martes, 7 de junio de 2011

DESDE MI TORRE: ¡OJÚ, QUÉ MIEDO!


¡Ojú, qué miedo! Como aquel frío andaluz del que nos hablase Pepe Hierro. Me levanto tan temprano que avivo el vuelo de mis golondrinas más próximas, los rayos más cercanos de las primeras luces, el presentimiento de los verdes únicos de la Sierra Morena ante los que se anticipa mi primera mirada cada día, los primeros sonidos... El alba siempre me reclama como una nueva Creación de Dios.

Pero el domingo me llevé un susto tremendo, que no otra cosa fue para mí. Sobre las nueve oí voces y cánticos, y en esta duermevela pensé que sería una manifestación laboral de tantas cuantas pasan -gracias a la crisis- por estos seis carriles de la gran avenida en la que habito. Intentaba creer escuchar que la ABB no se cierra, o un no coral a los despidos de Cajasur, o una a favor de "Sandocán", que después de estar imputado y ser socio y hermano antes de Rosa Aguilar y el cura Castillejo, no se conforma con haber sacado cinco concejales, queriendo salir de alcalde, quizás para condonar sus 4.000 millones que debe al Consistorio al que desde ahora pertenece. ¿Y si fuese sólo una manifestación por el Córdoba F.C.? ¿Pero en domingo, y a hora tan temprana? ¿Sería contra el sistema, una prolongación del 15-M callejera...?

No, no, qué va. Y eso fue lo que me dio absoluto pánico. Abrí la ventana de mi estudio y vi que unos cientos de personas, con presencia policial abriéndoles paso y cuidando del tráfico, hacían una procesión láica, tras la que portaban a una imagen virginal, no sé quien era -porque a mí sacándome de las de mi barrio estoy perdido-, cantando todos a coro, como en las célebres misiones de los años 60 en Sevilla el "Ave, Ave María" con profesión de fe pero desafinado, descafeinado, como casi todas las cosas falsas e incoherentes con los tiempos que vivimos.

Me quité las legañas, volví al grifo para recibir la bendición del agua fría que viene de la sierra, me mojé de nuevo el pelo y, como los cánticos seguían, armé mi teleobjetivo y me dispuse a fijar las imágenes que me hacían recordar otros tiempos. Anteayer estuvieron aquí los miembros -de gañote- del Jurado que va a conceder la Capitalidad Cultural del 2016, entre las que Córdoba pugna. ¿Qué hubieran pensado de haber contemplado lo que yo? 

Ayer me dió miedo y pánico esta nueva procesión que me recordaba a los años 60 de mi barrio trianero, cuando aquello de las misiones que movían a cristos y vírgenes de aquí para allá como se mueven los precios del mercado, Miedo de que de nuevo volvieran aquellas órdenes religiosas a decirnos que éramos unos condenados por nuestras perversiones, mientras yo, sin echarles cuenta alguna, me iba con mi novia a libarle sus dos pechos morenos en los benditos tarajales de la Vega de Triana.

¡Pero, ojo, que miedo me sigue dando lo que contemplé el domingo y que podéis contemplar en las ilustraciones. ¿Vuelven las misiones para redimirnos? ¿Y de qué? ¿No será de Zapatero?


2 comentarios:

  1. ¡Qué bueno, Emilio! Estamos volviendo a las antiguas rogativas públicas liberadoras de los males de las epidemias y las arriás... Entendiendo por epidemias o arrías -por ejemplo- la clase política...

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  2. Pero de verdad que me asusté, Ángel. Lo he contado tal como lo viví, y me llegó a la memoria aquellas misiones de Sevilla en la que parecía que todos éramos unos herejes que nos teníamos que arrepentir. ¿De qué?

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