miércoles, 4 de mayo de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (10)


Seguimos mostrando coplas relativas a la madre, recogidas de los cancioneros populares y de los de autor. Y continuamos como lo hicimos ayer: saltando por ellas para disfrutar de todos los temas en los que ella está como protagonista. Aquellas antiguas relaciones de novios eran difíciles por la presencia eterna de las madres, a las que había que buscarles las vueltas para "pelar la pava" tranquilos y sin sorpresas. La siguiente copla la recoge Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz" (1991):

Estando mi madre en misa
vino mi novio,
no durara la misa
hasta el otoño...

Hay madres que tienen que aguantar, tal como nos dice Antonio Mairena en esta soleá:

Mira qué borde es tu mare
que a ti te ha cortaíto el pelo
y a mí me ha echaíto a la calle.

Aunque hay novios constantes que no se dejan vencer a la primera, como nos refiere José Calles en su "Cancionero popular" (2000):

Ni tu padre ni tu madre,
ni San Antonio bendito
me pueden quitar a mí
que yo te quiera un poquito.

Y los hay también demasiado halagadores:

Niña, cuando tú te pones
en la puerta con tu madre,
tu madre parece el sol
y tú la Virgen del Carmen.

Aunque, en ocasiones, las anomalías de las relaciones de novios no están producidas por la intervención de las madres sino por los defectos de la persona amada. Así nos lo cuenta en esta copla Juan Manuel Villén en su "Novísimo cancionero" (1887):

No es mi madre quien me priva
que yo te siga queriendo,
es que estoy cansada ya
de un hombre tan falso y necio.

De todas formas, y tal como nos recomienda el cancionero, en esta ocasión del Alosno, lo mejor es no hablar mal de ninguna mujer:

No hables mal de una mujer
por muy mala que te salga,
que pudiera suceder
que tuviera la misma falta
aquella que te dio el ser.

Lo peor de estos roces en las relaciones de madre, hija y novio, es cuando la mano se alza por la pérdida de nervios. José María Pérez Orozco y Alberto Fernández Bañuls, recogen esta letra en "La poesía lírica en andaluz" (1983):

Peleaste con mi madre,
eso fue un pecao mortal,
le levantaste la mano,
tú pa mí ya estás de más.

Y también es malo perder todos los cariños familiares por culpa de una mujer. El autor de la copla es Daniel Pineda Novo, publicada en su libro "Cantes flamencos" (1991):

Por quererte, mujer mala,
dejé lo que más quería:
dejé ar padre que me hizo,
también a la madre mía
y hasta la tierra que piso.

Mujeres malas a las que se les echa la culpa de todo. Lo refleja esta soleá del cancionero popular:

Por ti yo me acuesto tarde,
por ti son toas las ducas
que tengo yo con mi mare.

Y esta seguiriya tradicional:

Qué desgracia es la mía
con quién vine a dar,
con una hija de tan mala madre
harta de rodar.

Por eso, casi siempre hay que atender a los consejos de las madres:

Qué grande era mi dolor,
mi madre a mí me decía
que ibas a ser mi perdición.

Aunque algunas veces, arreglados los problemas, el mismo hombre viene a enturbiarlo todo, como nos cuenta este fandango recogido por Camilo Gómez Cruz:

Quise mucho a una mujer
que mi madre no quería,
qué cosas tiene el querer,
mi madre la quiso un día
y entonces yo la olvidé.

Algunas veces, los amores hacen olvidar las promesas más profunda. Así nos lo dice este fandango grabado por Antonio Mairena:

Reza por mí tos los días,
dijo mi mare al morir,
un día se me olvió
y fue cuando te conocí,
pero Dios me perdonó.

Y es que siempre se ha dicho aquello de que "Dos tetas pueden más que dos carretas". Antonio Machado Álvarez "Demófilo", anota esta soleá sobre el tema:

¿Sabes a lo que me atermino?
A ejá a mi pare y mi mare
y a guiyármelas contigo.

También se pueden atender a los dos amores a la vez: al de la madre y al de la novia. En "Alosno, palabra cantada" (1992) anota este fandango Manuel Garrido Palacios:

Si me toca ir en barco,
me pararé en cada puerto
para comprarle dos rosas
a dos mujeres que tengo,
que son mi madre y mi novia.

Y sentenciosa esta amenaza del amado a la amada, soleá escrita por José el de la Tomasa y publicada en su libro "Alma de barco":

Te tengo que ver llorá
como lloran los chiquillos
cuando su mare no está.

Y una pausa hoy para preparar la página de mañana, con la que nos reencontraremos en esta torre cobalto.

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