miércoles, 24 de agosto de 2011

EL POETA DE LA SEMANA: ALBERTO LISTA (5)


LA MUERTE DE JESÚS

¿Y eres tú el que velando
La excelsa majestad en nube ardiente,
culminaste en Siná? ¿Y el impío bando 
Que eleva contra ti la osada frente, 
Es el que oyó medroso 
De tu rayo el estruendo fragoroso?
Mas ora, abandonado. 
¡Ah! pendes sobre el Gólgota, y al cielo 
Alzas gimiendo el rostro lastimado; 
Cubre tus bellos ojos mortal velo,
Y su luz extinguida,
En amargo suspiro das la vida.
Así el amor lo ordena; 
Amor más poderoso que la muerte; 
Por él de la maldad sufre la pena 
El Dios de las virtudes, y el león fuerte 
Se ofrece al golpe fiero 
Bajo el vellón de candido cordero.
¡Oh víctima preciosa 
Ante siglos de siglos degollada! 
Aun no ahuyentó la noche pavorosa 
Por vez primera el alba nacarada,
Y hostia del amor tierno,
Moriste en los decretos del Eterno.
¡Ay! ¡Quién podrá mirarte!, 
¡Oh paz, oh gloria del culpado mundo! 
¿Qué pecho empedernido no se parte 
Al golpe acerbo del dolor profundo, 
Viendo que en la delicia 
Del gran Jehová descarga su justicia?
¿Quién abrió los raudales 
De esas sangrientas llagas, amor mió?
¿Quién cubrió tus mejillas celestiales 
De horror y palidez? ¿Cuál brazo impío 
de tu frente divina 
Ciñó corona de punzante espina?
Cesad, cesad, crueles; 
Al Santo perdonad; muera el malvado; 
Si sois de un justo Dios ministros fieles. 
Caiga la dura pena en el culpado; 
Si la impiedad os guía
Y en la sangre os cebáis, verted la mía.
Mas ¡ay! que eres tú solo 
La victima de paz que el hombre espera. 
Si del Oriente al escondido polo 
Un mar de sangre criminal corriera 
Ante Dios irritado, 
No expiación, fuera pena del pecado.
Que no, cuando del cielo 
Su cólera en diluvios descendía,
Y a la maldad que dominaba el suelo-
Y a las malvadas gentes envolvía, 
De la diestra potente
Depuso Sabaoth su espada ardiente.
Venció la excelsa cumbre 
De los montes el agua vengadora; 
El sol. amortecida la alba lumbre 
Que el firmamento rápido colora. 
Por la esfera sombría 
Cual pálido cadáver discurría.
Y no el ceño indignado 
De su semblante descogió el Eterno. 
Mas ya, Dios de venganza, tu Hijo amado,.
Domador de la muerto y del averno.
Tu cólera infinita
Extinguir en su sangre solicita.
¿Oyes, oyes cuál clama?, 
Padre de amor, ¿por qué me abandonaste? 
Señor, extingue la funesta llama 
Que en tu furor al mundo derramaste; 
De la acerba venganza 
Que sufre el Justo, nazca la esperanza.
¿No veis cómo se apaga 
El rayo entre las manos del Potente? 
Ya de la muerte la tiniebla vaca 
Por el semblante de Jesús doliente,
Y su triste gemido
Oye el Dios de las iras complacido.
Ven, ángel de la muerte; 
Esgrime, esgrime la fulmínea espada.
Y el último suspiro del Dios fuerte
Que la humana maldad deja expiada,
Suba al solio sagrado,
Do vuelva en padre tierno al indignado.
Rasga tu seno, oh tierra; 
Rompe, oh templo, tu velo. 
Moribundo Yace el Creador; mas la maldad aterra,
Y un grito de furor lanza el profundo:
“Muere... Gemid, humanos:
Todos en él pusisteis vuestras manos.

Alberto Lista

2 comentarios:

  1. Apocalíptico este poema de Lista... Tranquilo quedaría tras firmarlo.

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  2. La desazón del hombre viene de lejos. Es el mismo tema del que siempre hablamos. Quizás tengamos que decir alguna vez lo que Cristo dijo: "Mi reino no es de este mundo". Nuestro paisano parecía profetizarlo.

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