viernes, 20 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (9)


Continuamos rescatando y recordando antiguas coplas que nos hablan de ojos, de miradas, de celos y desplantes, de cegueras naturales y cegueras amorosas, coplas nacidas en su gran mayoría del corazón del pueblo y que se quedaron recogidas para siempre en los hermosos cancioneros. Nuestra mirada de hoy es la de Estrellita Castro, mirada hermosa y tranquilizadora, serena, pero con el fuego al punto de las mujeres sevillanas. Ojos que bien pudieron dar lugar a esta copla que nos recoge Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz":

Si yo en tus ojos leyera
que es mío tu corazón,
toda mi sangre te diera
si entre mis brazos de amor
te entregaras prisionera.

O a esta otra, anotada por Gabriel María Vergara en su cancionero "Mil cantares populares amorosos":

Si no te causara enojos,
te pediría un favor:
que me miraran tus ojos
aunque me maten de amor.

Hay ojos que hieren mortalmente. Córdoba es una ciudad con un buen muestrario de ojos asesinos:

Son tus ojos dos puñales
que a mi corazón hirieron,
las heridas son mortales,
quiero olvidarte y no puedo:
te quiero más que a mi madre.

Y otros que dan la luz necesaria a la vida, tal como dice la copla de José Carlos de Luna en su libro "De cante grande y cante chico" (1942):

Son tus ojos las farolas
que me señalan el puerto.
Mírame, que ellos me guían.
¡No los cierres, que me pierdo!

Peligroso es arrimarse a esta mujer que nos canta la seguidilla del cancionero popular:

Son tus ojos ministros
que me prendieron
y tu pecho la cárcel
en que me metieron,
tu boca audiencia
y tu lengua la pluma
que me sentencia.

Y continua el peligro en esta copla de Alcalá Venceslada, publicada en su libro "De la solera fina" (1925):

Son tus ojos dos puñales
que siempre me están tirando
puñalaítas mortales.

Los ojos nunca pueden engañar, ni para el bien ni para el mal. Lo dice José Luis Rodríguez Ojeda en esta hermosa copla de su autoría:

Cuando te reclamo yo
tus labios quieren mentir,
pero aunque digan que no
tus labios dicen que sí,
igual que tu corazón.

El mismo autor nos anuncia el peligro que tiene esta Lola de su copla, publicada en su libro "Mis letras para el cante" (2008):

Los ojitos de la Lola
vaya peligro que encierran,
más que cincuenta cañones
disparando en Puerta Tierra.

Y también hay ojos ladrones y personas deseosas de ser asaltadas:

Son tus ojos dos ladrones
que salen a los caminos
a robar los corazones.
¿Por qué no roban el mío?

Y hay hombres valientes a los que no les importaría colarse en esos dos volcanes. La letra es de Salvador Rueda, publicada en su libro "Antología flamenca":

Cuando me esté retratando
en tus pupilas de fuego,
cierra de pronto los ojos
por ver si me coges dentro.

Hay otros, sin embargo, que le temen más a unos ojos que a todos los fenómenos naturales. Anota la copla Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada":

Miedo me da la tormenta
y el huracán cuando brama,
pero más miedo me da
de los ojos de tu cara.

Y es que hay ojos que pueden más que las tormentas y los huracanes, mucho más. Rodríguez Ojeda nos lo cuenta en su copla:

Tú con tus ojos me puedes,
aunque resisto a tus ojos.
Siendo tu nombre Mercedes
yo a merced de tus antojos
soy quien preso está en tus redes.

Y es que los ojos de una mujer hermosa no hay chalecos antibalas que los frenen, según dice la copla anotada por Gabriel María Vergara:

Me dio una bala en el pecho
y el pecho la rechazó,
unos ojos al mirarme
me han partío el corazón.

Y es que los ojos hermosos matan de verdad. Fernán Caballero ya nos lo relataba en 1861:

Los ojos de mi morena
tienen un mirar extraño,
que matan en una hora
más que la muerte en un año.

¿Tanto hay que temerles? Si se lee la copla anotada por Rodríguez Marín, todas las precauciones son pocas:

Los ojos de mi morena
son un tren de artiyería
que nada dejan en pie
cuando hasen puntería.

Si aparte de los ojos la mujer tiene otros encantos..., para echarse a temblar. Manuel Garrido Palacios nos recoge esta copla:

Son tus ojos dos cañones,
tu frente un campo de guerra
y tus dientes batallones
y tus labios dos banderas
del regimiento de amores.

Pues por hoy vamos a detener la artillería, no sea que sucumbamos por unos ojos como los descritos. Mañana veremos qué nos deparan los cancioneros.

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