domingo, 1 de mayo de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (7)


Continua la copla por los derroteros de la tragedia ante la enfermedad o muerte de la madre, bien a través del cancionero popular o del de autor. El recuerdo eterno se expresa así, en métrica de soleá, en la copla escrita y cantada por José el de la Tomasa, publicada en su libro, ya citado, "Alma de barco" (1990): 

Madre. qué solito estoy,
sólo me quea tu recuerdo
por donde quiera que voy.

Muy similar en su intención a la del mismo autor y publicada en el mismo libro:

Madre, qué solo me veo,
me parece hasta mentira
reflejarme en el espejo.

Imborrable siempre el recuerdo de la madre en la lírica popular:

Madrecita mía,
en un lao de mi corazón
te tengo metía.

Y la eterna ausencia en la copla famosa que siempre hemos escuchado en las voces de muchos cantaores:

Mare mía de mi alma
dime dónde estás metía
que yo te llamaba a voces
y tú no me respondías.

Y el reflejo del cariño materno, adobado con la protección tras de su muerte, también la refleja el cancionero popular en esta seguiriya:

Me dijo mi madre
antes de morir:
ahí te quea tu hermana la grande
que mire por ti.

Con una leve variación cambiando la responsabilidad de esa misma protección:

Me dijo mi mare,
los brazos al cuello:
ahí te quedan esos chorelillos,
que mires por ellos.

Protección que llega hasta la desesperación si algunos de los que están a su cargo muere, tal como nos anuncia esta seguiriya de Manuel Balmaseda, publicada en 1881:

Mi hermanito malo,
yo mucho lo quiero,
si a morirse llega, madrecita mía,
yo también me muero.

¿Cabe mayor desgracia que en esta copla del cancionero popular, en la que la muerte se da la mano con el afán diario de los demás? ¿Se referirá la copla a Diego Beigveder Morilla "El Perote", cantaor nacido en Álora?

Mi madre enterrá de hoy,
mi mujer agonizando,
y en el café de Ciriña
está el Perote cantando.

Y acompañando el dolor intenso de la pérdida, la esperanza en un futuro más feliz, tal como registra Camilo Gómez Cruz en "La poesía al fandango" (1992) :

Mi madre se me murió,
lo había dispuesto el destino,
yo vivo pasando tormento,
no hay quien pase este camino,
ya volverán otros momentos.

Lo decíamos al principio de estas notas: el amor materno es bastante más superior que el del padre. La lírica popular del Alosno sigue ofreciéndonos ejemplos como este:

No hay pena más insufrible
que la muerte de una madre,
olvidarla es imposible,
nadie es huérfano de padre
mientras su madre le vive.

El poeta José Luis Rodríguez Ojeda tiene su propia versión de aquella seguiriya que recordábamos en coplas anteriores. Está publicada en su libro "Mis letras para el cante" (2008) :

Noche de Triana,
la más señalá;
murió mi mare, día de Santana,
en el hospitá.

Otra de las seguiriyas, ésta secular, atribuída al Loco Mateo, nos recoge la lírica popular hablando de la ausencia de la madre:

Oleaítas de la mar
qué fuertes venéis,
se han llevaíto a la madre de mi alma
y no me la traéis.

Y esta impresionante antigua soleá que nos habla de la generosidad del hijo por ver a su madre:

Por ver a mi madre diera
un deillo de la mano,
el que más falta me hiciera.

Y el mismo mensaje repetido del recuerdo eterno en esta seguiriya que recoge el cancionero popular:

Qué dolor de mi madre,
me la quitó Dios,
mientras yo viva, madre, en este mundo
tendré ese dolor.

De nuevo, la memoria imborrable también en el cancionero tradicional:

Qué ducas tan grandes,
ca vez que me acuerdo
de los ojitos de la bata mía
loquito me vuelvo.

Y el sueño hermoso y la desolación del despertar en la hermosa copla por soleá de Rodríguez Ojeda:

Qué dulce sueño el soñar
con que mi mare vivía,
y que amargo el despertá.

En esta otra ocasión, el desprendimiento del hijo para que la madre sanara:

Se lo pedí llorando
a la Virgen del Carmen,
que me quitara a mí la salud,
se la dé a mi madre.

Pues mañana seguiremos recordando estas coplas, del cancionero popular o de autor, que tienen a la figura de la madre como auténtica protagonista.

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