domingo, 18 de diciembre de 2011

DESDE MI TORRE: GRACIAS A ANTONIO MURCIANO Y GRACIAS A ARCOS DE LA FRONTERA


El pasado viernes fue un día hermosísimo para mí que no podré olvidar en mi vida. Son de las fechas que se quedan para siempre marcadas en el calendario de los buenos recuerdos. De esos días que hay que aurear en el almanaque con la escarcha dorada que se queda fijada en las antiguas postales navideñas. Fue en Arcos, gran tierra de mis más antiguos afectos y de algunos enamoradizos poemas de juventud.

Mi gran y leal amigo Antonio Murciano, una de las grandes plumas de este "Arcos de los poetas", propuso a la comisión del Pregón de la Navidad -en la que es parte activa la Asociación Belenista "La Adoración" y, por supuesto, su ayuntamiento- que yo fuese este año el voceador de estas fiestas que ellos preparan con la liturgia y la seriedad que estas cosas precisan. Me aceptaron, y acepté, y ha sido uno de los pregones de los que me he sentido más satisfecho en esta larga andadura pregonera, a la que ya me he decidido poner fin. No es malo poner punto y final en un pueblo que es como un Belén de verdad, alta salida y meta de la llamada ruta de los pueblos blancos.

No podría contar cuántos pregones he dado en mi vida por distintos senderos y de tan variados temas. Uno de los que hice con más cariño fue el de la Pregón de la Velá de Santa Ana de mi barrio, allá por los 80; pero en mi macuto duermen los folios de los de la Fiesta de la Vendimia de Villanueva del Ariscal, del Cante de las Minas de La Unión, del Rocío de Madrid, Los Palacios y Córdoba; de multitud de fiestas patronales, de la Virgen del Carmen de Rute, del taurino de la Feria de Córdoba, del pregón de la Feria de Sevilla, de varias "semanas santas" y exaltaciones de la saeta; del gran pregón de San Rafael en Córdoba... 

Son muchos, y el llamado "pregón" -que a las comisiones de festejos varios les parece que se hacen como churros-, es una de las piezas oratorias más difíciles y, ni qué decir tiene, la peor pagada, puesto que no lleva jamás ninguna remuneración económica, y cuyo pago casi siempre lo hacen con un cuadro de la Patrona, un abrazo, un "qué bien has estado, el mejor", y un papelón de "pescaíto frito". Con el de la Navidad de Arcos me he cortado la coleta. Que ya nadie cuente conmigo para estos menesteres. En Arcos, desde la llegada hasta la despedida, todo han sido atenciones. Se me ha quedado tan buen sabor de boca que es imposible repetir en otras plazas.

Gracias le doy públicamente a mi mentor y presentador Antonio Murciano, que fue a recogerme a la estación de Jerez y que en compañía de un amigo, Paco Rodríguez Noriega, me hicieron inolvidable la mañana, el mediodía, el almuerzo y la sobremesa. Ir paseando con Antonio por sus calles es ir aprendiendo toda su historia en versos. ¡Qué prodigiosa memoria! No creo que se le escape ningún piropo que a su tierra natal le hayan dedicado sus paisanos poetas, y José Luis Tejada, y Gerardo Diego, y tantos y tantos cuantos se quedaron prendidos y enamorados de ese casco antiguo que pareciese reinventado para el reclamo turístico...

Me esperaba una sorpresa jamás imaginada: la visita a la hermosa casa de un gran belenista llamado Antonio Bernal. ¡Qué sorpresa y emoción cuando me encontré delante de unos dioramas, sobre las distintas escenas del nacimiento de Jesús, sublimes, de una genialidad artesana para la que no existen adjetivos, preñados de un amor difícil de entender! Con su permiso, y en los tiempos que dedicamos a la Navidad, quiero poner cada día algunas de las que pueblan su habitáculo íntimo, que bien pudiera definirse como un gran museo de la Navidad.

Cuando me llevaron al hotel, enclavado en pleno casco antiguo -una casa palacio convertida en hermosa estancia hostelera-, nada más abrir la puerta me encontré con dos grandes paquetes, enviados por su alcalde, don José Luis Núñez Ordónez, y su concejal de Cultura, don Domingo Jesús González Gil. Libros de Arcos, historias de Arcos, poemas de Arcos, palabras de los más grandes hijos ilustres de Arcos, recuerdos de Arcos...

Antes del Pregón, visita al Belén de la Asociación "La Adoración", gigantesco monumento a la Navidad, obra también del artista Antonio Bernal. ¡Qué delicia! Y llegada que fue la hora del Pregón de la Navidad en la muy antigua iglesia de San Pedro, es de las veces que a uno, de tanto cariño recibido, le coge tan tranquilo como si estuviese en familia. Tras la apertura de la grandiosa Coral Virgen de la Escalera de Rota, la presentación que me hizo Antonio Murciano fue dadivosa, como corresponde a los viejos amigos, elegantísima, pero sobre todo, que es lo que más se valora: sincera. Y yo me sentí a gusto de verdad, y lo palpaba en la atención de los que fueron a escucharme y en sus cálidos y múltiples aplausos. ¡Flores pá mi niño...!

Me regalaron la reproducción de un precioso "Nacimiento", con la plaquita al pie de mi paso por allí, y el señor alcalde, en nombre del ayuntamiento, una hermosa litografía de Arcos del artista de la localidad Alfonso Guerra Calle. El alcalde pronunció sus palabras de agradecimiento, así como el cura párroco de San Pedro, y la Coral de Rota puso colofón al acto con una sensacional segunda parte.

Cuando Antonio Bernal me dejó ayer pasada las ocho de la mañana en Jerez, para volver en tren a Córdoba, todo me había parecido un sueño. Venía en el ferrocarril pensando en las sensaciones del día anterior, en las tantas emociones que había vivido en tan pocas horas, alucinando con el gran cariño que me demostraron todos. Antonio es amigo de toda la vida, y así lo demostró una vez más. A los demás, parecía que hacía siglos que los conocía, tal el amor, el jugo de sus conversaciones, la profundidad en los temas varios que a todos nos preocupan, la devoción a las mismas cosas...

¡Esto, queridos amigos, sólo puede ocurrir en Arcos!

No tengo palabras para darles a todos las gracias. Valgan aquellos poemas antiguos míos, muy antiguos, en sentido homenaje a Arcos:

Tendida como un lagarto
duerme su hermosura entera,
arrullando sus fronteras
un cielo verde y cobalto.

Mis ojos, de salto en salto,
se posan sobre su cuerpo
-senos de espiga y de huerto
que me elevan a su altura-.
que es como fruta madura
para en él quedarse muerto.

Dicen que no es bien nacido quien no es agradecido, pero yo sí lo soy. Por eso: gracias, gracias y gracias.


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