sábado, 22 de octubre de 2011

DESDE MI TORRE: ¿EL FIN DE E.T.A.?


España lleva cerca de cincuenta años soportando su peor cáncer, que ya es aguantar que un tumor dure tanto. Con él no han podido las quimioterapias de los fusilamientos coercitivos de Franco ni las radioterapias de las conversaciones de la democracia, ni siquiera ese invento de otra  banda asesina, llamada G.A.L., auspiciada por un jefe de gobierno, llamado Felipe González, que, ahora, como resucitado de su tumba, reaparece para dar empuje al futuro proyecto socialista -en el que ya nadie cree- apoyando al trilero Pérez Rubalcaba, que está tan perdido en su futuro, y en el de España, como el célebre barco sevillano del arroz.

Nadie fue lo suficientemente inteligente para acabar con ella. Cuando la política entra en estos temas, todo suele desbaratarse, y a los muchos años de asesinatos me refiero, a las muchas treguas, a las muchas conversaciones de alto el fuego. Cuando se habla con una banda de asesinos, se dialoga, se comparten opiniones, se hacen asambleas, etc.., lo peor que puede ocurrir es que llegan los tiempos de que funcionen las pistolas, las de verdad y las dialécticas. Y que estas  se disparen. Jamás puede haber conversación con los ogros. Jamás puede tenerse una relación con aquellos que en vez de la claridad de los folios blancos para tomar notas, se escudan con la chapela y con las capuchas, porque no tienen los cojones suficientes de dar la cara. Ya sabemos que los asesinos siempre suelen ocultarlas. 

Pero estos jamás la han tenido vergüenza. Llevan el asesinato en los genes. Los terroristas no entregan sus armas, que parece suelen ser muchas. No piden los muy cabrones perdón a las más de mil víctimas, cobardemente asesinadas, entre ellas personas tan entrañables y amigas como Ascen y Alberto Jiménez Becerril, las más cercanas a mi vida. Dejaron muda a toda España con el vil asesinato de Miguel Ángel Blanco. Han cometido toda suerte de barbaries indiscriminadas. Hombres, mujeres y niños han caído ante sus metrallas, en la trampa de sus coches bomba, bajo el cobarde tiro en la nuca. Amenazan con no seguir matando a cambio de una negociación. ¿Negociar con asesinos? ¿Negociar con los que quieren un homenaje a sus presos asesinos, el acercamiento de ellos y las salidas de las cárceles? ¿La clara separación de Euskadi?...

Nos hablan de conflicto armado, como si España estuviese en una nueva guerra civil nacionalista. Se hace -sin que el PSOE lo prohíba- una conferencia de paz a la que se ha invitado a cuatro payasos de renombre, entre ellos al Nobel de la Paz, Kofi Anaan, ese nuevo multimillonario hombre de color, que ha cobrado un pastón tan sólo por leerse un panfleto de mala conciencia..., y, lo que es peor, apoyarlo. ¡La cumbre de Ayete! ¡Toma ya!

Se deja al margen a cuantos han perdido a sus seres más queridos en el camino de la vida. No cuentan. Al parecer, son los artífices de esta "guerra". A los presos de E.T.A., horribles asesinos, tremendos asesinos, hijos de puta asesinos -con perdón de las madres- hay que acercarlos al biberón de las consignas, de la mala leche del separatismo, de la formación del miedo para alcanzar el poder... ¡Son unos angelitos, coño!

El señor Rubalcaba se cree que en verdad esta organización tremendamente terrorista ha dejado las armas. ¿No será que ha conquistado, gracias al PSOE, el poder político de todas las regiones, tan mínimas, por otra parte, de Euskadi? ¿Nos olvidamos de Bildu y Sortu? ¿No será que la petición de independencia está a la vuelta de la esquina y si no pudiese ser así las armas volverían a salir de sus escondites?

 E.T.A., sus asesinos con nombres y apellidos, y no nos engañemos, es un poder político. Si quieren que en verdad nos creamos que van a dejar de ser asesinos -yo, no-, que se quiten las caretas, los antifaces, los guantes y las chapelas, que les veamos las caras, que los conozcamos, que podamos mirarles a los ojos.

¿Creen mis blogueros que E.T.A. va a dejar las armas? A los asesinos, como siempre ha dicho Robert Ressler, uno de los grandes especialistas del crimen organizado y en serie, no deja de calentárseles la boca. A los políticos, por estar en el Poder, tampoco. ¿Jamás podrán hablar los familiares de las víctimas?


4 comentarios:

  1. José Manuel Holgado Brenes22 de octubre de 2011, 13:31

    Querido Emilio, perdóname que no lea tu artículo porque hace mucho tiempo por temor, por asco, por vergüenza, por asesinos, me negué a leer nada referente a esa banda de criminales llamada LA eta, y es importante el artículo como una vez en sus acertadísimos recuadros explicó el maestro Burgos, así queda en lo que es una banda de forajidos, sin él sería hasta una nación, como Francia o España y jamás lo han sido, por que los periodistas en general lo omiten. Si éstos, además, le dan pábulo, pues peor.
    Sin leerlo, con la foto nada más tengo bastante, y te manifiesto que esteré totalmente de acuerdo contigo. El ver a Alberto es suficiente para sentir un escalofrío y recordar a mi vez su simpatía y cordialidad cuando me encomendó que, en sustitución del también querido don Manuel Macías, llevara yo la Revista Triana; sabemos TODOS que fué una gran persona y un gran edil al frente del Distrito. También traté a su querida esposa, Ascensión, como Procuradora, pues éramos de la Curia sevillana. Ya están ambos con el Señor y que Él perdone a sus asesinos, que Él si puede, pero nosotros...

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  2. Celebro que no leas nada relativo a estos asesinos. Yo haría lo propio si no fuese porque este tema me escuece mucho. Hoy todo son algaradas en los medios de comunicación, cuando se sabe, positivamente, que volverán a coger las armas cuando políticamente algo les falle.
    Fíjate en esa fotografía en noche de Velá, con Alberto: Ángel Bonilla, Manuel Lauriño, Ángel Vela, Barbeito y yo. El asesinato de Alberto y de Ascen fue un mazazo tremendo. Y ahora quieren comenzar a negociar la salida de presos, de asesinos en serie. ¡Venga, hombre!

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  3. ¿Dónde hay que firmar?
    Vinieron a inundar de sangre a Sevilla y sabían como hacerlo.
    También supieron estos desalmados hacer que sintamos extraña a una tierra antes querida.

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  4. Estos asesinos nos dieron donde más nos dolía. La muerte de Alberto y de Ascen será imborrable.

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