lunes, 19 de diciembre de 2011

DESDE MI TORRE: ANTONIO ALARCÓN CONSTANT, OTRO AMIGO QUE SE NOS VA


Cuando el pasado sábado llegué de Arcos de la Frontera, me desayuné por la prensa con la mala noticia de que el día anterior había fallecido quien fuera un buen amigo y un gran flamenco: el último alcalde de Córdoba del tardofranquismo, Antonio Alarcón Constant, hombre entrañable por su humanidad y un gran gestor de la Ciudad en la que rigió su destino desde 1971 a 1979, fecha en que pasó el relevo al primer alcalde de las elecciones libres Julio Anguita.

Conocí a Antonio Alarcón sobre el año 1975, gracias a nuestra gran pasión común: el flamenco. Por aquellas fechas, casi todos los sábados cogía el antiguo ferrobús y me encajaba en Córdoba para visitar a mis amigos Rafael Salinas y Ángel Marín Rújula y pasar un buen rato de charla y de flamenco. En muchas de estas ocasiones, en la antigua taberna de Pepete Salinas, en la Puerta de Almodóvar, Antonio se dejaba caer por allí y se incorporaba a las tertulias, poniendo sobre la mesa sus muchas anécdotas y vivencias sobre el tema.

No faltaba a ningún Congreso de Actividades Flamencas, acompañado de Magdalena, su mujer, y así seguimos teniendo la ocasión de vernos en muchas localidades en las que este Arte era su protagonista; y recuerdo que en casi todos los Congresos, por su gran conocimiento en moderar mesas, era elegido como Presidente del mismo, labor que desempeñó siempre con suma habilidad.

Cuando me destinaron a Córdoba, tuvo la ocasión de verlo y saludarlo con mucha frecuencia, y de compartir juntos algunos momentos magníficos. La última vez que tuve la oportunidad de estar con él y su mujer, fue el pasado año, coincidiendo como compañeros de butacas, en el Gran Teatro, en un recital que era una especie de mano a mano, sensacional en su desarrollo, entre "El Pele" y José Mercé.

Valgan aquí estas breves líenas para recordar al buen amigo, al gran hombre y al gran flamenco que fue Antonio Alarcón Constan, ya en los cielos azules del recuerdo a la edad de 88 años. Y vayan desde aquí mis más sinceras expresiones de pésame y dolor por la pérdida, a su mujer y a sus cinco hijos. ¡Que Dios lo tenga en la gloria de los grandes flamencos!

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