domingo, 3 de julio de 2011

DESDE MI TORRE: EL CRECIMIENTO Y LA LIMPIEZA DE MÁLAGA


Cuando viajo a una ciudad, me encanta ir temprano a visitarla, aunque tenga que dar más vueltas que las calesitas de León. Y eso fue lo que hice el pasado viernes. A las 10'30 llegué al hermoso Parador Nacional de Málaga y, a poco de colgar el traje de faena para le cena de gala de por la noche, ya estaba metido en la calle Larios, recordando a mi desaparecido amigo y gran flamenco, y boticario de la misma rúa, Antonio Matas, y enfocando la entrada del Palacio de Villalón, muy cerca de la Plaza de la Constitución, en la calle Compañía, en la que tiene su sede el Museo Carmen Thyssen, esa gran oportunidad que se le fue a Sevilla de las manos, como se le va a ir, a menos que ande lista, la colección importantísima, valorada en miles de millones, del gran coleccionista y mecenas Mariano Bellver.

Me encantó, por supuesto, el museo, en el que la mayoría de sus cuadros del XVIII, XIX y principios del XX retratan a nuestra ciudad en los pinceles de Joaquín Domínguez Bécquer, García Ramos, Antonio Cabral Bejaranano... ¡Se lo perdió Sevilla! Al igual que se perdió que el antiguo seminario de San Telmo, antiguo palacio de los duques de Montpensier, en vez de ser sede de un Presidente de la Junta de Andalucía se hubiese convertido en el mayor museo de arte romántico del mundo, acogiendo los fondos de esta época de la pinacoteca sevillana y las colecciones que le están donando a Sevilla sin que sus políticos -como en el caso Bellver- les haga ni puñetero caso.

El nuevo alcalde debería darse un garbeo por Málaga para fijar cánones en Sevilla. Ya que no lo hizo Monteseirín -que era un pasota- , que lo haga Zoido, para contemplar un modelo de ciudad a la que sólo da su diversidad el mar y la sierra, porque para ciudad monumental nadie debe engañarse que Sevilla le lleva a Málaga mucha diferencia, aunque con las calles con más mugre que El Vacie y un tranvía que pasa por su avenida principal forrado de vinilos como un fantasma de la modernidad, y unas farolas que para que te voy a contar, y una dejadez que... Pero hay que hacer bien las cosas. Y Málaga lo ha hecho. Y ya no me refiero a su estación de AVE, que le mete diez a cero a la nuestra en diseño y concepción, sino al centro de la ciudad, que es lo que verdaderamente nos interesa: limpio, cuidado, con policía de calle patrullando, con las terrazas de los múltiples bares cuidadas, con farolas que van con el entorno (no de IKEA), con mármoles hermosos en su calle Larios sin ese río luminoso de nuestra calle San Jacinto que está de pena.

¿No viajan tanto los alcaldes, y sus asesores y sus recogecosas y sus abrepuertas? ¿Nadie tiene ojos en la cara? En las cosas que parecen mínimas -que son las que hacen grande a una ciudad- nadie parece fijarse, sólo mis ojos, que observan siempre la belleza. Lo que pasa es que la belleza crítica siempre parece molestar a todos los políticos. Quizás por eso no me quieren ni ver.


4 comentarios:

  1. Pienso a veces, Emilio, que nuestra querida ciudad, tan hermosa y tan honda, es ingobernable. No sé qué clase de malfario sobrevuela, empecinado, sobre el eje del Giraldillo. Igual ocurre con Triana, debe ser cuestión de volúmenes inabarcables o, lo que es peor, de tallas...
    Tenemos un alcalde a estrenar; a ver qué pasa con los volúmenes y las tallas.

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  2. El problema, uno de ellos, puede ser de talla, pero de talla de hombres. Recuerdo que nuestro paisano de arrabal, Hernández Díaz, se cargó media Sevilla monumental y eso que su fuerte era el Arte. Los años 60 fueron de una destrucción masiva.
    ¿Intereses? No lo sé.
    Creo que desde entonces hubiese convenido un 15-M en defensa de la integridad del Patrimonio. Aún estamos a tiempo de que no ocurran más cosas. ¿No recuerdas cuando en 1964 quisieron cargarse el puente de Triana para sustituirlo por otro de Fernández Casado?
    ¡Cosas!

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  3. José Luis Tirado3 de julio de 2011, 20:44

    Lo que hizo Monteseirín tardará mucho tiempo el nuevo alcalde en solucionarlo. A Alfredo se le ha quedado, con razón, el mote de alcalde-ikea. Con respecto a Málaga tengo una buena impresión de la ciudad. Recuerdo que fui a participar en el concurso nacional de saetas y de allí fui a dar un paseo con mi mujer y unos amigos. La limpieza de las calles era fabulosa, y el ordenamiento urbano, pero sobre todo me impresionó el ambiente que había en la calle de madrugada, y la tranquilidad con la que se paseaba por allí. Por supuesto que era el centro, pero aquí en Serva yo no me atrevo a andar a ciertas horas por la calle, aunque sea zona turística.
    Un saludo, Emilio.

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  4. Yo he notado muchísima vigilancia y una gran limpieza, dos de las cosas principales que reflejan el espíritu de una ciudad que esté bien gobernada.

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