lunes, 9 de mayo de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (15)


Singulares para clavar las cosas en un punto, son los refranes y las coplas. Pocas cosas más hermosas que las coplas que forman los muchos cancioneros que existen, y a los que se van agrupando las nuevas creaciones de los poetas, cuyos nombres verán perdidos para siempre alcanzando la gloria popular. Muchas de esas coplas que hemos estado revisando sobre la madre, seguro que todos ustedes las conocían. Pero también estoy seguro que muchas otras se os habrán presentado como nuevas. La lírica popular andaluza es riquísima tanto en coplas como en temas. Ninguno de ellos se ha escapado para ser cantados en fiestas y romerías, en la soledad de los tabancos o en la miseria de las prisiones. Hoy, continuamos con esa oferta lírica que nos brindan los cancioneros agotando un poco más el manantial de sus letras.

La desgracia se ve desde la cuna, como nos canta esta copla de Manuel Blamaseda en su cancionero de 1881:

Cuando me parió mi mare,
al verme se echó a llorá
y dijo: más desgraciao
que este niño no lo habrá.

Las pocas pertenencias parece que también son arrancadas con la muerte de la madre, tal como nos recoge el cancionero popular:

Cuando mi madre moría
qué solitos nos quedamos,
de la casa onde vivía
a la calle nos tiraron,
a la clemencia divina.

Desgarradora es esta soleá que bordaba con la emoción Antonio González Garzón "El Arenero":

En la capilla del Carmen
mataron a Tarabita,
cómo lloraba su madre.

Ante tanta desolación y pérdida, todavía se tiene un rayo de esperanza. La letra la anota Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

En la mina bien padezco,
por mí no padece nadie,
yo no tengo en esta vía
hermanos, padre ni madre;
compro un real de alegría.

La madre de nuevo como metomentodo de las relaciones amorosas, es esta copla que cantaba Antonio Mairena como soleá de Cádiz:

Corre, ve y dile a tu mare
que no hable mal de mí,
que las pérdias y ganancias
han de caer sobre ti.

Y nuevamente la muerte de la madre que acaba con todo, en copla de Sonia Peña, recogida en el libro "Del Carande con duende":

Ay, madre mía,
cuánto te quería yo
hasta que llegó ese día
en que todo terminó.

Sobre la ceremonia de la boda gitana, Antonio Machado Álvarez "Demófilo" recoge esta copla:

Bendita la madre
que tiene que dar
como diñaba rositas y mosquetas
por la madrugá.

La memoria del consejo materno en la copla de José Calles en su "Cancionero popular" (2000):

Bien me lo decía mi madre:
"Cabrita que tira al monte
no hay cabrero que la guarde."

Y la memoria de aquellos besos maternos...

Cada vez que me acuerdo
de aquellos besos de la madre mía,
yo el sentío pierdo.

De nuevo, la copla que canta la inmensa miseria en la voz de José Manrique:

Desnudo como un cuchillo
me trajo al mundo mi madre.
Y desnudo moriré
sin que lo remedie nadie.

Cuando las cosas no vienen bien siempre se recurre a las personas amadas, pero en primer lugar a las madres. Lo registra esta antigua copla que todos hemos escuchado alguna vez:

Madre mía de mi alma,
padre mío, qué vergüenza
que se enteren los gitanos
que tengo la fragüa en venta.

Madre a la que se recurre también cuando llega el mal de amores, como nos cuenta en esta copla de seguiriya Manuel Balmaseda:

Madre yo me muero,
grande es mi hería
tan sólo con pensá que ya no me quiere
la que me quería.

Para la imploración de ese amor perdido, también la copla nos ofrece su registro:

Madre de mi alma,
dígaselo usted,
que tan siquiera un momentito al día
que me venga a ver.

Y para desechar la venganza, como recoge el cancionero popular:

Madre mía de mi alma,
si no fuera por usted
a esa mujer la dejaba
clavaíta en la pared.

Los fandangos de "El Bizco Amate" a nadie dejaba indiferente. En este fandango, el cantaor se refiere a la inclusa o a la "Casa Cuna", que así se llamó en Sevilla:

La palabra de mamá
dice un niño cuando llora,
la dulce palabra de mamá,
y en cambio los de la cuna
lloran y no dicen na
porque mare no tienen ninguna.

La pérdida de la madre, que tantas veces ha ido apareciendo por estos renglones, vuelve con esta copla anotada en el libro "Alosno, palabra cantada":

La pena que sufro y callo
es porque faltó mi madre,
yo no la puedo olvidar,
que la nombro al levantarme
y cuando me voy a acostar.

Y mañana, si Dios quiere, más.

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