sábado, 11 de junio de 2011

TRIANA EN LABIOS DE LA COPLA (8)


A MANERA DE INTRODUCCIÓN (VIII)

Y si hemos hablado de la sensación de diversas vibraciones en este recorrido que la copla nos ofrece de los perfiles trianeros, ¡qué vibración no tendrá ese Puente que dejó de pertenecer a la Reina para amarrarse por siempre al nombre de Triana, y que ha sido, en los latidos de su historia, orgulloso y soberano baluarte, protagonista singular de aconteceres, brazo de unión y de distancia, forjador de estéticas precisas, lonja para los curiosos y los pedigüeños, tablao improvisado de cantes a la duermevela, tribuna de retratistas y productores cinematográficos, testigo mudo de hechos y sucedidos, balcón para mirar la cucaña, precipicio de suicidas y, sin duda, bastión inseparable, en lo físico y en lo sentimental, de la vida del barrio!
Y la copla, a la que ninguna visión se le escapa, deja su agradecimiento personal a esa Reina que mandó construir esa filigrana en hierro, nacida en la Fundición San Antonio, por medio de esta sevillana, con letra del maestro Oliva y música de Manuel García, a la que puso voz, en el año 1980, Diego de los Reyes:

Dijo la Reina de España,
su Majestad Isabel,
desde Sevilla a Triana
un puente quiero poner,
que soy la Reina de España
y quiero vé a mis calés.
Por el Puente de Triana
sola va, mare, va sola,
que no quiere más compaña
que una mantilla española.
¡Olé la Reina de España!


Mantilla o mantón, gracia soberanísima que también canta la copla en su cancionero popular:

Por el Puente de Triana
iba la Reina,
no llevaba corona
llevaba peina.
Tmabién llevaba
un mantón de Manila
que le arrastraba.

Puente para la serena visión o para contemplar en su desnuda tragedia, aquella agonía del 13 de agosto de 1885, cuando en la Nevería del Chino, sucursal de El Burrero, caía abatido a puñaladas -observen qué similitud con la antigua leyenda de "El Cachorro"-, Juan Reyes Osuna "El Canario":

El Canario ya no canta.
El Canario de calló,
que en el Puente de Triana
un gitano lo mató.


O testimonio geográfico, desde su majestad de hierro, para que Antonio "El Arenero" le forje una copla:

En el Puente de Triana
al laíto está er Bar Faro,
la Capillita del Carmen
y er Puesto de Laureano.

O, también nuevamente protagonista, en la dicha de la resurrección y el gozo, en esta copla del poeta trianero Aurelio Verde:

Por el puente de Triana,
chaquetilla verde y oro,
Belmonte vuelve a su casa
después de matar tres toros.

Y para formar parte de un hecho luctuoso, como este que la copla registra:

Puente de Triana,
se cayó la barandilla
y er coche que la llevaba.

Y sirve el puente como punto de referencia y frontera natural de penas y calamidades, a través de la copla, para señalarnos la entrada del cólera en el arrabal, allá por agosto de 1800, por medio de la marinería que venía de Cádiz:

Ya se lo dije a mi hermana
que no pase por er puente
que está er cólera en Triana.

El Puente ha sido cantado en óperas y zarzuelas, en tangos y sevillanas, en soleares y seguiriyas, en bulerías y en martinetes, en los poemas cultos y..., pero la palma del cancionero del puente se la lleva la copla popular, como esta de Rafael de León, con música de Clavero y Manuel Pareja-Obregón, grabada por Los Hermanos Reyes:

Cuando paso por el Puente
Triana, contigo vida mía,
con mirarte solamente, Triana,
me muero de alegría.
Porque tienes unos ojos, Triana,
igual que dos luceros
y una clase de jechura, Triana,
que vale el mundo entero.

¡Y qué diversidad de banderas le puso la copla al puente! Parece que la primitiva bandería -según las coplas consultadas- fue el resultado de unas banderolas que, al estilo gitano de las casetas buñoleras, le colgaban al puente en los días de Velá:

Qué bonita está Triana
cuando le ponen al puente
las banderitas gitanas.


