lunes, 16 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (5)


Las miradas hablan, dicen, cuentan, alegran, humillan, despiden y enamoran. Sugerente esta mirada de una Conchita Piquer jovencísima que hemos puesto como ilustración. ¿Qué podríamos pensar de ella? ¿Diríamos que está enamorando o que ya está enamorada? ¿Convoca su mirada a los deseos? El cancionero tiene coplas para todas las miradas: para las jocosas y para las atribuladas, para las inocentes y para las lascivas, para las atormentadas y para las serenas. Hoy daremos un paseo por ellas y veremos cómo muchas miradas se quedan por detrás del pensamiento, como así nos dice José Luis Rodríguez Ojeda en la copla de su autoría, publicada en su libro "Mis letras para el cante" (2008):

Con el deseo despierto,
por más que miren los ojos
más verán los pensamientos.

Miradas sensuales, que convocan sin decir nada, en la copla anotada por Álvarez Curiel:

Con ese mirar que tienes
que parece que no miras
el corazón me lo robas
y el alma me la cautivas.

Miradas niñas y enamoradizas que hacen cambiar el semblante, tal como nos recoge el cancionero popular:

Cada vez que nos miramos,
yo no sé por qué será,
se le pone a esta flamenca
la carita colorá.

Miradas hermosas, irresistibles, como la de esta mujer que registra el cantar:

Bendita sea tu cara
y ese mirar que tú tienes,
vale más un mirar tuyo
que cien de otras mujeres.

La mirada como símbolo de cariño sincero:

Aquel que por mí suspira
con un suspiro le pago,
yo quiero a quien bien me mira,
yo no acaricio ni halago
al que de mí se retira.

Todas las intenciones y deseos se conoce en las miradas. Así lo dice esta copla que anotó Antonio Machado Álvarez "Demófilo":

Alza los ojos, morena,
y mírame frente a frente,
que en tus ojos, morenita,
se conoce quien bien quiere.

Miradas hay que queman, como nos cuenta esta copla que registró Fernán Caballero en 1861:

Al mirarme tus ojos
bajo los míos,
que tus ojos abrasan
más que el estío.

El lenguaje de los ojos es inequívoco, pero, por si acaso, no se hace mal preguntándole a la amada, tal como cuenta esta copla de Antonio Alcalá Venceslada en su libro "De la solera fina" (1925):

No sé
si lo que dicen mis ojos
lo has llegao a comprender.

Tanto puede decir una mirada que a veces es preciso tomar precauciones. La seguidilla la recoge el libro "El pueblo andaluz" en su edición facsímil de 1995:

No me mires, que miran
que nos miramos;
mira que en las miradas
nos denunciamos.
Mira a lo lejos,
que cuando no nos miren
nos miraremos.

Continua la precaución en esta otra anotada por Álvarez Curiel:

No me mires, no me mires,
que saben que nos miramos
y por las mirás sabrán
que tú y yo nos amamos.

Toda precaución es poca porque suele pasar lo que canta la copla recogida por Rodríguez Marín:

Piensan los enamorados,
piensan, y no piensan bien,
piensan que nadie los mira
y todo er mundo los be.

Aunque algunas veces las precauciones se convierten en miedo de tanta fuerza como tiene la mirada:

No me mires, que me matas
con esos ojos de amor,
que son balas que traspasan,
traspasan mi corazón.

También hay miradas de rivalidades amorosas:

Parece que usté mi mira
con un poquito de odio,
mire usté que yo no he sío
la que le ha quitao el novio.

Mirarse en los ojos es querer mirar en el interior de la persona amada por ver si se pueden descubrir sus pensamientos. Manuel Machado nos deja esta hermosa composición suya:

Pensativo en tus ojos
me estoy mirando,
y tú sabes de sobra
qué estoy pensando.
Por eso vivo
mirándome en tus ojos
tan pensativo.

Y es que el pensamiento es un aliado de la mirada, o al contrario. La copla siguiente corresponde a José Luis Rodríguez Ojeda:

Repaso mi pensamiento
y me paro en aquel día
que en el brillo de tus ojos
noté que tú me querías.

Y es que el pensamiento es muy picarón y se disfraza de mirada. Nos lo dice Ginés Jorquera en esta copla de su libro "Hablando pa mí solo" (2005):

Si por lo que pueden ver
mis ojos a ti te miran,
te mira mi pensamiento
por to lo que se imagina.

Hay miradas firmes y fuertes, aunque no creo que llegue a las consecuencias que nos relata esta seguiriya recogida por "Demófilo":

Qué tienen tus ojos
que cuando me miras
jasta los güesos que tengo en er cuerpo
tóos me los lastimas.

Y hay mujeres que se enfadan si las miran y también si no es así. Lo mejor es la aclaración, como reza esta copla anotada por Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz" (1991):

Te enojas cuando te miro,
si no te miro te ofendes,
de parte de amor te digo
que me digas lo que quieres.

Una cosa es mirar y otra es ver, y depende cómo. Alcalá Venceslada lo recoge en esta copla de su autoría:

Te veo,
aunque estoy lejos de ti,
con los ojos del deseo.

Labios y ojos no se coordinan muchas veces, tal como dice esta copla del cancionero popular:

La mujer que quiere a un hombre
y no sabe resistir,
dice que no con la boca
y con los ojos que sí.

Casi en el mismo término, con esta letra hermosísima, se expresa el poeta Juan Peña:

Juramento tú me has da'o
de no volverme a mirar.
Tus ojitos me dijeron
que te tien' que traicionar.

De tanto mirar, se me ha ido el tiempo y me he pasado de coplas. Por hoy está bien. Mañana seguiremos con  la compañía del cancionero descubriendo todo un mundo de nuevas miradas.

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