lunes, 6 de junio de 2011

TRIANA EN LABIOS DE LA COPLA (3)


A MANERA DE INTRODUCCIÓN (III)

Vibración en aquellos recuerdos de esa Triana industrial que proveía de jabón blanco y prieto a Castilla, a las Indias, Flandes e Inglaterra, que nos trae a la memoria esta leyenda en documentos del siglo XV: "En la puebla de Triana, guarda y collación de Sevilla y en su calle real de Castilla, están las Reales Almonas", y que el propio Lauriño convierte en coplas de nostalgias:

Almonas de Triana,
viejas almonas
por donde el Río Grande
su cara asoma.
De sus jabones
sólo quedan las pompas
de mis canciones.

Vibración de húmeda Vega y de un barro que levanta su vida en la rueda del torno por la magia de unas manos sensibles, artistas y enamoradas:

Alfarero de Triana,
saca el barro enamorao
pa que restallen los hornos
y los colores vidriaos.
Que Triana es alfarera,
que será siempre y será,
que Triana es alfarera,
con manos enamorás
y los barros de su Vega.

Y vibración de hermosura sus calles y plazuelas. Una cruz latina forma San Jacinto con las dos Cavas. Un mirador privilegiado es la de Betis, curiosona de Sevilla y feliz visionaria, a todas las horas del día, de esa banderilla clavada en la piel de la ciudad, rosa de piedra llamada Giralda. Laberinto de azulejos y geranios, de orzas y retablos, Los Cuatro Cantillos. A Pureza se le llena el alma de Esperanza, y Castilla, senda de las Extremaduras, camino romano hacia el Cerro de Santa Brígida y ruta tartésica hacia la mar, tiene una herida abierta en cruz al llegar al Patrocinio. Otero de amor, balcón del barrio, vigía perpetua con su faro carmelitano, es el Altozano: centro de reunión, fielato de opiniones -El Sol Naciente para los taurinos y El Berrinche para los flamencos-, plaza para los inquisidores dominicos y albero de sueños para un niño, llamado Juan, que daba lances al aire con una muleta imaginaria:

En la plaza que llaman
del Altozano
daba clases de Arte
el Soberano.
Pasa torito, toro,
torito negro,
y embiste a mi muleta
blanca de sueños.


Siempre tendrá el cancionero de Triana una copla también para sus calles. Unas veces, como en esta de Juan de Dios Pareja-Obregón, pregonando sus encantos:

Las calles de Triana
llegan al cielo
con el son tan gitano
que da su suelo.
Verde y cal los colores
de sus cimientos,
donde el arte levanta
sus monumentos.

Otras, como la que ofrecemos a continuación del repertorio de Marifé, con letra de Ochaíta y Valerio, y música del maestro Solano, reivindicando, a compás del nombre de una calle, la honestidad y honradez de la mujer trianera:

Escuche usté, señor mío,
y no pierda la cabeza,
que yo soy la que he nasío,
la de la calle Pureza.
Si usté es un señor marqués,
yo sólo soy una cirresa,
la de la calle Pureza
de la cabeza a los pies.

Y muchas, las más, como localización de hechos, personajes y lugares comunes. Valgan varios ejemplos. El primero, rememorando tiempos pasados, con autoría de Ángel Vela Nieto:

En el Puesto de las Flores
me siento a esperar que vengan
de Sanlúcar los vapores.

El segundo, nos trae el recuerdo de un martinete anónimo que nos evoca aquella taberna, ya desaparecida, situada en la calle San Jacinto, esquina con la Cava gitana, y el curso de una reyerta de esos años:

En la esquina de Maldonado
quisieron darme la muerte
eché mano a mi navaja
¡vivan los hombres valientes!

Y el tercero, nos ofrece la nostalgia de los amigos y los sitios perdidos en esta soleá que canta Antonio González "El Arenero":

Otra vé he llegao a Chapina,
farta Juaquín Ballesteros
y er Puesto La Chamarina.

Y si vibraciones de sentimientos tienen todas las cosas de Triana, cuánta no tendrá el cante que surge en su solar y que se quiebra, como un junco, en martinetes, seguiriyas o soleares de la mejor factura. Así nos cantaba el poeta arcense Antonio Murciano:

Las soleares que canto
son de barro y filigrana,
la hicieron los alfareros
en el barrio de Triana.

Y así, Antonio Mairena, adjetivaba a este barrio de artistas en una fiesta por bulerías:

Nació de gitano rico
en el barrio de Triana,
la emperaora del cante
y del baile la sultana.

Y, de esta graciosa manera, nos cantaba "El Pali" datos de su nacimiento:

En el barrio de Triana
nació un cante chiquetito
un día de madrugá...
lo bautizó un alfarero
y le puso Soleá.

Soleares, soleares y soleares. Cantes y coplas para aromar a Triana con los mejores piropos, como en esta canción de García Padilla y Mostazo que hiciera famosa Imperio Argentina:

Soleares trianeras
quejíos del alma son,
en la copla que te canto
yo pongo mi corazón.

Cientos de coplas, amable lector, hay para refrendar que Triana ha sido cantaora por excelencia y madre de artistas que dieron la vuelta al mundo llevando su nombre por bandera, y de otros que prefirieron quedarse en la intimidad del "cuarto" tabernario desangrando compases con los nudillos sobre las gastadas y grasientas maderas de los mostradores. Tal vez por eso, todo su manantial de ayes y de tercios debería englobarse en aquel hermoso fandango que escribió José Carrasco Domínguez, para que lo bordase en oro la voz del trianero Paco Taranto:

Debiera sentirse honrao
tó el que en Triana ha nacío,
debe de sentirse honrao,
porque en este lao del río
cuarquiera que haya cantao
ha sío pa quitá er sentío.


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