sábado, 18 de junio de 2011

EL POETA DE LA SEMANA: RAMÓN CHARLO (1)

RAMÓN CHARLO fue un poeta de gran raíz popular, nacido en la localidad sevillana de Constantina en 1902, falleciendo en Sevilla el año 1996. Fue gran amigo de mis padres y fueron muchas las veces que tuve la oportunidad de escucharlo recitar en directo en las célebres "Noches del Baratillo·, en la chatarrería de Florencio Quintero. Por esa misma amistad, hoy conservo todos sus libros dedicados a mis padres con un especial cariño. Prolífico poeta y gran dibujante -él mismo se ilustraba sus obras- sus libros tienen un gran corte de sevillanía y un trasfondo espiritual muy marcado.
Entre sus libros destacamos: "Sevilla es sueño", "Surcos de amor y dolor", "Todavía", "Veleta del aire andaluz" y "Los mundos del corazón", antología de su obra que estuvo a cargo del poeta Carmelo Guillén Acosta.
Enamorado hasta la médula del mundo gitano, fueron muchos los poemas que dedicó a esta raza tratándola con un cariño muy especial.
Para abrir hoy su apartado, vamos ha hacerlo con un poema de su libro "Sevilla es sueño" que dicho en sus labios era una auténtica maravilla.


DOÑA BARALIDES

Doña Baralides
es una gitana
que de niña fue
flor de caravana,
y que ahora... ¡Señores!
¡quién lo iba a desí...!
es la fiel esposa
de un guardia siví.
Yo no sé qué enredos
haría del demonio
pa que se formara
este matrimonio,
pero desde luego
es cosa segura
que en la ceremonia
intervino el cura.
Doña Baralides
es joven y guapa
aunque a veces sale
que parece un mapa;
se adorna con moñas,
pulseras, collares,
peines con brillantes,
traje de lunares,
pero... tiene un garbo
y una simpatía
que van repartiendo
oro de alegría.
El guardia siví,
que es un hombre serio
y además, tan triste
como un sementerio,
en las redes de ella
se encuentra cojío
y parese un novio
en ves de un marío;
y disen que un día
le dió su mujé
tres pelos de cabra
dentro del café;
pero eso tan sólo
son murmuraciones,
que hay lenguas que roen
más que los ratones.
Y es que Baralides,
aunque muy desente,
no puede orvidarse
de que son su gente
la esencia más pura
del reino calé,
porque de esta forma
lo quiso Undivé.
Y le gusta el cante
y el baile gitano
y en esas rayitas
que tiene la mano
sabe adiviná
las ducas, los males,
como los amores,
muertes y caudales.
Er guardia siví
pretende frenarla,
hase lo posible
por apasiguarla
y le está disiendo,
una y otra hora,
que ya no es gitana,
sino una señora,
y aunque suda el quilo,
no puede lográ
que su faraona
lo quiera escuchá.
Si le dise... -Oye...
que ese contoneo
en una señora
es bastante feo...
Y... a vé si te quitas
flores y peineta
que llevas el moño
como una maseta...
Y... deja ya el cante,
porque me amodorra,
que estás el día entero
como Radio Andorra,
Doña Baralides
lo deja desí,
y en cuantito sale
el guardia siví,
se pone una bata
que tiene escondía
y se baila un tango,
una bulería,
o en la guitarrilla
comiensa a rasgueá
y por lo bajini
se pone a cantá,
y es como una flecha
de su rasa errante,
que salta al impulso
del baile y del cante;
y es también escudo
que quiere cubrí
a sus gitanitos
del guardia siví;
que... si alguno de ellos,
por ser descuidao,
se quedó con algo
que no había pagao,
pa que no lo pueda
prendé su marío...
¡en su misma casa
lo tiene escondío...!
Y... si él la descubre
lo increpa... -¡Chusón...!
¿Es que tienes serdas
en er corasón...?
¡Deja a los gitanos
con su libertá,
que los pobresitos
no te han jecho ná...!
Y el siví responde...
-Pero... Baralides,
¿tú sabes siquiera
qué es lo que me pides...?
Acuérdate siempre
que tú eres ahora,
por sé mi mujé,
sólo una señora.
Y tampoco orvides
que a toda tu gente
hay que perseguirlos
por sé delincuentes.
Y ella, que no puede
esto consentí,
porque le achicharra
su sangre cañí,
le grita... ¡So Herode...!
¡Desagradesío...!
¡Que por los gitanos
estás mantenío...!
Porque si ninguno
fuera a delinquí...
¿Pá qué iba a hasé farta
la Guardia Siví...?
¡Malaya sea er día
que le di del bote
a un bicho que es solo
triscornio y bigote...!
-¡Mira, Baralides...!
-¡Qué voy a mirá,
si te veo las tripas
agujereá...!

***

Pero luego pasan
estos chaparrones
y vuelven a unirse
por los corazones.
Que el querer es algo
que nadie se explica;
algo que de siempre
a el mundo complica.
Y por esta causa,
gitana y siví
son dos tortolitos
en el mes de Abrí;
que aunque horas enteras
rabian peleando,
luego en los descansos
se están arrullando.
Pero ella a los suyos
quiere protegé,
que se siente madre
del mundo calé
y en sus amarguras
les derrama mieles...
Besos y caricias
a los churumbeles,
y a los viejesitos,
con su caridá...
¡lo que al pobre guardia
le puede mangá...!
Y entrega con rumbo,
si no el garlochí,
-porque ese es tan sólo
del guardia siví-
un caudal de sueños
entre sus gitanos
y va por la vida
sin cerrá las manos.
Pero de ella nadie
puede mormurá,
porque Baralides
es como un cristá
que se trasparenta
al Sol y a la Luna,
sin empañamiento
ni sombre ninguna.
Y por ser quien es,
tras piropearla,
gitanos y payos
saben respetarla:
que aunque muy gitana,
que nadie se olvide
que es una señora
Doña Baralides...
Pero muy señora,
Doña Baralides...
¡Una gran señora,
Doña Baralides...!

Ramón Charlo
"Sevilla es sueño"
1955

2 comentarios:

  1. Una de las pocas cosas de las que se puede presumir con la edad es de haber conocido a mucha gente ya ausente. Conocí y visité a Ramón Charlo, cuando sobrepasaba los ochenta años, en su hermosa y antigua casa sevillana de la calle Abades. Fui con el también poeta Carmelo Guillén que, al cabo de un tiempo, preparó una antología de su obra que presentamos en la Feria del Libro de hace unos años. Conservo de recuerdo un tomo con sus obras teatrales cariñosamente dedicado.
    Tus padres tuvieron la fortuna de tratarlo en su plenitud y tú de escuchar su poesía en su voz. Sevilla, por pacata, lo privó de pronunciar el pregón de Semana Santa que lo hubiera hecho feliz.
    Recordar a este singular sevillano es de justicia, Emilio. Gracias.

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  2. Tenía, como sabes, muchísima amistad con mis padres y de él tengo todos sus libros dedicados a ellos. A mí, firmando una vez en mi empresa, me dedicó su antología. Mi madre y él eran paisanos de Constantina.
    Se murió con la pena de no haber dado ese Pregón de Semana Santa de Sevilla, aunque en parte de su obra esté el mejor pregón que en Sevilla haya podido darse. Su lema bajo su firma era: Sevilla, hoy y siempre.

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