sábado, 21 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (10)


Hermosos ojos estos de Magdalena Nile del Río, más conocida por todos como Imperio Argentina, aquella bella mujer a la que tuve la gran suerte de conocer en persona cuando formó parte del Jurado de la Distinción "Compás del Cante" en 1995. Ojos que se te clavaban en el alma y que, a pesar de la edad, no perdieron nunca su belleza. Ojos que volvieron locos a Florián Rey, y a Ramón Baillío y a Rafael Rivelles, y a cuantos la veían dicharachera en "La hermana San Sulpicio", en "Morena Clara" o en "Carmen la de Triana. Ojos que bien merecían la copla que anotó Virtudes Atero Burgos en su "Cancionero gaditano" (2009):

El día que no te veo
mis ojos no tienen luz
porque la luz de mis ojos
bien sabe Dios que eres tú.

Ojos para sentirse en la creencia de ser el preferido de la dama tan sólo con mirarse en sus pupilas, como recoge el cancionero popular andaluz:

En medio de tus sonrojos
yo he visto sin que te asombre
que estaba escrito mi nombre
en las niñas de tus ojos.

Juego encantador de palabras, de niñas y de ojos en esta copla que anotó Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Los ojos tienen sus niñas,
las niñas tienen sus ojos,
y los ojos de las niñas
son las niñas de mis ojos.

Ojos matadores en la copla anotada por Rodríguez Marín:

Cuatro ojitos me mataron:
los dos con que te miré
y los dos que me miraron.

Ojos que gustan más al enamorado si su dama los entorna:

Te quiero si abres los ojos,
pero más si los entornas,
que a mí siempre los capullos
me gustan más que las rosas.

Ojos que incendian a cualquiera, en la copla de la autoría de José el de la Tomasa en su libro "Alma de barco" (1990):

¿Qué candelita arde
que enetra se está quemando?
Unos ojos que me miran
y me llevan al calvario.

Ojos que relucen desde lejos de tanta claridad, como reza la copla que anotó Gabriel María Vergara:

¿Qué es aquello que reluce
en aquellos retamales?
Los ojos de mi morena
que parecen dos cristales.

Ojos que, en su brillo, delatan la pasión amorosa, según la copla de José Luis Rodríguez Ojeda publicada en el libro "De la tierra al aire" (1992):

Repaso mi pensamiento
y me paro en aquel día
que en el brillo de tus ojos
noté que tú me querías.

Ojos rendidos del hombre de tanto y tanto mirar a la mujer, en la copla de Salvador Rueda, publicada en su libro "Antología flamenca" (1982):

Tengo los ojos rendidos
de tanto mirar tu cara,
si lo cierro, no es que duermen,
es tan sólo que descansan.

Ojos para intentar ver en ellos la verdad o la mentira de un amor deseado, tal como nos cuenta en su copla Antonio Rincón Muñiz en su libro "Alconchel" (1989):

Mírame tú a mí de frente
pa que yo lea en tus ojos
si es verdad que aún me quieres.

Y para sentir la decepción, según la copla del mismo autor:

Miro al fondo de tus ojos
cuando dices que me quieres
y veo la cara de otro.

Ojos para el piropo pronto y retrechero en la copla anotada por Álvarez Curiel, recogida en su libro "Cancionero popular andaluz" (1991):

Eres la luz de mis ojos,
lucero de la mañana,
estrella resplandeciente,
hermosa rosa temprana.

Ojos para otro hermoso piropo en la seguidilla anotada por Fernán Caballero en 1861:

El sol al ver tus ojos
corrido huye,
que le des luces pide
que le desluces.
Pues hay más fuego
en tus ojos, María,
que en todo el cielo.

Ojos que ofrecen tristes dudas en la copla registrada por Rodríguez Marín:

En tus ojos me miro,
dos hombres beo;
como no soy más que uno,
rabio de selos.

Ojos con abecedarios en las pupilas:

En el fondo de tus ojos
tienes letras invisibles,
cuando me paro y las leo
olvidarte es imposible.

Ojos también de la luna llena descubriendo a los enamorados, en la hermosa soleá de Ginés Jorquera, publicada en su libro "Hablando pa mí solo" (2005):

Disimula, disimula,
que con ojitos curiosos
diquelando está la luna.

Hermosísima también esta seguidilla que anota Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Del balcón de tus ojos
di una caída,
levantarme no puedo
si no me miras.
Me he levantado,
señal de que tus ojos
me habrán mirado.

Nada mejor para resucitar a un corazón muerto que el rayo de unos ojos. Anotó esta copla Gabriel María Vergara:

Desde que te conocí
tengo muerto el corazón,
y lo alumbran tus ojitos
que son dos rayos de sol.

Hay quienes quieren huir de unos ojos hermosos, pero la acción llegó tarde, según recoge el cancionero popular andaluz en esta seguidilla:

Desde que vi tus ojos
dije a los míos:
Huyamos si podemos
del enemigo.
Mas por desgracia
ya estaban prisioneras
mis avanzadas.

Y es que hay ojos que matan aunque parezcan idénticos a los demás. Así lo cuenta el cancionero:

Dicen que nos parecemos
en los ojos al reír,
pero los míos no matan
y en cambio los tuyos sí.

Y vamos a hacer una paradita por hoy para descansar un poco. Mañana volveremos a tener otro encuentro por este mundo singular de ojos y miradas que nos trae el benevolente cancionero.

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