jueves, 6 de enero de 2011

HOJAS DE MI ALMA-NAQUE: ¿QUÉ ME DIRÍA AQUEL REY EL 6 DE ENERO?


Cuando uno se encuentra fotografías como esta, la memoria te lleva en un segundo a aquellos tiempos que vas recordando como en una nebulosa. Me acuerdo perfectamente del instante. También del año: 1955. La foto sepiada me recuerda aquella pelota de goma y unos lápices y cuadernos, pero no me hace recordar las palabras que me decía aquel rey postizo que yo creía de verdad. ¿Qué me diría? ¿Qué consejos me estaría dando? ¿El que fuese bueno y obediente? ¿El que rezase a Dios y a María?... No me dijo que tres meses después ese Dios me robaría a mi única hermana la noche del Jueves Santo y que me quedaría sin el mejor juguete de mis años infantiles, y que a partir de ese momento cruel ese niño perdería lo mejor de su inocencia. No me dijo que aquella vida de niño pobre se quedaría casi inconclusa, casi sin hacer, perdida la esperanza y la creencia en la bondad del Todopoderoso. No sé qué me decía en aquel momento, pero estoy seguro que no me advirtió de que el hombre era un lobo para el hombre y que debía preparar mi alma a sus grandes dentelladas, que el mundo era hostil y canalla y maldito hasta que uno llega a habitar el otro mundo del silencio. Seguro estoy que no me habló de orfandades que vendrían, ni de injusticias que se cebarían en mis carnes como los buitres con la carroña. No, no me habló de que alguna vez sentiría la mano de la traición, el mazazo de los arribistas, el olvido de los muchos amigos a los que tanto ayudé...

Aquel rey de mentira que yo creía de verdad, sólo me entregó una pelota de goma. ¿Para jugar con quién? No me dijo la palabra ¡cuidado!, no me hizo el gran regalo de creer en la desconfianza, no me señaló la maldad que iría avecinándose en mi cuerpo al paso de los años. Cumplió el trámite del momento y me hizo dibujar una sonrisa que se iría desvaneciendo poco a poco con los primeros hachazos de la vida, con la tala imprevista de las primeras ilusiones, como cuando la vida me descubrió que aquel mismo rey de mentira, que yo creía de verdad, era tan sólo un amigo de mi padre.

2 comentarios:

  1. Magnífico texto, Emilio; comienza como un cuento de Navidad y acaba con la realidad de la vida. Y la foto... qué hermosa por lo que representa: la inocencia. Recuerdo al "Rey" que colocaban en la puerta de la espartería de la calle Callao convertida en juguetería los días de Pascua. Fue el primero que vi...

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  2. Me hubiese quedado en esa edad, a pesar de la pobreza que reinaba en todas las casas. Bueno, la misma que ha vuelto en nombre de la globalización y otras zarandajas.

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