martes, 7 de junio de 2011

TRIANA EN LABIOS DE LA COPLA (4)


A MANERA DE INTRODUCCIÓN (IV)

Y si Triana ha sido, es y seguirá siendo cantaora, porque es mucha la veta de su Arte, también ella supo inspirar a otros hombres para que la cantasen, una y otra vez, a lo ancho y largo de su fecunda historia. Será ahora Antonio Murciano el responsable de describírnosla por las letras de su nombre:

Seis letras tiene Triana
tal Sevilla las tuviera:
su T la hace torera
y tango y toná fragüera;
ribera su R y romana,
su ideal I la hace indiana
y árabe su A alfarera.
Y como es tan sevillana,
tan niña y tan mariana
-y es verdad- a nadie asombre
que lleve a Señá Santa Ana
hasta dentro de su nombre.

El cantaor y letrista, José el de la Tomasa, nos la sueña de esta manera:

En tiempos de morería
tendría que ser Triana
un cuento de fantasía.

Y la voz popular nos la define como hospitalaria y acogedora:

Triana es como una puerta
a la que no hay que llamar
porque de siempre está abierta.

Los piropos se multiplican cuando suena su nombre, cuando se hace tangible su presencia. Y el verbo se escapa buscando y arañando prontas definiciones, como estas de Andrés Molina Moles:

Triana es una fuente de fantasía
que forja filigranas con su alegría.
Candela y agua
y un misterio encendido de hierro y fragüa.

Triana es una noche que al sol espera
y un sol al que se rinde la primavera.
De buena gana
el sol siempre estaría sobre Triana.

Y si vibración hay en todo este abecedario de coplas que estamos recorriendo, Triana siempre vibra al pasar el puente en esa frontera de avemarías, calladas y sentidas, que es su Capilla del Carmen. Ella es el faro de su fe diaria, vigiladora de sus sueños, esperanza de sus afanes, protectora de su marinería y hasta milagroso baluarte defensor de sus grandezas, como reza esta seguiriya -yo la tengo puesta en un marco de mi corazón- que compuso y cantó Antonio Suárez cuando la piqueta demoledora de los años setenta quiso sustituir nuestro entrañable puente por otro de nueva construcción:

Al puente de Triana
no han poío errumbarlo
porque allí vive la Virgen del Carmen
que hace milagros.


Y es, sin duda, la puerta de Triana y, posiblemente, su cielo, tal como así la definiera el poeta granadino, Fernando Lastra, en esta coplilla singular.

Capilla del Carmen.
Puerta de Triana.
Cuna de una salve
a orilla del agua.
Capilla del Carmen.
Barrio de Triana.
Rézale una salve
que con una salve
el cielo se gana.

La Capilla como punto de mira, como la veleta más alta que tiene Triana para mirar su caserío, en la copla de  Manuel Lauriño:

Capillita del Carmen
cerca del Puente,
cogida a la baranda
por no caerse.
¡Qué escalofrío
se sube por la torre
que mira al río!

La "capillita" -como así la definimos los trianeros-, como triste testigo de un hecho luctuoso que refleja la historia en los tres renglones precisos de una soleá:

En la Capilla del Carmen
mataron a Tarabita
¡cómo lloraba su madre!

Y como renuncia y punto para pasar a la otra orilla:

Del puente no quiéo pasá,
en la Capilla del Carmen
allí me vuelvo p'atrás.

Y la copla de Ramón Jiménez Tenor dejando huellas de aquellas manos artistas que labraron ese encaje de pedrería:

La Virgencita del Carmen
tiene su trono en Triana.
Fue don Aníbal González
ángel que labró su casa.

Coplas y más coplas para cantar a Triana en todas sus vertientes y en todos sus perfiles. La Cartuja, tan trianera ella, donde han levantado un Exposición Universal que da la espalda al barrio, también gozó de los bardos populares:

A la bajá del puente
del Altozano
se enamoró mi niña
de un cartujano.
Pintor de loza
que pinta palanganas
color de rosa.

Una de ellas sería la que nos trajo en su voz Francisco Palacios "El Pali", con el formato literario de Federico Sánchez Pernía:

Sevilla tuvo una niña
y le pusieron Triana.
La Cartuja pa el bautizo
regaló una palangana.

Podríamos llevarnos horas y horas con un mismo tema que se desgrana en variaciones diversas y distintos pulsos y latidos. ¡Y qué de latidos las Cavas! ¡Qué cantidad de recuerdos y nostalgias, de fragüas y cantares, de fiestas corraleras y gitanos de bronce y luna, al decir del romancero! Si ayer fue emporio del Arte, hoy, ceniza de su pasado, cabalgata de prisas y motores, de ruidos y frenazos, dormitorio de mendigos, pedigüeños y drogadictos, y puñal clavado en el corazón de aquellos que pudimos corretearlas a nuestro aire sin más peligro que el torpe patadón a una pelota de goma que remontaba vuelo hacia el cristal de la ventana más próxima. Bien refleja esa nostalgia el poeta Manuel Garrido, poniéndola en labios de Los Romeros de la Puebla:

¡Ay, Cava de los civiles!
¡Ay, Cava de los calés!
Ya no es la Cava de nadie
ni sombra de lo que fue.
Cuna del arte,
ya no es la cuna del arte,
ya es una calle cualquiera
camino de cualquier parte.


O esa otra idéntica nostalgia de Eugenio Carrasco "El Perlo":

¡Qué pena de mi Triana!
¡Qué pena de tanto arte
que se pase por la Cava
y no se conozca a nadie!

Y tiene coplas Triana, llenas de tópicos si se quiere, pero plenas de sentimientos, para el Corpus Chico y para su Cruz de Mayo, para las cigarreras bravías que tomaban la "falúa" y para los hombres y mujeres que, por culpa de una ley tan injusta como sospechosa, tuvieron que abandonar un día sus corrales, sus amigos, sus patios canarieros y sus azoteas al cielo de blancos palomares, para hacerse hijos de la diáspora, como canta esta coplilla recogida sin referencia de autor:

Polígono de San Pablo
¡cuánto he sufrío
lejos de mi Triana
donde he nacío!
¡Ay, mis macetas,
mi gato, mi canario
y mis dos nietas!



2 comentarios:

  1. Buenas letras la mayoría, pero la de Murciano me parece un gran acierto, para retenerla en la memoria.

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  2. Antonio Murciano siempre acierta. La verdad que es bien hermosa.

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