Ayer, al menos Córdoba, parecía una ciudad fantasma, en la que apenas si parecía que alguien habitaba. Ya se sabe que era día de fiesta, pasada de domingo a lunes, pero también era bien sabido que abrieron todas las grandes superficies y almacenes de distribución. Ni un alma. Mañana triste de noviembre en vez de ser Navidad. Cuando faltan las voces infantiles en las calles, la tristeza habita por todos los lugares y la ciudad se queda muda, como los trinos de los pájaros en las tardes tórridas de agosto.
Nadie en los bares, que cerraron sobre el mediodía por falta de clientes. Nadie en los parques, tan sólo los amantes sufridores de los perros. Nadie por las aceras. Nadie, nadie, nadie. Aún no se había dado la noticia del recién nombrado Ministro de Economía de que España va a entrar en recesión. Posiblemente, el olfato ciudadano se anticipó a la noticia vespertina. Hay tristeza, mucha, quizás más de la que el hombre puede soportar. Se estira el euro, como aquellos catalanes del chiste que estiraban la peseta hasta inventar el hilo de cobre. Hoy he visto salir de vuelta a los hijos de mis vecinos, y a mis propios hijos, cargados con garrafas de aceite, naranjas, queso, regalos para los niños y, posiblemente, con algún billete de más metido en sus carteras. Los abuelos seguimos siendo el manantial que no agota sus pobres caudales. ¡Pobres niños y pobres abuelos! ¿Quién va a salir a la calle para no poderse tomar una copa, para no poder merendar junto a sus nietos...?
Hoy, he notado la soledad de las calles, los tiempos que ya parecían perdidos, las aceras vacías, los espacios mudos de griteríos y de voces. Contentos pueden estar, si es que esta era el propósito, aquellos que sólo quieren ver pobres a su alrededor. ¿No les asusta a estos sinvergüenzas tanto silencio...?
Es curioso, Emilio, porque el centro de Sevilla ayer era un hervidero de gente y bullicio. Llevé a mis nietas a ver los belenes, las colas eran larguísimas, costaba trabajo andar y había atascos para entrar en los aparcamientos públicos. ¿Cómo se puede dar tamaña diferencia entre las dos ciudades? No creo que la diferencia económicamente hablando sea tan drástica, pienso que el espíritu navideño sigue calando aquí en Sevilla. En Córdoba, no lo sé. Saludos
ResponderEliminarHace un momento acabo de llegar del centro de la ciudad y estaba a reventar. Parece como si hubiesen abierto las puertas de las barriadas y todo el mundo se hubiese echado a la calle. Poca gente con bolsas en las manos, pero todo el mundo disfrutando un poco de la pésima iluminación de este año y de los coros de campanilleros que van por las calles. Son días...
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