domingo, 8 de mayo de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (14)


El piropo a la mujer puede hacerse por medio de la madre, como se destila de esta copla cantada y grabada por Antonio Mairena:

Qué alegría no será
la mare que tiene rosas
sin tener ningún rosal.

Y también el engaño puede ser hermoso si es para lograr algún objetivo, como nos cuenta esta soleá compuesta por José el de la Tomasa y publicada en su libro "Alma de barco" (1990):

Qué bonita es la mentira
cunado engañas a tu madre
pa que no pase fatigas.

La muerte de un ser querido no hay nadie que lo sienta como una madre. Lo dice José Prada en una letra de su autoría publicada en el libro "De la tierra al aire" (1992):

Se murió mi padre
y yo guardo el luto,
mi madre la pena,
llantos y disgustos.

Ciertos nombres no son puestos, algunas veces, al gusto de las mujeres. Recoge esta letra Fernán Caballero en el libro "Cuentos y poesías populares andaluces" (1861):

Rosa me puso mi madre
para ser más desgraciada,
pues no hay rosa en este mundo
que no muera deshojada.

Muy mala tiene que ser una madre para merecer esta copla recogida por "Demófilo" en su libro "Cantes flamencos":

Si la madre de mi arma
viniera a buscarme,
yo le dijera: vaya usted con Dios,
que usted no es mi madre.

Cuando se nace con taras tan importantes como la que cuenta la copla que cantaba por soleá Antonio "El Arenero", es lógico que uno quisiera no haber nacido:

Sordo como una tapia
y ciego de nacimiento,
valía más que mi mare
me hubiera parío muerto.

La pena de la madre ante la viudedad y la miseria, se relata en esta copla por seguiriya de José Carlos de Luna, publicada en su libro "De cante grande y cante chico" (1942):

Tengo yo una pena
que me hace llorá,
la de ver a mis hijos sin padre,
con hambre y sin pan.

El calor de la madre en la hermosísima nana de José Luis Rodríguez Ojeda, tomada de su libro "Mis letras para el cante" (2008):

Todavía no tiene
mi niño penas,
por si acaso su madre
ya lo consuela.
Cuna de besos,
centinela que guarda
su primer sueño.

El hombre se rebela a veces contra los chismes que de él van contándole a su madre, tal como Manuel Garrido Palacios recoge en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Todo lo que a mí me pasa
se lo cuentan a mi madre
como si mi madre fuera
con un cuchillo a matarme.

La falta de cariño, tantas veces cantada, se recuerda en esta malagueña de Manuel Torre que grabó Antonio Mairena:

Yo se lo he peío a Dios
encontrar quien me quisiera
porque yo perdí a mi mare
que era una gitana buena
y ya no encuentro calor de nadie.

Difícil elección en las cuestiones amorosas elegir entre la persona amada o la madre. La primera de estas coplas la anota Álvarez Curiel, y la segunda es de Manuel Machado, de su libro "Cante hondo" (1912):

A mi madre en una sala
el respeto le perdí
sin razones ni palabras
sólo por quererte a ti.

A mi mare en la agonía,
le juré no verte más...
Si cumplo mi juramento
la vía me va a costar.

Y terminamos por hoy recogiendo una letra de Andrés Ruiz, de su libro "Coplas de la emigración", en la que el hombre se desespera ante la falta de trabajo:

Mare de mi alma,
ser pobre no es malo,
lo malo es tener paraos los brazos
sin onde emplearlos.

Hasta mañana, si Dios quiere.

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