miércoles, 2 de noviembre de 2011

DESDE MI TORRE: MI VOTO PARA EL 20-N


El telar está como para no salir de casa, ya que parece que el personal, como el mes, aparte de la modita de Halloween, se ha disfrazado ya de Noviembre, aunque con este disfraz llevamos tirando desde hace más de cuatro años: cuando se pararon todas las grúas y cesaron los humos de las chimeneas de ladrillos del país; cuando cerraron las carpinterías, las metalisterías, las fábricas de saneamientos, las de las persianas, las industrias del mármol y las solerías, del mueble y la decoración, de ascensores y porteros electrónicos. Ya no hay quien nos quite la careta de la tristeza hasta que el percal se anime un poquito, sólo un poquito, cuando lleguen las fiestas navideñas, en la que desempolvaremos los mantecados sobrantes del pasado año y  cambiemos por unos días, como en el teatro griego, la mueca para simular una sonrisa. He dicho teatro griego, y ya ven ustedes como está el telar por aquellos lares en los que parece que Papandreu ha adelantado el día de los inocentes queriendo convocar un referéndum. Y es que en este mundo sólo gobiernan los idiotas.

No anda por aquí mejor la escena. Estábamos esperando con suma avidez el programa electoral de Rajoy, y más que programa parece un prospecto de un cine de verano. Me lo he leído punto por punto a primera hora de la mañana y también se me ha quedado la cara de noviembre: blanquita y triste, más triste que el ciprés de un cementerio y más desencajada que las puertas de las Tres Mil. Es un programa que sólo se mantiene en el papel y que tiene más contradicciones que el juicio de esos niñatos del caso Marta del Castillo. ¿Cómo piensa sacar el dinero el señor Mariano? Mejor dicho, ¿de dónde? De nuevo sale el tema de los pocos trabajadores que existen, de aquellos que tienen una pobre nómina, a los que llaman hiperbólicamente "mileuristas" cuando apenas si llegan a los seiscientos. A éstos, en esta partida de propuestas tan pobres como contradictorias, les va a tocar, una vez más, el pagache de la flexibilización de las condiciones laborales, pasando por la guillotina de los cambios de horarios que estimen sus empresas y del "toquecito" a sus mermados salarios. ¿Dónde se han quedado los derechos de la clase trabajadora que con tantos sudores y muertes empezó a gestarse en la Inglaterra de principios del XIX? ¿Qué significa para este nuevo sistema de la globalización un trabajador? Nada, absolutamente nada. 

Cuando en uno de los puntos de las propuestas Rajoy anuncia la "austeridad y contención del gasto", ¿se refiere también a la subida de sueldo inmediata que la recientemente nombrada presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, ordenó para sus consejeros, cuando, por ejemplo, esta comunidad debe millones de euros a los farmacéuticos? ¡Historias para no dormir! 

Si verdaderamente queremos que este país funcione, hay que hablar claro y decir lo que todos los españoles pensamos: sobran las autonomías, que han sido, y siguen siendo, la clara ruina del país. España no se puede permitir este despilfarro de diecisiete presidentes con sus miles de adláteres, de virreyes prebendados de una manera absolutamente deshonesta, con una flota de automóviles de alta gama que ya he denunciado en estas misma páginas en no pocas ocasiones, etc., etc, etc.

Eso, por una parte. Por otra, hay que ser lo suficientemente valientes para decirles a los ciudadanos que estas propuestas se quedarán en su mayoría en papel mojado. ¿Por qué? Pues sencillamente porque todos los  gobiernos del mundo, y por coaligación todos sus presidentes, están hipotecados por eso tan abstracto a lo que llaman "orden mundial", es decir, que los que llevan las riendas de todas las economías para volvernos a hacer a todos esclavos son cuando grandes trust económicos que nos manejan, y manejan a los que a su vez lo hacen con nosotros, como marionetas o neurospastas antiguas. Esa es la triste verdad. La política, ni económica, ni fiscal, ni siquiera muchas veces educacional, la hacen los gobiernos del país, sino estos ogros, cada vez más ricos, que quieren convertirnos en pobres a todos. Eso es lo que hay que decir, porque ya nadie es un niño, ni siquiera los niños, que se cree las historias de "Cenicienta".

Llama mucho la atención en la propuesta el punto que, a lo largo de varias decenas de páginas, hace una llamada a la austeridad. Pues eso, a aplicarlas en el mismo seno del Congreso de los Diputados y a cercenar de un tajo valiente todas las autonomías y el desorbitado gasto que conlleva el mantenerlas. Si no son capaces de arreglar el país, que se lo dejen en manos a Isidoro Álvarez. En poco más de un año, seguro que todos los ciudadanos llevan la sonrisa en los labios y la marca España en el corazón.

Por eso, ante la nulidad del programa de Rubalcaba y la imposibilidad de que Rajoy cumpla ni una sola de sus propuestas, sigo batallando con mi voto en blanco. Al menos, así me anticipo y colaboro a la promesa que ha hecho el candidato gallego de rebajar en cincuenta diputados la gran lista de los vividores del Congreso.

¡Desgraciadamente, mal se le está poniendo el ojo a la yegua!

2 comentarios:

  1. La yegua ya ni ve, Emilio; va topando con la cabeza por las esquinas.

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  2. Yo creo que ya no la cura ni el eminente doctor Barraquer.

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