Con la misma fotografía que abríamos esta página el día 13 de Noviembre de 2010, queremos cerrarla después de no haber faltado ni un solo día, durante trescientos setenta y cuatro, esta cita poética maravillosa que nos ha ido dejando nuestro buen amigo, exiliado en México desde 1968, Juan Cervera Sanchís. Él va a continuar siempre, al menos una vez al mes -cuando se le apetezca sorprendernos con sus nuevas creaciones-, en este marco del blog que se abrió para sus poemas, y desde el que hemos ido aprendiendo cada día. Juan, mi querido Juan, no se marcha definitivamente. Los arreglillos que intentamos introducir en este balcón abierto a partir de mañana, día primero de un nuevo año, nos obliga, de cierta forma, a plantearnos un nuevo camino en el que tengan más presencia los temas de actualidad que a todos nos preocupa, aunque la poesía, de él y de todos, siempre tenga también su auténtico protagonismo. Quizás mi amor a la Poesía me ha llevado a abusar de ella, pero la verdad es que el resultado ha sido ciertamente reconfortante.
La palabra cotidiana de Juan ha estado llena de claridades y se ha convertido en agua fresca de su manantial vivo e inagotable. Su visión de la vida nos ha hecho sentirnos más libres con el mensaje de sus poemas. Algunos de sus hermosos libros inéditos -que se han publicado en este blog-, como Todas mis lunas y El gato que yo fui, nos han hecho ser más imaginativos y recrearnos con él en el rincón donde habitan los sueños. El paso de este hijo de la vieja Axati que es Lora del Río, nos ha hecho disfrutar durante más de un año seguido con sus historias, esperanzas y desesperanzas, firmezas y vaivenes, pálpitos de vida y augurios de muerte...
No tengo palabras para agradecerle a Juan Cervera Sanchís lo que grano a grano de sus versos ha ido aportando a esta Torre Cobalto. Con él, con su palabra, la Poesía no ha estado nunca huérfana de testimonio. Sólo una puede englobar todo lo que quisiera decirle: gracias. Gracias por su generosidad, por su talento, por el compromiso diario con aquellos que nos encontramos lejos de él en la distancia, pero muy cerca en el corazón. Gracias, Juan, por todo: por esos correos íntimos que seguiremos manteniendo para contarnos nuestras cosas. Gracias, Juan, por tu ejemplo, por tu bonhomía, por tu palabra llana de hombre sabio, por las lecciones magistrales que nos has ido impartiendo por medio de tus versos. Si la vida merece la pena de vivirse, la mayoría de las veces es por encontrarse con gente tan genial y dadivosa como tú.