miércoles, 12 de octubre de 2011

DESDE MI TORRE: LA GRAN TRISTEZA CONTENIDA DE CÓRDOBA


Desde que la terrible noticia de la desaparición de dos hermanos de seis y dos años, Ruth y José, pasó a los medios informativos, Córdoba, ciudad tan solidaria desde siempre, se puso a buscar por calles y plazas, parques y jardines, observando como si suyos fuesen a los niños que se cruzaban en sus miradas. El Parque Cruz Conde está muy cerca de mi casa y, frente a él, la muy famosa "Ciudad de los Niños", ejemplo de espacio abierto para que nuestros "enanos" corran y disfruten en completa libertad de toboganes, juegos de agua, camas elásticas, instrumentos musicales, tirolinas..., todo está pensado para ellos en este maravilloso proyecto que es pionero en Andalucía, y donde los niños se divierten más que en la Warner Bros, en Isla Mágica, en PortAventura, o en los demás parques temáticos existentes en nuestra geografía. Pero todo parece apuntar a que los niños jamás estuvieron por esos dos parques emblemáticos de la ciudad.

Y en verdad, como digo en el titular, hay una gran tristeza contenida en esta ciudad. No se habla de otra cosa -denotándose el dolor en los labios de los ciudadanos- en autobuses, bares, mercados y centros comerciales. Las farolas están llenas de pasquines con esta fotografía que te pone los vellos de punta. Todos piensan, sufren, suponen y calibran los datos que la prensa diaria nos da en portadas y en grandes titulares y en repletas páginas interiores. Lo cierto y verdad es que los niños -hasta el momento que estoy escribiendo estas líneas- no han aparecido, y que la policía insiste, para eso son expertos, que la averiguación del tema está en las manos de ese padre que primero dice que los perdió en el citado parque y que después se contradice en cada una de las declaraciones.  No hay la misma alegría que siempre por estas calles en las que todos tenemos puesto la imaginación en esos dos hermosos niños, con ojos como almendras, abiertos al futuro y a la vida. Nadie quiere pensar que haya sucedido lo peor, aunque es lo que todos nos tememos. Nadie quiere creer, y se resiste a hacerlo, en que haya sido el propio padre quien haya cometido una locura difícil de imaginar. Nadie quiere pensar que esto puede ser posible.

Desapariciones y muertes se han cebado últimamente con Andalucía. Los casos de Mariluz y de Marta ya nos hicieron sentir la inutilidad de estas acciones, y comprobar la lentitud de la policía en casos en los que había que haber actuado inmediatamente, y aseverar de nuevo el caos de la justicia española. Aquí el único sistema que está totalmente moderno y controlado es la máquina sangradora de la hacienda pública. ¡Qué pena!

No quiero hacer juicio de valores antes de que todo se esclarezca. Hasta ahora no hay nada seguro y el propio padre es un presunto. ¿Pero presunto de qué...? ¿De todo? A nadie, así como así, se le pierden dos niños en un parque en el que, al parecer, nunca estuvo ni él ni los críos Ningún padre, que así se sienta, llama a la policía dos horas más tarde de la desaparición y lejos del lugar. Ningún padre miente como este en tantos apartados -según la prensa, la radio y la televisión-, y ningún padre está tan tranquilo como este señor ante la desaparición de sus dos únicos hijos, dos preciosos niños que ojalá aparezcan vivos, aunque ya tendrán para siempre tristes las sonrisas.

Cuando salgo con mis nietos se me multiplican mis ojos y no dejo de ponerlos en ellos. Hoy, el mundo en el que vivimos nos ha hecho ser muy precavidos. O este padre con eso de la separación matrimonial estaba ciego, o es que de verdad ya no quería ver a sus hijos para nunca jamás. ¡Qué terrible pena! 

Córdoba, ciudad a la que tanto conozco en su epidermis, está triste. Se nota en los rostros de sus hombres y mujeres, en el conjunto de esos ciudadanos que aún intentamos creer que todo lo que está pasando ha sido sólo un terrible sueño, pero que mañana, mañana mismo, la realidad será otra. ¡Dios lo quiera!

8 comentarios:

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  2. Emilio, vivo tan aislado y ajeno a la realidad que no me había percatado de este asunto. ¡Es terrible! Me niego a creer que en nuestra Córdoba pueda pasar esto. Un abrazo

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  3. Qué espantoso y terrible todo esto, Emilio, vivido además con la circunstancia de la proximidad física y geográfica.

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  4. Desde que me enteré el pasado sábado estoy triste, hay algo interior que no me deja pensar en otra cosa que no sea la cara de estos niños. El ser abuelo y tener nietos, con los que gozo como si fuera un chiquillo, te hace ser bastante más sensible en estas dolorosas materias.

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  5. Ahora que somos tan niños como ellos nos matan estas noticias. En la carita inocente de estas pobres criaturas vemos las de nuestros nietos; no se puede evitar y es muy duro. Por detrás de la terrible noticia, lo de siempre en este tiempo loco y deshumanizado que estamos viviendo, tiempo de parejas impacientes y egoístas que anteponen su "felicidad" a la de las vidas que han creado. Los parques de juegos están llenos de abuelos que cuentan y sufren la misma historia: la madre y el padre por caminos distintos y ellos tapando huecos imposibles.

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  6. Bien puedes imaginarte, Ángel, porque tú eres abuelo como yo, la tristeza que tengo, y que tiene media Córdoba. No se habla de otra cosa. Nadie puede imaginarse lo que todos callan pero que las noticias certifican.
    Lo que nunca lograré entender es que a un tío no se le pueda sacar una confesión en cinco días que llevamos con el doloroso tema. Pasó lo mismo con Marta... ¿Cuánto dolor ajeno, pero propio, tendremos que soportar en esta nueva sociedad que nos han ido fabricando sin darnos cuenta?

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  7. Ya lo hemos comentado otras veces, Emilio: el futuro asusta o, mejor, es el hombre el que asusta. Pero habrá que afrontarlo poniendo cada cual lo que pueda para variar el rumbo que llevamos.
    Cuando aparezcan las criaturitas habrá que celebrarlo, porque intuyo que aparecerán...

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  8. Me he levantado hoy a las siete, y lo primero que he hecho es poner la radio y ver la prensa por internet. Las cosas siguen igual. Nadie da norte de los niños.

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