉN MANEJA ESTA BARCA?


En el Festival de Eurovisión de 1983, cuando ya los socialistas estaban en el Poder, y los renglones de TVE los rellenaba José María Calviño, eligieron a una guapa gitana para que representara a nuestro país: a Remedios Amaya, a la que le endosaron una canción, para nada europea, de los compositores Isidro Muñoz y José Miguel Évoras. Esto es lo de menos. Mi reflexión, aparte del ridículo que hicimos en aquella noche del 23 de abril en la ciudad alemana de Múnich, consiguiendo la ingrata cifra, junto a Turquía, de "0" puntos, va por el título de la canción: ¿Quién maneja mi barca?

Aquella noche, ni Calviño, ni las veintiuna primaveras de Remedios, ni los grandes artistas sanluqueños, pudieron manejarla. Pero después de cerca de 29 años que nos separan de aquel naufragio, aquella barca que empleo como símil -no del sexo ni del amor, que sí de la política- todavía camina a la deriva sin que haya un capitán  experto para hacerse con ella. 

Tan disputadas han sido las últimas elecciones que los partidos han tenido que movilizar a sus momias sacándolas a primera línea de fuego. Me pregunto qué le importará  a los nuevos supermillonarios González y Aznar el futuro de este país, del que, sorprendentemente, se llevan todavía, vitaliciamente, cada uno, la cantidad de más de 238.000 euros de asignación. Como viejos capitanes de empresas -porque el Estado no deja de ser una empresa con sus puestos e información piramidal-, han tenido que dar la cara en mítines grotescos dignos de ser repasados por historiadores y analistas políticos, porque sus discípulos tenían menos fuerza que la antigua gaseosa "La Pitusa".

Ganó la razón después de tantos escándalos socialistas. Bien. Pero es que en estos tiempos de zozobras diarias, con ese gobierno de transición, están ocurriendo más cosas de las previstas que en meses anteriores: la absolución -posiblemente por los pagos debidos- al señor Alfredo Sáenz, consejero delegado del banco Santander; la movida de los restos de Franco; la posibilidad, por inmunidad, de que José Blanco, el ínclito "Pepiño", se vaya de rositas en un tema con aparentes signos de corrupción; la abdicación e inmediata vuelta al ruedo -político, se entiende- de Manuel Chaves...

 Y como Rajoy -del que ya nadie se acuerda de que ha salido elegido Presidente- no actúe pronto y con rotundidad, siga en su mudez gallega y no coja el timón, el fracaso de Remedios Amaya se va a quedar en pura y simple anécdota. ¡Nos vamos a pique, señores! ¿Presumen cuántos desafueros más pueden hacer los vencidos antes de dejar definitivamente el Poder?

O el señor Rajoy comienza ya a navegar -aunque nadie duda de que hay fuerte marejada de fondo-, o a esta barca de España le va a sobrar más agua que a la película "Titanic". Se va a quedar como vaticinó el teatrero Alfonso Guerra en su día: ¡A España no la va a conocer ni la madre que la parió! Y dijo verdad: con tantos estúpidos, sinvergüenzas y ladrones, no.

¿Quién maneja esta barca que a la deriva nos lleva...?

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