
Parece que le va bien
el cargo, señora mía,
cada día está más guapa
y es más clara su alegría.
Sale en las fotografías
del CÓRDOBA o ABC,
sencilla, sin ñonería,
con la bendita armonía
de un no sé qué lo que es
que le da cierta hidalguía.
Yo creo que ser alcaldesa
de esta ciudad cordobesa
tiene que ser un puntazo,
es sentir como el abrazo
de todos los ciudadanos
cuando le besan la mano
y le muestran gratitud
por esa alegre actitud
de conocer sus problemas
de cerca, que ese es el tema.
Bien aprendió la lección
de divina ubicuidad:
que hay que estar en todos sitios
a la hora de la verdad.
Y usted, mi entrañable Rosa,
para luto o enhorabuena,
para la alegría o la pena,
en todo lugar se encuentra,
con humor o con valor
y nadie su entrega frena.
Usted tiene el corazón
por tanto afán muy partío,
como el de Alejandro Sanz…
pero más comprometío.
Lo dijo en televisión:
una cosa es el partido
y otra cosa el corazón.
Así que siga en sus treces,
que se noten sus latidos
junto al de los cordobeses.
La veo en mil lados, y es bueno,
porque esconderse es lo malo,
si le dan un varapalo
jamás lleva en él veneno.
Me gusta su desenfreno,
me encanta su complacencia,
su voz, cuando suena a trueno
y cuando suena a impotencia.
Me gusta su voz valiente
y, la otra, doblemente.
Me encanta lo que detesta
y me encanta lo que apuesta
por el bien de la ciudad,
que encima del bien y el mal
tiene que estar la alcaldesa
que al ciudadano profesa
sentido de la equidad.
No se deje espolear
por los de la bayoneta,
siga inquieta, siempre inquieta.
Cualquiera que esto me oiga
dirá que soy de la I y U.
Yo les digo: ¡Tururú!
Pues, entonces, del PP.
Yo les digo: ¡Lerelé!
-Entonces será del PSOE.
Les digo malhumorado:
¡No te jóe, no te jóe,
con lo honrado que yo he sido
y sigo siendo de honrado!
De un partido encantador
soy yo, mi querida Rosa,
de un partido que es honor,
es vergüenza, es otra cosa.
Me afilió en él mi buen padre
-que descanse en Dios y en paz-:
-¡Niño, cuando seas mayor
y ya te devore el mundo
el partido más profundo
es el de la voluntad.
Cuando se hacen las cosas
con humildad y placer
siempre sale todo bien,
nunca espinas, siempre rosas.
Y no hay cosa más hermosa
que hacer con galantería
aquello que muchos hacen
de cara a la galería.
Al final, son mamarachos
sin la gracia de un payaso.
Por eso, señora mía,
permítame un buen consejo,
más que por sabio, por viejo…
¡Siga con esa alegría!
Porque en esta vil jauría
que a todos nos atropella
falta está haciendo una estrella
que nos sirva como guía.
En su estrella de alcaldesa,
Córdoba entera confía.
La veo de aquí para allá,
la veo de allá para aquí,
y es muy digno de aplaudir
-lo hago públicamente-
a quien no puede dormir:
siempre pensando en su gente.
En la mínima ocasión
que hay una contingencia,
siempre he visto su presencia
estando al pie del cañón.
Quizás por hacerlo bien
está más guapa a diario,
y eso es extraordinario.
Ramírez lo dice. Amén.
Sería de apetecer
que siguiera en sintonía
con la ciudad cada día
porque la hace embellecer
las horas de cada etapa,
y es bueno que a una mujer,
que trabaja con placer,
le digan requeteguapa.
el cargo, señora mía,
cada día está más guapa
y es más clara su alegría.
Sale en las fotografías
del CÓRDOBA o ABC,
sencilla, sin ñonería,
con la bendita armonía
de un no sé qué lo que es
que le da cierta hidalguía.
Yo creo que ser alcaldesa
de esta ciudad cordobesa
tiene que ser un puntazo,
es sentir como el abrazo
de todos los ciudadanos
cuando le besan la mano
y le muestran gratitud
por esa alegre actitud
de conocer sus problemas
de cerca, que ese es el tema.
Bien aprendió la lección
de divina ubicuidad:
que hay que estar en todos sitios
a la hora de la verdad.
Y usted, mi entrañable Rosa,
para luto o enhorabuena,
para la alegría o la pena,
en todo lugar se encuentra,
con humor o con valor
y nadie su entrega frena.
Usted tiene el corazón
por tanto afán muy partío,
como el de Alejandro Sanz…
pero más comprometío.
Lo dijo en televisión:
una cosa es el partido
y otra cosa el corazón.
Así que siga en sus treces,
que se noten sus latidos
junto al de los cordobeses.
La veo en mil lados, y es bueno,
porque esconderse es lo malo,
si le dan un varapalo
jamás lleva en él veneno.
Me gusta su desenfreno,
me encanta su complacencia,
su voz, cuando suena a trueno
y cuando suena a impotencia.
Me gusta su voz valiente
y, la otra, doblemente.
Me encanta lo que detesta
y me encanta lo que apuesta
por el bien de la ciudad,
que encima del bien y el mal
tiene que estar la alcaldesa
que al ciudadano profesa
sentido de la equidad.
No se deje espolear
por los de la bayoneta,
siga inquieta, siempre inquieta.
Cualquiera que esto me oiga
dirá que soy de la I y U.
Yo les digo: ¡Tururú!
Pues, entonces, del PP.
Yo les digo: ¡Lerelé!
-Entonces será del PSOE.
Les digo malhumorado:
¡No te jóe, no te jóe,
con lo honrado que yo he sido
y sigo siendo de honrado!
De un partido encantador
soy yo, mi querida Rosa,
de un partido que es honor,
es vergüenza, es otra cosa.
Me afilió en él mi buen padre
-que descanse en Dios y en paz-:
-¡Niño, cuando seas mayor
y ya te devore el mundo
el partido más profundo
es el de la voluntad.
Cuando se hacen las cosas
con humildad y placer
siempre sale todo bien,
nunca espinas, siempre rosas.
Y no hay cosa más hermosa
que hacer con galantería
aquello que muchos hacen
de cara a la galería.
Al final, son mamarachos
sin la gracia de un payaso.
Por eso, señora mía,
permítame un buen consejo,
más que por sabio, por viejo…
¡Siga con esa alegría!
Porque en esta vil jauría
que a todos nos atropella
falta está haciendo una estrella
que nos sirva como guía.
En su estrella de alcaldesa,
Córdoba entera confía.
La veo de aquí para allá,
la veo de allá para aquí,
y es muy digno de aplaudir
-lo hago públicamente-
a quien no puede dormir:
siempre pensando en su gente.
En la mínima ocasión
que hay una contingencia,
siempre he visto su presencia
estando al pie del cañón.
Quizás por hacerlo bien
está más guapa a diario,
y eso es extraordinario.
Ramírez lo dice. Amén.
Sería de apetecer
que siguiera en sintonía
con la ciudad cada día
porque la hace embellecer
las horas de cada etapa,
y es bueno que a una mujer,
que trabaja con placer,
le digan requeteguapa.
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