Cuando los años de la segunda república, el pueblo y la copla hicieron el cambio oportunísimo que todos conocemos:

Qué bonita está Triana
cuando le ponen al puente
banderas republicanas.

Copla que dio lugar a un manojo de sabrosas anécdotas. Pero aún continuaría el cambio de banderas, como el día 13 de junio de 1977, cuando, después de catorce meses de intensas obras y chapuceros recortes presupuestarios, el puente se engalanó de banderas blancas y verdes -recientemente permitidas- para recibir el bautismo -más que bautismo, confirmación- de manos del entonces ministro de obras públicas, Luis Ortiz Muñoz, siendo alcalde de la ciudad Fernando Parias Merry. Y la oportuna copla de Manuel Pachón Lozano fue testimoniadora del hecho:

Qué bonita está Triana,
bonita y con qué alegría
cuando le ponen al puente
banderas de Andalucía.

Lo que ya ignoro es el cuándo y el por qué de otras banderas, con otro color, que se le colocan, según el cancionero popular, en letra anotada por Julio Vélez en su libro "Flamenco, una aproximación crítica":

Triana, Triana,
qué bonita está Triana
cuando cuelgan de su puente
banderas color de grana.

Y hasta para el humor sano ha sido el puente protagonista, como en esta jocosa y simpática letrilla del desaparecido humorista Jorge Llopis, en su libro "La rebelión de las musas":

Viva Sevilla,
chiquilla,
y el Puente de Triana,
Mariana,
que es un puente muy majo,
pues tié la gente arriba
¡y olé!
y el agua abajo.


Agua que dejaría de correr en 1947 y cuyas voces de protesta acalló, dictatorialmente, el gobernador civil, Fernando Coca de la Piñera, teniéndose que contentar el sevillanísimo poeta, Florencio Quintero, con dejar esta décima dedicada al puente:

¡Ay, cómo están de llorar
los párpados de tus ojos...!
¿Por qué pusieron cerrojos
al agua en su caminar?
¿Por qué te quieren cegar
para no ver la mañana?
Si se quita a una gitana
el baile por seguiriya,
ni ya Sevilla es Sevilla,
ni ya Triana es Triana.

A pesar de todos los problemas para su construcción y para su reparación, y de la gran cantidad de intrigas para su sustitución, en aras de una mal entendida modernidad, el hermosísimo Puente de Triana eleva su elegancia sobre el caserío desde el 25 de febrero de 1852. Ciento cuarenta años demostrándonos, ni más ni menos, lo que en esta copla de soleá nos canta José el de la Tomasa:

Yo vi a un borracho en Triana
cómo le decía al Puente:
¡Sólo en firmeza me ganas!


4 comentarios:

  1. manuel hidalgo ortega11 de febrero de 2012, 14:10

    Es que Triana embruja, por mucho que haya cambiado su cara, su alma sigue viva, y a los que somos trianero,y nos hayamos tenido que cambiar de suelo la llevamos siempre dentro y cada vez que podemos paseamos por sus calles reverdecen los recuerdos de aquellos añorados años que marcò nuestra niñez y juventud. Personalmente seguirè, hasta que Dios quiera, visitando mi barrio

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  2. Querido amigo: Esta mañana he estado paseándolo de cabo a rabo antes de volver a Córdoba: Santa Ana, La Esperanza, la O, la Estrella, el mercado o plaza de abastos, donde he comprado unas acedías de Sanlúcar. Vengo empapado de visita tan maravillosa.

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    1. Manuel Hidalgo Ortega12 de febrero de 2012, 20:26

      Gracias por concederme el hermoso tratamiento de amigo.La verdad que es difìcil sacarle mas rentabilidad a un paseo,y casi imposible mejores destinos. Repìtelo cuantas veces pueda, porque hay, toda via, muchos lugares que escrudiñar en nuestra querida Triana. Saludos.

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  3. Todo el que entra en este blog y se sube a su torre, ya pertenece al círculo de mis amigos. Aquí sólo entra buena gente.
    A la nueva visita de Triana le saqué partido, no se puede ir a más sitios en tan poco tiempo.

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