sábado, 5 de noviembre de 2011

EL POETA DE LA SEMANA: VÍCTOR JIMÉNEZ (1)

VÍCTOR JIMÉNEZ nació en Sevilla en 1957, ciudad en la que vive dedicado a su labor docente y a su obra literaria, una obra con un estilo clasicista, riquísimo en su lenguaje y recurrente en sus pensamientos; estilo en el que no deja de lado el uso, bien administrado, del verso libre. Codirector de la colección poética "Ángaro", este poeta ha colaborado en las más importantes revistas literarias, como "Prima Littera", "Piedra de Molino", "Litoral" y "Palimpsesto", y ha obtenido importantes premios, como el "Villa de Benasque", el "Florentino Pérez-Embid", el "Rosalía de Castro", el primer accésit del "Luis Cernuda", el "Alcaraván" y el "Noctiluca" de poesía amorosa. Entre su obra poética, cabe destacar:  "Cuando venga la luz" (Madrid, Ediciones Libertarias, 1994), "Las cosas por su sombra" (Colección Adonais, 1999), "La singladura" (Colección Brevior, Sevilla, 1994), "Apenas si tu nombre" (Madrid, 1997), "Tango para engañar a la tristeza" (Editorial Renacimiento, Sevilla, 2003), "Taberna inglesa" (Córdoba, 2006), "El tiempo entre los labios" (Antología 1984-2008. Colección Calle del Aire. Editorial Renacimiento, Sevilla, 2009), "Al pie de la letra" (Sevilla, Ediciones de La Isla de Siltola. Colección "Siltola-Poesía", 2011). Parte de su obra está incluida en diversas antologías nacionales e internacionales.


LA ARRIADA

Mana recuerdos tibios 
la tarde de noviembre 
mientras sobre la cama 
me acostumbro a la muerte. 
Acodado y absorto, 
un niño, desde el puente, 
contempla, al sol, las barcas. 
Con ojos transparentes 
el niño mira, y tiembla 
el agua en las paredes. 
Con las aguas del río, 
del mar y de la fuente, 
con las aguas del cielo 
lo que se fue nos vuelve. 
Sigue lloviendo y sigo 
haciéndome a la muerte. 
Con la lluvia verdean 
los recuerdos de siempre. 
Humeante y veloz 
pasa un tren bajo el puente 
y en su estela de humo 
a lo lejos se pierde 
sin dejar lejanía. 
En mi pecho inocente, 
de niño, qué milagro, 
qué alegría, qué suerte 
no saber cuánta vida 
se nos va con los trenes. 
Y después, cuánta lumbre 
apagada en la nieve. 
Como un perro de sombra, 
¿quién una, algunas veces 
no dejó vagabunda 
el alma en los andenes? 
Se empañan los cristales 
del recuerdo. Me vence 
el sueño. El niño va 
cayendo en la corriente. 
Nada. Nada después 
más triste. Lentamente, 
en las aguas del tiempo, 
como el gozo fue hundiéndose. 
La lluvia va amainando, 
apenas casi llueve. 

Víctor Jiménez

2 comentarios:

  1. Me alegra mucho encontrar en esta sección la poesía de Víctor Jiménez, querido Emilio, extraordinario poeta y amigo y, curiosamente, con ese poema “La arriada” de su libro “las cosas por su sombra” que fue el primero de sus poemas que leí, lo recuerdo bien, cuando editó en la Colección Adonais su poemario premiado con el Premio Florentino Pérez-Embid de la Academia Sevillana de Buenas Letras. He mantenido, desde entonces, con él una gran relación de afecto y de amistad que comenzó, precisamente, con la admiración por su obra. En otro orden de cosas, y por fundir el comentario, veo que te has despachado bien y a gusto contra la especie del género papafrita helénico, que también abundan, como bien sabes, los papafritas patrios.

    ResponderEliminar
  2. Cuando por indicación tuya recibí su libro "El tiempo entre los labios" (Antología, 1984-2008), quedé sorprendido por la calidad y calidez de su poesía, tal como antes me había pasado contigo. Creo que hemos realizado una buena selección de sus poemas para que los blogueros disfruten en esta semana a él dedicada.
    En otro orden de cosas, la verdad es que sí, que también hay papafritas helenos.

    ResponderEliminar